Por: Carlos Bauer
Twitter: @CarlosBauer3_0
Miles de personas se manifestaron frente al Congreso de Estados Unidos para exigir a los representantes que lleguen a un acuerdo que permita aprobar la ley migratoria que está discutiendo el grupo de los ocho, conformado por cuatro senadores demócratas y cuatro republicanos, quienes trabajan en una propuesta que genere consenso entre las distintas posturas. El principal reclamo de los inmigrantes provenientes de todo el país y sus simpatizantes es que se regularice la condición migratoria de los 11 millones de indocumentados que, se calcula, habitan en Estados Unidos.
Los sectores que tradicionalmente se opusieron a cualquier forma de reforma migratoria ponen como requisito previo a cualquier concesión el aseguramiento completo de las fronteras para frenar la entrada de migrantes ilegales. Estos grupos, que pertenecen mayoritariamente al Partido Republicano, tuvieron que cambiar su postura ante el creciente poder del voto latino, por lo que ahora buscan congraciarse con estos votantes sumándose a la elaboración de esta iniciativa.
Aunque las organizaciones de migrantes presionan por la aprobación del actual proyecto de reforma –pues el tema se ha propuesto en reiteradas ocasiones durante los últimos diez años y siempre fracasó por cálculos políticos sobre la reacción de los grupos conservadores–, también son conscientes de que tras aprobarse ésta les quedaría por delante un largo camino en la lucha por el reconocimiento de sus derechos y la obtención de su objetivo más caro: la plena nacionalidad.
Entre ese sueño y un migrante se abriría un compás de al menos 13 años: 10 para obtener la residencia permanente y 3 más en proceso de naturalización. Antes de poder este trámite tendrían que pagar multas por el tiempo que hayan vivido en Estados Unidos en violación de las leyes migratorias, cubrir el costo del proceso, pagar impuestos retroactivos, demostrar dominio del inglés y ausencia de antecedentes penales.






