El Presidente Andrés Manuel López Obrador concluye el año con un ritmo de trabajo pocas veces visto en el primer mes de gobierno de un mandatario: veinte ruedas de prensa y 10 viajes a estados de la República en vuelos comerciales, publicó Excélsior.
“Ha acudido a tomas de protesta de gobernadores, ha tenido reuniones semanales con su gabinete y correligionarios en las cámaras de diputados y de senadores, y a diario se reúne con su gabinete de seguridad.
“Cualquiera pensaría que López Obrador tiene prisa por concretar lo que llama la Cuarta Transformación. Ya puso en marcha sus proyectos bandera: el Tren Maya, el Corredor Transístmico y la Zona Libre de la Frontera Norte. Este primer mes frenético es parte del camino que inició hace más de un año”, señala la información.
Dentro del mismo texto, se señala que “lo que se respiró a lo largo del domingo 1 de julio fue historia pura, hora por hora, del amanecer hasta que la noche ya era profunda.
“Apenas amaneció, un tumulto se congregó en torno a la casilla donde votaría el tabasqueño, a donde llegó incluso antes de que arribaran los funcionarios de casilla. Parecía que tenía prisa por ganar, porque todo se acelerara y terminara pronto”.
De ahí se dirigió a desayunar en compañía de sus hijos en su cuartel de campaña, en la Colonia Roma, en tanto 56.6 millones de electores arribaban a las mesas receptoras de votos.
Las nuevas oficinas de López Obrador se convirtieron en un ir y venir de colaboradores, de futuros secretarios de Estado, de sus hijos, de él mismo. Las llamadas le anunciaban que durante las diez horas en que estuvieron abiertas las casillas, 30.11 millones de personas decidieron que él debía ser el Presidente de México.
Fuera de su casa la tensión creció hasta que, ya al anochecer, se hizo oficial que su esperada victoria se cristalizaba.
La algarabía estalló dentro y fuera de la casa de campaña, donde se congregaron cerca de 500 personas que coreaban: “¡Presidente, Presidente!”, “¡Es un honor estar con Obrador!”, y “¡Sí se pudo!”
Además se puntualiza que: “Fue un contraste inimaginable con aquel López Obrador que durante años realizaba giras por poblados perdidos en sierras polvorientas, sumidos en selvas, o desolados en los desiertos, en jornadas que parecían no tener rumbo”.


