(09 de junio, 2019. Revolución TRESPUNTOCERO).- Los casi 4 mil kilómetros que volaron en tres horas los entonces secretarios de Relaciones Exteriores y Economía no presagiaban que su arribo, a las 20:30 horas de Washington DC, fuese prologado por un polémico tweet: «Mañana será un gran día para la seguridad nacional. Entre muchas otras cosas, ¡construiremos el muro!», se leyó la noche del 24 de enero de 2017 en la cuenta oficial de Donald Trump.
Al día siguiente, el mandatario norteamericano a sólo 15 minutos de la Casa Blanca tomó desprevenido una vez más a Luis Videgaray, quien hablaba holgadamente con ReincePriebus, mientras Ildefonso Guajardo departía algunas anécdotas con Peter Navarro sobre la época de las negociaciones del primer acuerdo comercial trilateral, cuando México pasó de ser ese gran país de América Latina a este país chiquito de América del Norte.
«Al enterarnos del tweet pedimos que se suspendiera, de momento, la reunión y de inmediato me comuniqué con el Presidente de la República», narró Videgaray Caso sobre el instante en el que –a través de los asistentes personales de Jared Kushner– supo de la firma de dos órdenes ejecutivas en el Departamento de Seguridad Nacional, donde se oficializaba la construcción del muro de contención a lo largo de la frontera entre ambos países.
Días después sabríamos gracias a CBS News que el entonces canciller mexicano conocía con antelación la agenda de Trump y que incluso rescribió el discurso antimexicano del presidente de Estados Unidos para «suavizar su lenguaje», sin mucho éxito.
Desde aquella visita a la Casa Blanca, a partir de la que –según reveló en Twitter– tuvo que citar «la frase» que nunca pensó que usaría, el mundo de Videgaray se inundó de fakenews. Como para el suegro de su amigo Kushner, la realidad mexicana desmereció muchísimo y se enlodó de imprecisiones periodísticas sobre su desempeño como coordinador de campaña del PRI, Secretario de Hacienda o canciller de México.
Noticias falsas en la campaña presidencial
Un spot de campaña de Enrique Peña Nieto de 2012 resulta hoy revelador. Además de Aurelio Nuño, Alejandra Lagunesy Francisco Guzmán Ortiz, al candidato de la coalición «Compromiso por México» lo acompañan Videgaray (su coordinador de campaña) y Emilio Lozoya, investigado por la PGR y ahora por la Fiscalía General debido a actos de corrupción durante su paso en la dirección general de Petróleos Mexicanos. El abogado Javier Coello amenazó públicamente que citaría a declarar a EPN y Videgaray (y otros miembros del gabinete) si su defendido era imputado por las compras de Fertinal y Agronitrogenados (chatarras que sólo en el primer caso provocaron un daño patrimonial a Pemex por casi 194 millones de dólares).
Y quizá no esté equivocado Coello Trejo, porque como dijo «no se movía una hoja si no era por instrucciones del presidente». «Lo único que sí sé –completó el litigante– es que muchas operaciones se hicieron con la conciencia y convicción de que el presidente las ordenó». Conciencia y convicción que desafortunadamente son parte de investigaciones judiciales a partir de fake news, podría justificar Videgaray.
Una noticia falsa relacionada que incendió la web en 2017 fue aquella investigación de Mexicanos contra la Corrupción, donde se reveló que cuando Lozoya Austin operó como director de Vinculación Internacional del candidato Peña Nieto recibió sobornos de Braskem, filial petroquímica de Odebrecht. Tres de esos depósitos ascendieron a 1.5 millones de dólares. También, la constructora de Brasil transfirió en plena contienda electoral 3 millones 140 mil dólares en siete depósitos a una empresa ligada a Lozoya, «en pago por supuestos favores», que se reflejarían en las obras de la tristemente célebre planta Etileno XXI.
«Nuevos documentos revelan que Peña se reunió con Marcelo Odebrecht tres veces antes de ser Presidente», refiere el reportaje. «En la primera semana de abril de 2010 el entonces Gobernador del Estado de México viajó a Brasil para reunirse con Marcelo Odebrecht y luego, en octubre de 2011 –cuando ya se perfilaba como candidato presidencial–, se agendó otra cita de ambos personajes en Toluca». En total hubo cuatro encuentros entre el petrolero brasileño y el expresidente priista. Su coordinador de campaña y asesor personal estuvo enterado en todo momento de la relación, y a no dudarlo, la propició. ¿Por qué? ¿Para qué?
En un texto titulado «Odebrecht no solo fabricaba carreteras, también presidentes», el analista políticoGeovanny Vicente Romero, lo respondió: «Tengo que reconocer también su capacidad de innovación al traer un combo completo como producto a ofertar: soborno, publicista de campaña [presidencial] y asesoría política continua después de las elecciones, pues gobernar es tan difícil como llegar al poder».
«Este sistema no tenía nada que envidiarle a los préstamos que otorgan los organismos internacionales financieros a las naciones –agregó el columnista de CNN–, cuando aparte del dinero entregado ofertan asistencia técnica como una manera de supervisar la forma en que se invierte la plata».
Romero contó ocho victorias presidenciales. No contó a México porque la justicia mexicana, incluyendo al órgano electoral encargado de calificar la elección de 2012, no vio nada. Y salvo por la telenovela que inventó Televisa para Peña, muy pocos relacionamos a Odebrecht como el estratega al mando del Nuevo PRI.
Corrupción y represión como modus operandi
Como si no fueran suficientes los vínculos entre Lozoya y la petrolera brasileña (y también con la constructora española OHL) para propiciar el regreso del Revolucionario Institucional a Los Pinos, al asumir el control de laSecretaría de Hacienda se puso en marcha un nada ingenioso proyecto para triangular recursos públicos federales a los Comités Directivos Estatales del PRI.
El doctor en economía por el MIT, que se hizo célebre por poseer su propia versión de la Casa Blanca de la Gaviota (Malinalco), una residencia de 7 millones de pesos que «compró» al empresario Juan Armando Hinojosa, fue quien ideó la entrega de recursos a los gobiernos de César Duarte (Chihuahua), Javier Duarte (Veracruz) o Roberto Borge (Quintana Roo), los casos que se hicieron públicos y que fueron aprendices del modo de gobernar al estilo Atlacomulco.
Quiero decir, Videgaray no sólo hizo de la SHCP el instrumento para liberar recursos a los gobiernos estatales, generar más deuda, mayor pobreza y menos empleos. Desde su secretaría de estado, vicepresidente en funciones, mente maestra de otro sexenio perdido, intentó ser como Carlos Salinas y aprovechar el mexican momento para controlar a los gobernadores con el presupuesto público, manipular lo que ocurría en su partido colocando a su antojo a César Camacho, Manlio Fabio Beltrones o Enrique Ochoa Reza, adueñarse de las candidaturas más relevantes promoviendo a José Antonio Meade y Mikel Arriola, y sobre todo ejercer la violencia de estado como instrumento del orden público.
«Peña Nieto habla a menudo como un actor que interpreta a un estereotipado Presidente en un programa de televisión, hablando sobre el uso legítimo de la fuerza, como si frases como esa tuvieran un poder mágico para aislarlo de las realidades sórdidas de un poder autoritario ejercito sin ley y con brutalidad, y de un gobierno irremediablemente comprometido», advirtió The New Yorker en un texto de diciembre de 2014, a propósito de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.
«Cuando un Presidente como éste habla de un uso legítimo de la fuerza y describe a los manifestantes como amenazas a un ‘proyecto nacional’, lo que la gente oye son amenazas de ejercer ese poder de manera violenta y arbitrariamente». Esa es la conclusión a la que llegó el autor del artículo, el periodista Francisco Goldman: la corrupción no sólo requiere de fórmulas elaboradas en hojas de Excel y de la complicidad de varios niveles de gobierno, exige además de un aparato político paramilitar. Cada 3 y 4 de mayo, periodistas, defensores y defensoras de derechos humanos, estudiantes, colonos y campesinos, recuerdan en Atenco que a la corrupción Peña le gustaba taparla con sangre.
Del Saving Mexico al «vengo a aprender»
El hombre de hielo que evadía las afirmaciones directas o absolutas. El tecnócrata del Nuevo PRI que no ofreciódeclaraciones sino cifras (o en su lugar, algo similar a una justificación). «Creo que la economía mexicana tiene una enorme oportunidad de crecimiento de manera sostenida», fue la respuesta de Videgaray a la pregunta sobre una crisis económica en el país.
Ahí mismo, en DC (enero de 2017), una reportera de El País cuestionó al recién nombrado canciller el límite («la línea roja») por el que México no tendría más que romper relaciones con EU. Videgaray contestó, palabras más, palabras menos: «Queremos construir acuerdos. Vamos a ser constructivos y creativos… Pero la relación con Estados Unidos continúa», pese a que una de las partes de la negociación –de igual a igual, sin ánimo de «confrontación ni de sumisión», dijo– se fortaleció y fortalece desestabilizando al gobierno mexicano.
No fue casualidad que esa diplomacia le mereció ácidascríticas a Videgaray; la principal, invitar el 31 de agosto de 2016 a Los Pinos al candidato más antimexicano que se conociera en décadas y darle trato de jefe estado. De ahí que su regresó al poder –luego de aquel penoso despido– para ser el actor principal en las negociaciones del nuevo TLCAN, mereciera una interpretación malintencionada de sus detractores: su nombramiento como titular de Relaciones Exteriores fue a petición expresa del magnate neoyorquino.«Poner a la cabeza de nuestros negociadores al que el adversario elige para ello, equivale a poner al frente de un ejército al general del enemigo», reprochó Sabina Berman.
Como sea, son hoy dos las versiones que se conocen sobre el inicio de su afectuosa relación con Jared Kushner, de cuya amistad dependió la política exterior del país.
La primera línea de investigación apunta a los empresarios mexicanos Carlos Peralta y Juan Beckmann Vidal, quienes habrían presentado al personaje de confianza en las finanzas del presidente de México con el esposo de Ivanka, la hija del entonces aspirante a la candidatura republicana. Desde hace tiempo, cada que visita Nueva York el dueño de Tequila José Cuervo se hospeda en un lujoso apartamento de la Trump Tower.
La otra versión refiere que los presentó un directivo de Televisa, Bernardo Gómez (quien recientemente reuniría en su casa a Kushner y López Obrador), con quien el trumpismo tendría interés de colaborar para el gran proyecto del sexenio, la obra que las nuevas generaciones de norteamericanos disfrutarán gracias al liderazgo de Trump: un canal de televisión similar a Fox News, pero con lucha libre y reality shows.
El corolario de la amistad Kushner-Videgaray es que los mayores elogios para el mexicano provinieron del trumpismo. «No puedo pensar en ningún diplomático más exitoso, más amado y respetado en Washington que Luis.Espero que algún día la gente de México aprecie el increíble trabajo que has hecho, como nosotros lo hacemos». Las palabras que dedicó el yerno de Donald Trump a su amigo al recibir la Orden Mexicana del Águila Azteca.
Kushner no fue el contacto de Videgaray con Trump. Videgaray fue el contacto de Kushner con Los Pinos. De nuevo, pese a su impresionante formación académica, como en la campaña de 2012 o en la Secretaría Hacienda, quien vino «a aprender» entregó malos resultados que beneficiaron a sus amigos, a sus socios, a sus jefes, menos a los mexicanos. Un gran ejemplo para la tecnocracia del Nuevo PRI, a quien el fiscal Alejandro Gertz Manero ya tiene en la mira.


