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El drama de los 3.5 millones de niños “sin escolarizar”

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Por: Zazil Carreras

Twitter: @Zazil3_0

 

En México existen 3 millones 537 mil niños de entre 3 y 14 años de edad que no asisten a la escuela o son analfabetas. El Estado les llama “sin escolarizar” y son el “aporte” de México a la estadística mundial de 139 millones de niños y adolescentes en el mundo que no ejercen su derecho a la educación.

No son un segmento menor: representan el 5.5 por ciento de la población en México, según el censo del 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Niños y niñas cuyo derecho universal de aprender a leer y escribir se quiebra todos los días, pese de las reformas educativas de los últimos años.

El drama de este atraso ha sido señalado por los expertos en educación desde hace mucho tiempo: los menores que no tienen la habilidad de leer o escribir siempre tendrán una desventaja respecto al conocimiento social y educativo que merecen, presentan baja autoestima, baja autonomía y  son víctimas de engaños, además de que enfrentan limitaciones a la hora de conocer y acceder a los derechos individuales que la ley les otorga.

A los siete años los niños deben tener la habilidad de la lectoescritura –pues oficialmente a los seis años ingresan al primer año de primaria–, pero datos censales indican que 3.6 por ciento de la población infantil de 8 a 14 años no sabe leer ni escribir, por lo que resulta probable que no adquieran esta habilidad o la adquieran tardíamente.

Y a partir de aquí, la tragedia se agudiza.

Las niñas que han recibido educación temprana y que adquieren la habilidad de leer y escribir de manera adecuada tienen menos probabilidades de casarse precozmente o quedar embarazadas en la adolescencia.

En contraste, a menor escolaridad, más posibilidades de contraer VIH/SIDA, tener hijos poco saludables o ser víctimas de bandas de explotación sexual.

Otro drama liga al rezago educativo con la pobreza: los índices más altos de población analfabeta se concentran en las regiones menos desarrolladas: según el INEGI, en localidades de menos de 2 mil 500 habitantes la proporción de niños de 8 a 14 años que no saben leer y escribir es de 7 por ciento, tres veces más que el observado en los niños que residen en localidades de 2 mil 500 y más habitantes

Otra estadística revela los nexos entre desigualdad y marginación. Hugo Casanova Cardiel, investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM, afirma que esta condición “sin escolarizar” genera marginación en poblaciones vulnerables como mujeres, indígenas o los desfavorecidos económicamente, lo que los sitúa en situaciones de alto riesgo.

Una marginación que depende de donde se viva, pues mientras la Ciudad de México tiene indicadores comparables con los de naciones avanzadas, en otros estados de la República la situación es vergonzosa.

Las entidades federativas con mayor proporción de analfabetas son Chiapas, con 18.41 por ciento; Guerrero, 17.53; Oaxaca, 16.92, y Veracruz, 12.02 por ciento: mientras el porcentaje nacional de analfabetismo es de 6.31 para los hombres y 8.89 para las mujeres, en varios de esos estados se duplican esas cifras. Sólo el Distrito Federal, dijo Casanova, está por debajo del tres por ciento.

“Se trata de una cuestión preocupante, una realidad lacerante e indignante. Un país con esa cifra no ha logrado concretar sus esfuerzos educativos de manera adecuada”, comentó el experto.

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De acuerdo con datos del último censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en nuestro país el 13.42 por ciento de los niños en edad de asistir a preescolar, primaria y secundaria no lo hicieron.

Si a esta cifra sumamos los 5.4 millones de analfabetas –definidos como aquellas personas de 15 o más años de edad que no saben leer ni escribir–, encontramos que en el país hay 8.9 millones de mexicanos sin escolarizar.

Además, de los más de 3.5 millones de niños y adolescentes sin escolarizar, 610 mil 165 no asisten ni a la primaria, ni a la secundaria, a pesar de contar con la edad para hacerlo.

Estos niños forman parte de los 67 millones de niños en el mundo en edad de asistir a la escuela primaria que no lo hacen, y de los 72 millones de adolescentes que se encuentran en edad de cursar el primer año de educación secundaria, quienes tampoco tienen acceso a la educación, de acuerdo a los reportes de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Para Casanova, también profesor del seminario Estado y Educación del posgrado en Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras, el analfabetismo en el país aún está lejos de resolverse con la calidad de la educación que el gobierno genera con sus políticas.

Con la reforma educativa aprobada el 20 de diciembre de 2012 en el primer acto legislativo de la administración de Enrique Peña Nieto, este problema podría agudizarse en vez de encontrar un cauce para su mejora.

En el dictamen de la reforma se repite la necesidad de mejorar la planta docente, apelando al artículo 3° de la Constitución, bajo dos ejes: la actualización de los docentes y la evaluación constante por parte de un órgano autónomo, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), integrando en el sistema educativo las escuelas de tiempo completo que ofrezcan jornadas de 6 a 8 horas.

Pero la medición y la actualización no desenmarañan la madeja complicada de la educación

Un ejemplo de esto se plantea en la investigación “La disputa por la evaluación en México: historia y futuro”, realizada en 2012 por Hugo Aboites Aguilar, del Departamento de Educación y Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco.

“Ocurre algo semejante al termómetro y el niño enfermo: aunque se le mida la temperatura 15 veces al día eso nunca servirá para curarlo. Pueden medir una y otra vez, pero, y por tanto, no pueden transformarla”, dice el documento.

Según el especialista, los exámenes estandarizados de Evaluación Universal, implementados desde el sexenio de Vicente Fox, no han dado resultado alguno, pues los resultados año con año fueron negativos y a pesar de ello los planes de estudio, la situación laboral y de capacitación de los profesores no mejoraron.

“Es preciso que exista voluntad, recursos financieros y un sólido programa que atienda las diversas y complejas variables pedagógicas, sociales y políticas que concurren en este problema”, afirmó Aboites Aguilar.

Variables como edad, sexo, ubicación geográfica, posibilidades de traslado a una escuela a cientos de kilómetros, o la falta absoluta de materiales educativos y pedagógicos en las escuelas primarias y secundarias rurales deben ser atendidas, señaló.

La educación en México le debe a más de 3.5 millones de niños que, al día de hoy, el Estado no pueda decirles la frase “Feliz día del niño”.

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