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Daniel y sus ‘Fallas de Origen’ (VIDEO)

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PorEstela Garrido

Twitter: @StelaGarrido3_0

 

 

«When there is nothing left to burn,

you have to set yourself on fire»

-Stars

La luz entra por el enorme ventanal del departamento, sin cortinas a la vista. Son las cuatro de la tarde y el sol es el único que olvidó que el verano aún no llega a la Ciudad de México. Daniel Krauze acerca un cenicero a la silla donde se sienta, se arregla la gorra y se dispone a hablar de su libro Fallas de Origen, como si fuera la primera vez.

En un estante del librero, del tamaño de la pared, descansa en lo alto el Premio Letras Nuevas que galardona la publicación. Daniel voltea a verlo y comenta, aún con sorpresa, que no esperaba el galardón por su primera novela.

¿Por qué?, respondo con curiosidad.

La historia de Matías, el personaje principal, comienza con una frase que se repite a lo largo del relato: “Todos traicionamos la promesa de nuestro mejor destino”. La frase resulta idónea para resumir el desafortunado regreso de Matías a la Ciudad de México, luego de seis largos años en Nueva York.

¿Qué hay debajo de un sinuoso camino autodestructivo?, ¿qué origina el malestar que padece Matías y del que más de uno se sentirá parte cuando lea su historia? ¿Cómo nace esta ausencia de identidad y pertenencia?

“Mucho de lo que me influenció, tal vez de manera no consciente, fueron las narrativas que tuvieran cierta duda a Gatsby. Los Misterios de Pittsburgh de Michael Chabon o La Hoguera de las Vanidades de Tom Wolf, en el que hace una crítica satírica de la sociedad neoyorquina de los ochenta y del ambiente en el que está inmerso el personaje. De cierta forma me inspiré en ello”, comenta Krauze.

Fallas de Origen dibuja la sociedad chilanga media, media-alta sin maquillaje. La cara cruda de las revistas de sociales y sus incongruencias. El absorto en el que viven y la magia burbujeante de la nada. No la relata desde afuera como un ente ajeno y juzgador; por el contrario, la describe como parte de su propio mundo, “del que no he conseguido zafarme”, afirma.

Matías quema todas las naves, se deshace de todo y de todos. La construcción de un personaje que resulta moralmente ambiguo no es tarea fácil.  Y menos darle verosimilitud.

“Lo vestí con elementos de mi propia vida y los elementos más opuestos a ella. Comparte ciertos datos. Vivió en una ciudad en la que yo viví, escribió un libro similar al que yo escribí, se le muere un perro de la misma raza y edad… en fin ese tipo de detalles. Y por el otro lado, lo divertido de escribir a Matías, es que en muchos sentidos se comporta como yo nunca me comportaría, y hace cosas que me encantaría hacer y yo nunca he hecho, ni haré.  Tiene exabruptos que son deliciosos de escribir”.

Matías podría ser la copia calca de Krauze con sus similitudes y abismales diferencias. Pero también es la copia calca de cualquiera que recién haya  cumplido treinta años y se haya perdido a mitad del camino. No identificarse será imposible.

“Pasó como por un proceso de exorcismo por todos los años que fui acumulando molestia. Que fue tanto, tanto, tanto, que lo que hice fue escribir un libro. Me molestan las revistas de sociales, el mundo de la súper doble moral, de la incongruencia de la clase media, media – alta de México”.

La narrativa se enfoca en cuatro días de la ahora extraña vida de Matías. Cuatro días son suficientes para confrontar –y confrontarnos- con el hartazgo acumulado, con las relaciones rotas, con las amistades lejanas que ya no tienen ni un ápice de empatía, con las frustraciones y los arrepentimientos. Cuatro días de vorágine en los que no se escatima en recursos y menos en disposición para la catarsis.

La línea que conduce a través de este torbellino es la voz de Matías. Fresca, sincera, sin tapujos y con todas las licencias. Pero también es la causa principal de su regreso: el recuerdo de su padre. Esa única relación franca que lo culpa, lo salva y ahora ya no está.

“Para mi la imagen del padre es lo único valioso de su personalidad. Simboliza ese México más profundo, bueno y noble y que yo sentía que lo había extraviado. Había perdido ese contacto al haberme inmiscuido en esta espuma de la sociedad mexicana”.

Si bien Matías le prende fuego a todo, como la cita con la que abre el libro «When there is nothing left to burn, you have to set yourself on fire», la pregunta que flota en el aire es saber si resurgió cual ave fénix del incendio o se quedó entre las cenizas.

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