Natalia Antezana / @natalia3_0
(11 de mayo, 2013).- Esta es la historia de 11 frases que el 11 de mayo del año pasado cambiaron la historia de los movimientos sociales en México.
En mantas, pancartas, playeras y hasta tabletas electrónicas, a las 11 de la mañana estos 11 mensajes le dieron la vuelta al país y mostraron que, si Medio Oriente tuvo su “primavera árabe”, este país construiría su propia estación del año… desde la Universidad Iberoamericana.
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“Todos Somos Atenco” se leía en una manta blanca, con letras negras y rojas, sostenida por tres jóvenes que gritaban al entonces candidato presidencial, Enrique Peña Nieto, que se fuera de su universidad. El impetú de su enojo los impulsaba a sacudir esa manta que le recordaba al visitante, quien apenas se estaba plantando en la Ibero, que era non grato por su responsabilidad en el caso Atenco, donde una acción policial consentida por el mexiquense dejó dos muertes.
En la parte delantera de una playera, una joven con letras rojas que simulan sangre avanza entre la multitud. Camina hacia Peña Nieto como si estuviera herida, tambaleante por alguna agresión. En su ropa hay siete palabras: “Mi cuerpo no es un campo de batalla”. Le recuerda al priista los 922 feminicidios durante su gestión.
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El enojo se percibía en los rostros de los estudiantes, quienes sostenían con la mano derecha máscaras de papel con la cara del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, donde tenía escrita en la frente “tu papá”; con la mano izquierda, pancartas con la consigna de “Atenco no se olvida” que recordaron en el campus las 5 mujeres deportadas, 12 inocentes encarcelados, 217 personas detenidas, 26 mujeres agredidas sexualmente y 11 derechos humanos fundamentales violados en 2006.
Con esas arengas en los oídos, Peña Nieto arribó al auditorio José Sánchez Villaseñor de la universidad.
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“¡Asesino, asesino, asesino!”, acompañaban los gritos que se unían en una ola de repudio que chocaba con la esforzada sonrisa del ex gobernador mexiquense, quien nunca imaginó el rechazo que tendría en el encuentro “Buen Ciudadano Ibero”.
Rodeado de un grupo de “guaruras”, el candidato llegó hasta donde estaban los estudiantes, con aire triunfante, levantando la mano en ademán de saludo y esperando un buen recibimiento.
Sin embargo, fueron los abucheos que le dieron la bienvenida al auditorio, donde un estudiante de lentes y suéter café, sostenía una cartulina verde que decía con letra firme: “Ni un aplauso para este asesino”, en medio de una marea de jóvenes que al unísono le gritaban “¡Fuera, fuera, fuera!”
El priista tenía frente a sí 300 butacas, la mayoría de estudiantes opositores a su proyecto de nación: los abuchearon, vituperaron, se burlaron de su mal acento al hablar inglés y hasta le sugirieron buscarse un diccionario cuando no supo la definición de la palabra “anomia”.
En un intento por calmar a los alumnos, pidió a las y los jóvenes que se encontraban en el auditorio que bajaran las cartulinas con el afán de ver sus rostros, no obstante, aquella que lo cuestionaba “¿cuáles son tus tres libros favoritos?”, permaneció arriba. Un estudiante decidió colar uno de los momentos más bochornosos del candidato, cuando no pudo responder esa misma pregunta, al no recordar un sólo título de un libro en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, Jalisco.
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Después de casi dos horas de debate, cuando el ex candidato pensó que lo peor había terminado, al salir de se encontró con una verdadera multitud.
“Soy prole pero tengo memoria”, estaba escrito con tinta negra en un fondo amarillo, que estaba sostenido por una joven que se quedó afuera del auditorio porque no cabía en él. Sus brazos extendidos agarraban de manera firme y orgullosa el cartel, que mostraba, en esas pocas letras, su recuerdo constante de las políticas contrarias a su forma de pensar.
Y a su lado, se leía “Peña Miento”, en otra pancarta blanca con letras grandes, que se erigía entre los cientos estudiantes que descalificaban al que pretendía ocupar la silla presidencial después de los comicios electorales.
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“Ya veniste a la Ibero, ¿cuándo nos vemos en la UNAM?”, era otro reclamo que le hacían los estudiantes al desconcertado candidato. Esta pregunta tomó relevancia, pues Peña Nieto no quiso asistir a la invitación de la Universidad Nacional Autónoma de México, que fue cambiada por una reunión con académicos, en un hotel del centro de la ciudad, en medio de un operativo de seguridad.
“¡Se ve, se siente, Enrique delincuente!”, corearon cuando los estudiantes que seguían el foro desde afuera lo vieron salir del auditorio y dirigirse a Radio Ibero a dar una breve entrevista. En medio de la persecución, que causó que el candidato se escondiera por unos minutos en un baño de la universidad, vio la manta colgada en un árbol de la universidad que decía “Somos fresas, pero no pendejos”.
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Después de la valla estudiantil que impidió la salida de Enrique del baño, por más de 20 minutos, su equipo de seguridad ideó una estrategia de huída para posibilitar la salida del candidato.
Y cuando este estaba punto de subirse a una camioneta blindada, la última pancarta que se mostraba a su vista fue la que decía“La Ibero no vota por EPN”, mientras los estudiantes gritaban “¡Cobarde, cobarde!”, exaltados por la escapada sagaz de Enrique Peña Nieto.
Un año después de aquel viernes negro, Peña Nieto llegó a Los Pinos, lejos de las y los estudiantes y de todos aquellos abucheos que le hicieron en la Ibero.
Nunca más volvió a cruzarse en el camino de estudiantes libres.


