Por: Estela Garrido
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En Bulgaria, donde el descontento de la población va en aumento ante una pobreza creciente y una política de austeridad ahogante, la inmolación se ha convertido en una arma de protesta.
Seis hombres en las últimas seis semanas se han prendido fuego en Bulgaria en un gesto desesperado de protesta social. Cuatro de ellos fallecieron. La policía salvó a un manifestante de 73 años, hace una semana.
La desesperación, el descontento, el hambre y la pobreza han derivado que la población salga a las calles a protestar. Primero por el alza en los precios de la luz y luego para exigir soluciones.
Las protestas tuvieron éxito y tiraron al gobierno del populista de derechas Boiko Borisov. Ahora un gobierno técnico provisional intenta mantener el orden a través de ánimos caldeados y la desesperación.
Las elecciones se anticiparon al 12 de mayo, por lo que el gobierno tiene que enfrentar además de la conmoción en la sociedad búlgara por la muerte de los cuatro inmolados, el creciente número de suicidios. Incluso este lunes primero de abril, Sanidad puso en marcha una campaña para tratar de prevenirlos.


