Grupo delictivo amenazó a niño de 12 años; de no trabajar para ellos a su madre le arrancarían la piel estando viva; en Mexico narco recluta forzadamente a menores, muchos desaparecen

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(18 de noviembre, 2017. Revolución TRESPUNTOCERO).- Elsa de 27 años llegó hace un par de semanas a la Ciudad de México. Con ella venía su hijo menor de 12 años. Antes, hace poco, vivía en el norte, “ahí cerca de la tierra de los gringos”, dice.

A Elsa un narco la violó a los 15 años “y pues así nació él”. “Lo aprendí a querer y eso es mejor que odiarlo, porque no podría quererlo de siempre, fui violada. Ahora lo protejo y por eso llegamos hasta aquí. Nunca pensé que conocería la capital del país, aquí donde están los grandes edificios, donde vive Peña Nieto y el ‘otro’, el de ojos rasgados, ese que bien que sabe que debe proteger a los ciudadanos y entonces ¿por qué salimos huyendo?”, se cuestiona Elsa, al ser entrevistada por Revolución TRESPUNTOCERO.

Hace un año, en aquella ciudad norteña, su hijo salía de la escuela por la tarde-noche, cuando un grupo de hombres en una camioneta, narra, lo interceptaron y le ofrecieron que trabajara para ellos. “Ocho mil mensuales para empezar, luego podrían ser hasta 15 o 20 según como fuera respondiendo. Ese día le dieron 500 pesos, no más para que supiera lo que era el dinero fácil. No me dijo nada”, afirma Elsa.

Pero lo descubrió porque lo delataron las cosas que compró. “Yo a duras penas le doy 20 pesos para los pasajes, porque no hay para más y de pronto tenía varias cosas no finas pero que definitivamente eran muchas. Tuve miedo que robara, pero decidí no apresurarme.

Un día llegó después de las nueve de la noche, le pegué una gritada de aquellas, porque no me nace pegarle a mi cuando me violaron lo hicieron y no quiero repetir la misma brutalidad. Pero sí le grité y mucho. No me dijo nada. Pasaron dos semanas de eso y a mi hijo se le comenzó a cortar el hambre.

Tenía pesadillas y pensé que lo estaban maltratando, algún maestro o alumno. Una media noche, ya casi madrugada golpearon la puerta de mi casa, teníamos mucho miedo, no sabíamos qué estaba pasando. Rompieron ventanas pero no entraron, tal vez fue una advertencia, yo tuve miedo porque no podía denunciar ahí policía y narco son casi lo mismo”.

Pasaron aproximadamente tres semanas, cuando el niño iba acompañado de Elsa a la escuela, lo cual hacía desde aquel momento, fueron nuevamente introducidos en su domicilio por dos hombres con armas. “Me apuntaron contra el pecho y me pidieron quitarme la falda, estaba pasando de nuevo eso de hacía años, me iban a violar.

No dije ‘no lo hagan’, nunca sirve es mejor hacer lo que piden para al menos evitar más golpes de los que sí te darán. A él le dejaron dos costillas rotas y la cara deshecha. Es imposible creer que mi hijo vive, le dijeron que le advertían que el dinero fácil se cobraba y se fueron”.

A Elsa su hijo le dijo como aquel grupo delictivo lo estuvo siguiendo y dando dinero, le mostró el dinero y le juró que solamente había gastado el primer billete de 500, que los demás los tenía guardados, se los mostró y le dijo que aunque quiso devolverlos no lo dejaron, y le advirtieron que de no trabajar para ellos, su madre terminaría colgada en la carretera o le arrancarían la piel estando viva.

“Les dijo que les iba a devolver el dinero que no lo quería, pero que no hicieran nada. Pero esos no querían dinero, querían a mi hijo. Otros niños de su escuela sí habían aceptado, tenían un radio y un celular, sabían qué hacer y poco a poco si les iba bien hasta les darían un arma, eso les decían para que cayeran, pero nunca les decían que si algo salía mal serían carne de cañón o ellos mismos los matarían a sangre fría.

Dice mi hijo que a él uno de los muchachos de la escuela le dijo que en su salón 3 trabajaban para el narco, que muchos se salían cuando iban ‘subiendo de nivel’, dependían de lo que al narco le conviniera porque en otros casos le hacían al narcomenudeo, pero eso a mí no me consta”, señala Elsa.

Ella y su hijo están de paso en la capital del país. Van rumbo al sur, su madre vive en la otra frontera, le dijo que “huyera para allá, que allá hay narco pero más escondido, allá no hay balaceras mientras no te metas con ellos. Nosotros nada más queremos que él termine la escuela, que nadie lo amenace. Dice mi mamá que allá los que hacen eso son los Maras por eso debe ser muy vigilado, en todos lados hay peligro pero creo yo que haya te dan más chance de vivir”, reflexiona la muchacha.

En México, cárteles de droga y otros grupos criminales reclutan forzadamente a niños y jóvenes indígenas, “muchos” de los cuales desaparecen, denunció este viernes la relatora especial de las Naciones Unidas.

Tras una gira de 10 días por México, la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, Victoria Tauli-Corpuz, se declaró “particularmente preocupada por la situación de los indígenas menores de edad”.

“En zonas afectadas por el crimen organizado y la producción y tráfico de drogas, la única elección que les queda a los jóvenes es unirse a estos grupos o ser torturados, desaparecidos o asesinados”, alertó.

“Recibí quejas vinculadas al reclutamiento obligatorio de esos sectores”, dijo la filipina al presentar en conferencia de prensa un informe preliminar que, una vez concluido, llevará al Consejo de Derechos Humanos de la ONU en 2018.

Tauli-Corpuz visitó los estados de Chihuahua (norte), Guerrero y Chiapas (sureste) para reunirse con representantes de 23 etnias de 18 regiones del país latinoamericano. En Tlapa, Guerrero, se reunió con mujeres indígenas quienes denunciaron que “sus hijos están siendo reclutados por el crimen organizado, y esto ha llevado a que muchos niños desaparezcan”.

También señaló que existe desplazamiento forzado que es otra de sus más serias preocupaciones, provocadas también por la presencia del “crimen organizado, caciques y otros grupos armados” y en algunos casos por “conflictos relacionados con la tierra, y como resultado de impactos directos e indirectos de megaproyectos”, dijo.

Cabe señalar que en México, 7,3 millones de personas son indígenas, 6,5% del total de la población, según una encuesta oficial de 2015. El 61,9% de los indígenas, destacó la Relatora Especial, viven en situación de pobreza o pobreza extrema.

Durante una conferencia de prensa, tras concluir su visita a México, la funcionaria advirtió que “persisten retos importantes en temas como tierras y territorios; autonomía, libre determinación y participación política; auto-adscripción de los pueblos indígenas y acceso a la justicia”.

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