Natalia Antezana Bosques / @Natalia3_0
(3 de junio, 2013).- En un pedazo de la Ciudad de México, escondido a un costado de la Catedral Metropolitana, se encuentra un pequeño campamento de indígenas triquis que hasta la fecha, después de más de 2 años, no pueden regresar a su lugar de origen porque temen por su vida.
“Cuando me salí de mi casa, perdí todo. Soy una madre viuda. Cuando le quitaron la vida a mi esposo me quedé con un niño de dos años y una niña recién nacida”, explica Lorena, quien vende dulces y chicles en este campamento para poder alimentar a su familia.
Explicó que en el año 2006 se recuperó la autonomía de San Juan Copala, pero “eso no le pareció al gobernador Ulises Ruíz” y en 2009 mandó a paramilitares del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui-Partido Unidad Popular (MULT-PUP) y la Unidad de Bienestar Social de la Región Triqui-Partido Revolucionario Institucional (UBISORT-PRI), señala Lorena.
San Juan Copala estuvo cercado del 28 de noviembre de 2009 al 19 de septiembre de 2010 por paramilitares que impidieron el acceso de los pobladores a alimentos, agua, luz y teléfono. Para sobrevivir, las mujeres tenían que salir a escondidas del pueblo para conseguir un poco de alimentos. Sin embargo, el precio que tenían que pagar si los paramilitares las descubrían era muy alto.
“Una vez, a unas abuelitas que salieron a buscar comida las violaron los paramilitares cuando las descubrieron”, cuenta Lorena. “Las golpearon y las mandaron sin nada de ropa de regreso a sus casas”, explica con tristeza.
En abril de 2010 se organizó una caravana humanitaria para llevar víveres a la comunidad de San Juan Copala. La caravana fue emboscada en el camino y Bety Cariño y el finlandés Jyri Jaakkola fueron asesinados. En este mismo hecho fueron heridos periodistas, fotógrafos y defensores de derechos humanos.
“Cuando nos enteramos lo que pasó con la caravana comunitaria, nosotros estábamos en el pueblo pero no podíamos salir, no pudimos hacer nada por ellos”, relata la indígena triqui; “si salíamos de nuestras casas, nos llovían las balas como maíz”.
Desde que empezó el conflicto, se han registrado al menos 32 muertos de todas las edades, -entre ellos el esposo de Lorena- y múltiples heridos, así también aproximadamente 300 familias desplazadas que hasta la fecha no pueden regresar a su hogar.
“El 19 de septiembre de 2010 los paramilitares entraron al pueblo y se apoderaron de todo, de la Presidencia de San Juan Copala, destruyeron las casas y nos dijeron que teníamos que salir por las buenas o nos sacarían por las malas”, cuenta Lorena.
Desde esa fecha, cientos de familias triquis se han establecido en diferentes campamentos para exigir justicia y poder regresar a su lugar de origen. El campamento más grande se encuentra en el corredor del Palacio de Gobierno en la ciudad de Oaxaca, el otro campamento está en el zócalo de la capital mexicana.
Las familias triquis exigen a las autoridades que hagan justicia y resuelvan el conflicto para que así puedan regresar a su pueblo: “A los gobernantes les digo que no tienen capacidad de resolver el problema, ellos más bien se hacen aliados con los paramilitares, se sientan a dialogar con ellos, son cómplices de los paramilitares”.
Hasta la fecha no se han llevado a cabo las investigaciones pertinentes sobre lo suscitado en San Juan Copala. Amnistía Internacional ha denunciado que sólo una persona se encuentra presa, por ser responsable de la emboscada a la caravana humanitaria.


