En un hecho sin precedentes en la historia contemporánea de la región, el gobierno de Brasil anunció la reducción drástica de su presencia diplomática en Argentina. La medida responde a los sistemáticos y feroces ataques de tintes neofascistas lanzados por el mandatario argentino, Javier Milei, en contra del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
Este conflicto, lejos de ser aislado, coincide con una agresiva embestida de la administración estadounidense de Donald Trump, que busca sabotear los comicios brasileños de octubre.
La Cancillería de Brasil formalizó que su embajada en Buenos Aires quedará vacante por tiempo indefinido, rebajando los lazos al nivel de un encargado de negocios.
El embajador Julio Bitelli, retirado desde julio tras los primeros insultos, no regresará mientras Milei mantenga su retórica hostil. Desde el pasado domingo, el mandatario argentino tildó públicamente a Lula de «ladrón» en tres ocasiones, repitiendo el libreto injerencista implementado el 25 de julio durante la convención de Flávio Bolsonaro, hijo del exdictador frustrado Jair Bolsonaro y rival directo del candidato del Partido de los Trabajadores (PT).
El eje ultraderechista ataca la soberanía brasileña
Durante su incursión en la convención bolsonarista, Javier Milei insultó gravemente al juez supremo Alexandre de Moraes, catalogándolo de «basura calva» luego de que la justicia brasileña le impidiera visitar a Jair Bolsonaro, quien purga un arresto domiciliario y una condena de 27 años por planear un golpe de Estado tras su derrota electoral.
Casi en simultáneo, el Departamento de Estado de los EU ejecutó una franca represalia de corte imperialista: revocó la visa de la embajadora brasileña en Washington, Maria Luiza Ribeiro Viotti. El chantaje norteamericano se da luego de que el gobierno de Lula impidiera con dignidad la entrada al país de dos diplomáticos de la administración Trump.
El Palacio de Planalto denunció que la comitiva de Washington pretendía entrometerse ilegalmente en el proceso electoral interno para inflar la candidatura de la ultraderecha.
Blindaje popular de cara a octubre
Frente a la pinza reaccionaria operada desde Buenos Aires, el pueblo brasileño y el PT ratificaron oficialmente el pasado domingo la candidatura presidencial de Lula da Silva bajo una consigna clara: defender la autodeterminación y frenar la descarada injerencia extranjera.
La respuesta política ante el intervencionismo de Milei y Trump quedó sellada con las palabras del vicepresidente y compañero de fórmula, Geraldo Alckmin: el sistema de votación electrónica de Brasil es tan robusto, transparente y soberano que “no acepta ningún voto de argentinos ni de estadounidenses”.









