De acuerdo con Epigmenio Ibarra, en su columna para Milenio, el actual poder del narco proviene de la ilegitimidad de Felipe Calderón y su decisión de hacer la guerra.
“A Felipe Calderón no solo le quedó grande el uniforme con el que se disfrazó. También para el puesto de comandante supremo, que asumió tras robarse la Presidencia, resultó tener una talla muy menor. Su urgencia de hacer la guerra, su desconocimiento total de las leyes de la misma, lo llevaron a decretar que los delincuentes eran el enemigo que había que aniquilar. Nunca midió la fuerza y el arraigo de los cárteles. Jamás consideró las consecuencias de sus actos. Con la complicidad de jefes militares y policiacos sedientos de poder y riqueza —como Genaro García Luna— desató el infierno” – aseveró.
Haciendo referencia a Napoleón Bonaparte, escribió que, “la guerra es la forma en que obtienen legitimación inmediata y se consolidan gobiernos débiles que nacen en medio de una tormenta social o tienen un origen ilegítimo”.
Consideró que la ilusión óptica de la victoria rápida, la idea de que por las armas se conquistarán la paz y la seguridad, los desfiles, los “juguetes” bélicos (con Calderón jugando con ellos en cadena nacional) producen un contagio rápido y masivo de histeria patriótica.
Aseguró que la conciencia crítica ha desaparecido, sobre todo desde que, en 2006, se aceptó el fraude electoral que dio triunfo a Calderón.
“Los medios se tornan espejo complaciente del gobernante en turno y solo unos cuantos advierten que al supuesto general le queda grande el uniforme” – recordó.
“Yo fui uno de los que alzó la voz, en 2006, contra Calderón y su guerra. Advertí que el despliegue masivo de tropas no impediría que las bandas criminales se movieran y actuaran a su antojo, que la ley de proporcionalidad de medios las haría responder al enorme poder de fuego de las fuerzas armadas, haciéndose de armas de guerra que vendrían de Estados Unidos. Alerté que la población civil quedaría atrapada entre dos fuegos y que la presión de Calderón sobre los mandos para obtener resultados provocaría crecientes y terribles violaciones a los derechos humanos”.
Agregó que también escribió que la ausencia del Estado o su simbiosis con el crimen organizado dejaría a la población a merced de cárteles.
“Insistí en que había que disputar la base social, ir por el dinero del narco y cerrar la frontera, pero de sur a norte para que no pasaran más armas y más dólares. Sostuve que a la cifra de muertos y desaparecidos había que sumar a sus familiares y que las heridas a la nación serían profundas y tardarían generaciones en cerrar” – lamentó.


