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Einstein, el científico de la vida

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Por: Enrique Legorreta

Tw: @enriquelego3_0 

Albert Einstein murió siendo un ícono de la cultura científica en todo el mundo. Su legado es recordado en Hiroshima por haber creado el código  para la creación de la bomba atómica de Robert Oppenheimer.

“El problema del hombre no está en la bomba atómica, sino en su corazón. Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica yo sugerí la mejor de todas: La paz.”

Albert Einstein (1879-1955)

Albert Einstein nació en Alemania el 14 de marzo de 1879. Vivió en Ulm, un pueblo cerca de la ciudad de Stuttgart, en Alemania y aunque provenía de familia de judíos, él no tomó mucha importancia de donde provenía. Einstein estudió en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich donde concluyó sus estudios de ciencias.

Einstein se graduó de la universidad en 1900 ya que obtuvo el diploma de profesor de Matemáticas y de Física. Durante su escape de Alemania para vivir a Suiza, conoció a la madre de sus hijos, Mileva, con quien vivió hasta 1919 para terminar casándose con su prima Elsa Loewenthal.

Albert Einstein falleció el 16 de abril de 1955 debido a una hemorragia interna causada por la  aneurisma de la aorta abdomina. Al informarle que se le podría operar, no aceptó señalando: “Quiero irme cuando quiera. Es de mal gusto prolongar artificialmente la vida. He hecho mi parte, es hora de irse. Yo lo haré con elegancia.”

Y así fue, Albert pereció en el Hospital de Princeton el 18 de abril de 1955 a la edad de 76 años.

A pesar de que permaneció los últimos años de su vida en EE.UU. renegó del país, por la falta de libertad a sus ciudadanos.

“Vine a Estados Unidos porque oí que en este país existía una gran, gran libertad. Cometí un error al elegir Estados Unidos como una tierra de libertad, y es un error que en el balance de mi vida ya no puedo compensar”, señaló.

Pero Einstein no sólo se dedicó al mundo de la ciencia, dejó un gran legado de pensamientos que describen su forma de ver al mundo, Albert describió a la sociedad en sus ensayos.

De esta variedad de pensamientos destaca uno en particular, el titulado El Mundo Como Yo Lo Veo, que describe que la humanidad tiene que un cierto nivel de idolatría hacia sus semejantes.

“Mi ideal político es la democracia. Respetar cada hombre como un individuo y no idolatrar a ninguno. Es una ironía del destino que yo mismo haya sido receptor de una excesiva admiración y reverencia por parte de mis congéneres, sin haber faltas o méritos por mi parte. La causa de esto puede ser perfectamente el deseo, inalcanzable para muchos, de entender las pocas ideas que con mis débiles poderes he alcanzado después de una lucha incesante. Soy consciente de que para cada organización que alcanza sus objetivos, un hombre tiene que ser quien piense, dirija y generalmente cargue con la responsabilidad. Pero la dirección no debe ser obligada, ellos tienen que poder elegir a sus dirigentes. En mi opinión, un sistema autocrático de coerción pronto degenera; la fuerza atrae a hombres de moralidad pobre… Lo realmente valioso en el desfile de la vida humana no me parece el estado político, sino el individuo sensible, creativo, con personalidad; sólo ellos crean lo noble y lo sublime, mientras el rebaño como tal queda embotado en pensamiento y embotado en sentimiento”,  Albert expresa entre líneas su ideal.

Él sabía que la vida es un placer que se debe de apreciar a cada paso que se vive, y lo plasmó de manera singular en sus memorias, Estoy satisfecho con el misterio de la vida eterna y con un conocimiento, un sentimiento, de la maravillosa estructura de la existencia, así como del humilde intento de entender incluso una pequeña porción de la Razón que se manifiesta en la naturaleza”.

Sin duda el reconocimiento científico está planteado, pero Einstein es una de las mentes que más impacto e influencia dejó en el siglo XX y mantiene ejerciendo en el siglo XXI.

 

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