Por: Zazil Carreras
Twitter: @ZazCarreras3_0
México, 2 de julio de 2006. Tras haber concluido el cierre oficial de las casillas y entregado los paquetes que contenían las boletas con las actas correspondientes en los diferentes distritos electorales para su conteo, la ciudadanía estaba en vilo. Los ciudadanos esperaban el pronunciamiento de un resultado largamente anunciado por las encuestas: la victoria de Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial con mayor preferencia electoral para dichas elecciones.
Luis Carlos Ugalde, consejero presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), emitió esa misma noche un mensaje en cadena nacional, en el cual anunció que el margen de diferencia entre el primero y el segundo lugar era muy estrecho y, por lo tanto, no era posible anunciar un candidato ganador, pidiendo que esperaran a que concluyera el cómputo en cada uno de los distritos. Así iniciaría el fraude electoral.
El 3 de julio, un día después de la jornada electoral, la ciudadanía reunida a las afueras de la casa de campaña de López Obrador comenzó a corear “Voto por voto, casilla por casilla”, que desde ese momento se convirtió en la exigencia del candidato de izquierda, la cual fue duramente criticada por Felipe Calderón, así como por los dirigentes y militantes de los partidos de derecha mexicanos.
Los resultados oficiales indicaron que Felipe Calderón obtuvo el 35.89 por ciento de los votos totales, mientras que Andrés Manuel López Obrador obtuvo el 35.33 por ciento.
El 5 de septiembre de 2006 los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) resolvieron que las elecciones presidenciales del 2 de julio de 2006 eran válidas, por lo que declararon a Felipe de Jesús Calderón Hinojosa como presidente electo de México, a pesar de los centenares de pruebas que se presentaron para comprobar el fraude electoral.
El día de hoy, Venezuela enfrenta una encrucijada similar a la que vivió México en aquel 2006 con una gran diferencia: quien resultó vencedor en las elecciones fue Nicolás Maduro y no Henrique Capriles, candidato de la oposición venezolana (derecha), quien ahora denuncia la comisión de un fraude electoral en su contra.
Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), anunció el día de ayer que Nicolás Maduro obtuvo el 50.7% de los votos en las elecciones del domingo 14 de abril, mientras que el candidato opositor Henrique Capriles Radonski obtuvo el 49.1%.
Tras conocer los resultados, Capriles anunció en conferencia que “El derrotado del día de hoy es usted [Maduro] y se lo digo con toda firmeza. Usted es el derrotado, usted y su gobierno […] No vamos a reconocer un resultado hasta tanto aquí no se cuente cada voto de los venezolanos. Exigimos que aquí se abran todas las cajas, que cada voto sea contado. Aquí no nos van a confundir.”
Explicó que el resultado de este domingo “no refleja la realidad del país” y que si antes era ilegítimo “hoy está más cargado de ilegitimidad”. Posteriormente se anunció que pedirían la auditoría del 100 por ciento de los votos.
En Venezuela se maneja uno de los sistemas de votación más avanzados del mundo, el cual se realiza de manera electrónica y –por cada voto– las máquinas de votación generan un duplicado en papel que sirve para constancia de la emisión del sufragio.
En caso de controversias electorales, la ley de la materia contempla la figura de una auditoría de votos, la cual consiste en hacer el recuento del 54 por ciento de los sufragios de manera aleatoria, para establecer con base en esos conteos los porcentajes correspondientes y de esta forma resolver los resultados de la elección. Este conteo ha sido aceptado por Nicolás Maduro.
Henrique Capriles ha pedido un conteo sobre los duplicados de los votos y no sobre el voto electrónico, que es el que cuenta de manera oficial para la emisión de resultados, lo cual significa también un retroceso en el sistema electoral venezolano.
Hasta el momento Capriles y su comando electoral no han presentado evidencias legales que sustenten la comisión de un fraude, a pesar de que ciudadanos venezolanos han abierto grupos para recabar información que ayude a comprobar la existencia de un posible fraude.
El 1.59 por ciento de la diferencia del voto en Venezuela intenta comprobar un fraude que, hasta ahora, no es evidente. En México, el 0.56 por ciento en la diferencia de votos avaló un resultado cuya legalidad nunca se probó.


