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Todas las muertes duelen

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Paola Gutiérrez / @PaolaCGutierrez

 

México duele, vivir en México duele e informarse de lo que realmente sucede en México deprime. Lo peor es que nos desgarra, duele de una manera en que el dolor se vuelve coraje y el coraje impotencia. México se siente como las avispas de la familia Pompilidae: las avispas de las arañas que cazan y paralizan a su presa con con veneno, y luego depositan sus huevos para que las larvas de avispa se alimenten de la araña todavía viva, matándola lentamente. Así se siente, así me siento: que nos dan un “madrazo”, nos paralizan para que no podamos hacer nada, y poco a poco nos come el país.

Desgraciadamente, la cultura de indiferencia, del no querer saber y de la evasión emocional que permea en nuestra sociedad hace que alguien que desgraciadamente se vio obligado hace unos días a no ser indiferente, a querer saber y a evitar la evasión emocional como David Páramo, despierte de un prolongado letargo. El “sueño” de David Páramo fue tan profundo que en 2011 respondió a un radioescucha que lo cuestionaba por las muertes de sus colegas periodistas:  “No, los matan por otras razones, no los matan por lo que hacemos los periodistas. No seas imbécil”.

México duele, y duele mucho, quizá demasiado, y el fin de semana David Páramo se dio cuenta de ello. David era –espero que haya abierto los ojos–, un periodista más de los que justifican al gobierno en turno para tener comodidades, era uno de los quienes creen que las muertes y la inseguridad que azotan nuestra tierra son algo ajeno y lejano a ellos y a sus familias.

En lo personal, yo tampoco he estado exenta de sufrir un “daño colateral”, como alegremente los llamaba Felipe de Jesús Calderon Hinojosa, ex presidente constitucional, que no legítimo, de México. Hace poco más de 9 meses desaparecieron 2 de mis mejores amigos, Luis Enrique Castañeda Nava y Diego Antonio Maldonado Castañeda.

Fernando Belauzarán escribió en reiteradas ocasiones en su Twitter que miembros de MORENA se burlaban de la tragedia y el doloroso momento por el cual está pasando David Páramo –quien, dicho sea de paso, nunca me cayó bien como opinador en materia económica y a quien no conozco personalmente–, pero puedo asegurar que para ser de MORENA se necesita algo más que la afiliación, porque MORENA es también en el fondo un proyecto y una actitud ante la vida, y necesariamente implica solidaridad y compasión.

En lo personal puedo no estar de acuerdo con quién es y qué hace el padre de estos dos jóvenes asesinados, pero reitero toda mi solidaridad y condolencia a la familia de David, como también a las familias de los miles de muertos y desaparecidos de nuestro país.

México es un país que nos hace sufrir en serio… pero hay esperanzas, muchas y de varios lados y rincones del país.

Una es la esperanza de que somos muchos quienes queremos que el país cambie, de que somos muchos y muchas los convencidos de que las cosas pueden cambiar y para mejor.

La otra son los informadores honestos que van hasta donde sea necesario para no callar la verdad de lo que sucede, los que saben que una muerte no es sólo eso y que además miran hacia la pobreza como factor ineludible de la crisis que vive el país.

Estoy convencida de que mi generación es la que mencionaba Armando Bartra en una columna reciente en el periódico La Jornada: “Somos nietos de los que no pudieron matar, hijos de los que no pudieron callar y alumnos de los que no pudieron comprar […]”. Nosotros seremos la generación de la verdadera libertad y un factor predominante para el cambio hacia un país más justo, consciente y equitativo.

Pero el primer paso es desde luego abrir los ojos con todo lo que eso implica. Que lo urgente no nos distraiga de lo importante. Debemos exigir pronta respuesta de los casos de desaparecidos y asesinados sin importar su clase social y su profesión.

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