Como si él hubiera provocado los hechos, Coca-Cola le advierte a sobreviviente de masacre en Nochixtlán que no podía repetirse un caso así, luego lo despide

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(29 de noviembre, 2017. Revolución TRESPUNTOCERO).- “Si no me da permiso de ir al aniversario luctuoso de mi hermano no voy, pero no me quite el trabajo porque lo necesito”, pedía el joven a trabajadores de Coca Cola, la compañía refresquera más importante a nivel planetario, cuyos ingresos anuales son por más de 40 mil millones de dólares.  

El año pasado, Eloy Cruz Aquino perdió a su hermano Anselmo, a quien un policía le disparó. El joven de 25 años presenció como una bala penetró en la boca de Anselmo y al causarle severos daños al organismo, murió mientras se ahogaba con la sangre que provocaron las heridas.

Eloy también pudo haber muerto, pero un movimiento de cabeza logró que solamente recibiera un roce de bala en la frente. Los hechos fueron parte de la masacre más reciente del sexenio de Enrique Peña Nieto: la de Asunción Nochixtlán, Oaxaca; cuando centenares de policías y Gendarmería irrumpieron en la carretera que lleva a la población para supuestamente suspender el bloqueo de maestros de la Sección 22, pero que en realidad se trató de un cruento ataque que varias horas, dejando como saldo cientos de heridos y ocho muertos.

Los hermanos Cruz Aquino tenían planeado para ese domingo ir a casa de sus padres a celebrar el día del padre, sin embargo la tragedia también los alcanzó. Y para Eloy continuó hasta este año y posiblemente el próximo. Las consecuencias involucran discriminación por parte de Coca-Cola, una de las transnacionales que ha sido denunciada por violación a los Derechos Humanos.

Eloy estaba trabajando para Coca-cola en Tlaxiaco, Oaxaca, en el área de almacén, con tres turnos distintos, una semana en la mañana, otras en la tarde-noche y algunas más por las madrugadas. Nunca tuvo queja por parte de sus jefes y tampoco algún tipo de llamada de atención. Los problemas comenzaron después de la masacre. 

La herida que sufrió fue atendida por el seguro social, que le correspondía por trabajar en Coca-Cola, pero a su regreso como si hubiera sido él y su familia quienes hubieran provocado los hechos, le advirtieron que no podía volverse a repetir un caso así ni verse involucrado en un hecho de esa manera, “la empresa no quería verse involucrada”. También le dijeron que no podía volver a faltar. 

“Como yo necesito el trabajo, me esforcé mucho para no faltar todo este tiempo. Pero días antes del 19 de junio, que era el primer aniversario luctuoso de mi hermano Anselmo, falté porque me enfermé, solamente fue un día. 

Al día siguiente me presenté y la licenciada de Recursos Humanos me estaba esperando en la puerta y me dijo que ya no podía seguir trabajando con la Coca Cola, le dije que falté por enfermedad que por eso le llamé y le avisé y que incluso ella había aceptado. Pero me dijo que era mejor que firmara mi renuncia porque sabían que yo volvería a faltar para ir al aniversario de mi hermano. Le dije que les iba a pedir permiso pero que si no me lo daban estaba bien y no iba a ir. Yo necesitaba el trabajo para comer, pagar renta, vivir y no haría nada para quedarles mal. 

Pero ella insistió que no, que la empresa no quería tener problemas y que por eso era mejor que firmara la renuncia y devolviera los uniformes. Yo le dije que no iba a faltar, le insistí, ella misma aceptó que no tenían queja mía que hacía bien mi trabajo, pero que era por eso que ya no querían que trabajara ahí. Me di cuenta que aunque faltaban algunos días para el 19 de junio, el documento ya venía con esa fecha. Le pregunté a ella que por qué hacían eso si yo no iba a faltar, por qué se adelantaban, pero ella seguía diciendo que no querían tener problemas y que sí faltaría y por eso debía firmar mi renuncia”, narró el joven a Revolución TRESPUNTOCERO.

El joven se negó y bajo la explicación que regresaría a su casa por los uniformes, salió de la empresa y decidió no regresar. El hecho fue ventilado públicamente, lo que provocó que llegara incluso hasta la sede de la empresa en la Ciudad de México y hubieran reacciones. Ya que horas después los jefes inmediatos del joven le hicieron una visita. 

Investigaron donde se encontraba y personalmente le pidieron que volviera al trabajo. Incluso le dijeron que se tomara el día del aniversario luctuoso de su hermano Anselmo, que lo pasara con su familia y  siguiente día se presentara de manera normal a laborar. 

Sin embargo, compañeros le advirtieron que se había planeado “mantenerlo trabajando una semana y después buscarían otro motivo para despedirlo”, de esa manera “se librarían de la acusación de despido por el caso Nochixtlán”, ante dichas advertencias, Eloy prefirió no comprobar si era verdad o no y no se presentó y tampoco lo volvieron a buscar. 

Pero sí dio inicio a un procedimiento jurídico que hasta la fecha no se define, ya que se mantienen reuniones de conciliación en donde el abogado de Coca Cola bajo el argumento que “consultará con la empresa” las propuestas que tienen que ver con indemnización, han pospuesto hasta febrero de 2018 un próxima audiencia. 

El joven mantiene la incertidumbre y continúa lamentando que un hecho en el que una población fue víctima del Estado, se convierta en un impedimento para poder trabajar dignamente y tenga que llegar a instancias jurídicas para exigir lo que por derecho le corresponde, ante las humillaciones del personal de la transnacional y la manera en que lo obligaban a firmar una renuncia.  

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