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¿Qué tiene que ver Margaret Thatcher con que el presente mexicano sea el futuro del mundo?

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Por: Ivonne Acuña Murillo*

La muerte de Margaret Thatcher, primera ministra de Gran Bretaña de 1979 a 1990, el pasado lunes 8 de abril, ha suscitado una serie de reflexiones en torno a su papel en los cambios económicos mundiales que tuvieron lugar en la década de los ochenta. Es conocido que ella y Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos de 1981 a 1989,  impusieron al mundo un nuevo modelo económico, el llamado “neoliberalismo”. Su aplicación desplazó una versión anterior del capitalismo, la del Estado benefactor, caracterizada por minimizar, que no solucionar, los efectos negativos del mercado al proporcionar a la población una serie de servicios gratuitos o a bajo costo como salud, educación, vivienda, etc., al subsidiar los precios de los granos, los alimentos, los combustibles, etc., de manera que la gente que no podía pagar por esos bienes y servicios tuviera acceso a ellos sin tener que competir de manera desventajosa.

El abandono de esta versión capitalista de Estado provocó la minimización del mismo, la privatización de todas las empresas administradas por éste, una disminución importante del gasto social, la desaparición de los subsidios y de todas las políticas que implicaran la protección estatal a los grupos menos favorecidos, etc. El resultado ha sido lo que muchos han calificado como “capitalismo salvaje”, cuyas consecuencias más visibles son el aumento de la pobreza global -incluso en Gran Bretaña y Estados Unidos-, un enorme desempleo, el desmantelamiento de grandes medidas de seguridad social, el dejar a su suerte a millones de personas en el mundo sin protegerlos de la desigual competencia que supone la apropiación de los recursos, sean del tipo que sean. En este sentido, a decir del partido conservador británico “La primera ministra no fue una gran líder. Ella fue la política británica más destructiva socialmente de nuestros tiempos”, declaración recogida por uno de los principales diarios británicos, The Guardian.

Pero ¿qué tiene que ver la Thatcher con el presente mexicano y su potencial para convertirse en el futuro del mundo?

Analistas en seguridad pública han afirmado que lo que se vive hoy en México en términos de violencia, narcotráfico y delincuencia organizada es parte de un proceso que tiende a globalizarse. El país se convierte así no sólo en una advertencia para otras naciones sino en un laboratorio en el cual deberán ensayarse medidas para detener, en lo posible, dicho proceso. Pero de nuevo ¿en qué se relacionan los cambios económicos promovidos  por los gobiernos de Gran Bretaña y Estados Unidos con lo que pasa hoy en México?

La respuesta no es simple, unifactorial ni unilineal, pero se puede afirmar que lo que comenzó en dos naciones desarrolladas en el ámbito de la economía se ha replicado en todo el mundo y ha trascendido a la mayoría de las esferas de la vida humana, en especial al ámbito de los valores. Colocar la búsqueda de ganancias en el centro de la vida social y visualizar al dinero como el culmen del éxito personal, conlleva una presión constante sobre otros esquemas de valores en los que la vida, la solidaridad y el bienestar colectivo se encuentran en el centro de la preocupación social, para imponer los intereses comerciales y la ambición de unos cuantos cientos de miles de personas en el mundo, en complicidad con autoridades gubernamentales de todos los niveles al interior de cada país.

Pero de nuevo ¿qué tiene que ver la Thatcher con todo esto? Se puede argumentar que la introducción del esquema neoliberal ha provocado una serie de problemas relacionados con lo que en sociología se denomina “desintegración social” y que se caracteriza por el rompimiento o desaparición de los compromisos que unen a diversos grupos sociales y que los hacen caminar en la misma dirección poniendo por delante el bienestar colectivo. En lugar de esto, lo que se observa es la búsqueda de riquezas y poder a cualquier costo. Es en este contexto que el aumento creciente y la transnacionalización de delitos altamente redituables como la venta de drogas, armas y la trata de personas -éstas últimas destinadas a la explotación laboral, sexual o al tráfico de órganos- ocurren.

En este marco, México se ha convertido en el lugar idóneo para el desarrollo de mafias que ponen en riesgo no sólo la gobernabilidad sino los modos de vida construidos durante siglos, y donde la lucha descarnada por la obtención de la mayor ganancia posible involucra a amplios sectores de la población, en especial a los menos favorecidos que ante  el desempleo, la pobreza y la falta de oportunidades se convierten en las víctimas idóneas en delitos como el narcotráfico y la trata de personas. En ambos casos, México se ha convertido en país de origen, tránsito y destino. Sólo por poner un ejemplo, en lo que respecta a la trata, el tercer delito más redituable del globo con ganancias anuales de más de 9,500 millones de dólares -el primero es el narco con ganancias que van de 400 a 500 mil millones de dólares anuales-, la agrupación “Católicas por el derecho a decidir” denunció que desde enero de 2011 han desparecido casi 4000 mujeres: 955 de esos casos ocurrieron en el Estado de México, mil 200 en Chihuahua y el resto en 13 estados del país, como Tamaulipas, Sinaloa, Coahuila y Jalisco. Destaca que el 51 por ciento de las mujeres, tienen entre 11 y 20 años de edad. Cabe agregar que México ocupa el quinto lugar mundial en trata de personas.

Si se analiza la situación de países con problemas similares a los de México en cuanto a desempleo, pobreza y falta de oportunidades, no es difícil pensar que lo que pasa aquí pronto podría comenzar a pasar en esas otras naciones ante la mirada impávida de un Estado mínimo, que de tan mínimo no puede menos que voltear hacia otro lado. Por lo anterior habrá que recordar a Thatcher y a Reagan como los artífices del modelo económico que ha puesto al planeta en el límite, siendo México sólo un ejemplo de lo que puede convertirse en el futuro del mundo.

 

*En REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO creemos en la construcción comunitaria de los medios. Por ello, fomentamos la participación de nuestros lectores para que, juntos, generemos y difundamos la información de manera equitativa y plural. Este texto forma parte de ese esfuerzo.

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