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La indignación turca en resumen (muy resumido, y muy mío) (2a entrega)

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Txus/ Ciudadsomnolienta.org

 

 

1) La gente está en su derecho a protestar, y no creo que esté mal lo que están haciendo. El partido en el poder, el AKP, ha ganado con el 49 por ciento de los votos en las últimas elecciones: el país está dividido y a la mitad de Turquía no le cae para nada bien el primer ministro que han tenido por los últimos diez años y que amenaza en quedarse por todo el tiempo que quiera/pueda.

2) Las votaciones, a como me las cuentan, no han sido del todo legítimas: muy parecidas al caso mexicano: compra de votos, desinformación, manipulación de información, explotación de la ignorancia y la gran necesidad de mucha gente. Tomo esto por verdad con ejemplo de los medios masivos de comunicación nacionales: las televisoras y los periódicos no han reportado las protestas sino hasta el segundo o tercer día. Luego lo han hecho como si no fuera importante lo que pasa; la prensa internacional le da más cobertura a esto que la prensa turca.

3) No parece haber organización central en las manifestaciones. Comenzó como el desalojo de un grupo de activistas que acamparon en el parque Gezi para evitar la tala de árboles para el desarrollo de un nuevo centro comercial (uno más en el centro de Estambul). Los activistas eran pacíficos y la policía recurrió a la violencia para sacarlos de allí. Una amiga portuguesa me ha contado esto de primera mano. Hasta ahí nadie había tirado ninguna piedra. Las redes sociales comenzaron a transmitir lo que pasaba. Se hacían fotos y se colgaban en Twitter y Facebook, la evidencia está ahí. Usando esas fotos como pretexto para actuar, mucha gente indignada por ellas (las fotos) y antagonistas al gobierno del AKP salió a protestar a la plaza de Taksim y hacerle frente a la policía.

4) La policía utilizó gases lacrimógenos desde siempre. Ya lo habían hecho el primero de mayo de manera excesiva y esta vez tampoco se tocaron el pecho para librarse de la gente de la manera más fácil que se les ocurría. Pero a diferencia del primero de mayo la gente no se fue, y a diferencia del primero de mayo no paró de llegar más gente. Esto fue del viernes en la mañana (el primer desalojo ocurrió cerca de las seis am) al viernes por la tarde.

5) El viernes por la noche llegamos Irma y yo a Cihangir, un barrio bohemio y fresa/pijo vecino a Taksim e Istiklal, la arteria principal peatonal en esa parte de la ciudad. Sabíamos de la violencia policial a través de Twitter y tomamos nuestras precauciones. Sedat, nuestro compañero de piso, también iría a Taksim. Y sus amigos también. Todo mundo parecía ir a Taksim.

6) Caminamos todo el bulevar costero hasta subir al Hospital Alemán. Ahí la gente estaba concentrada y parecía un hormiguero. Fue nuestro primer encuentro con #OccupyGezi. La gente estaba emocionada, esto es, cargada de emociones: estaba asustada pero contenta de estar fuera. Mucha gente también estaba tomando: era viernes por la noche en un barrio que es parecido a La Condesa de la Ciudad de México.

7) El Hospital Alemán estaba repleto de gente y nos tocó ver a tres o cuatro taxis entrar al estacionamiento del lugar con pasajeros que parecían heridos. La gente les abría paso y entraban rápido. No había antagonismo con los guardias de seguridad del hospital, a pesar de su uniforme tipo policía. Muchos estábamos literalmente en el marco de la puerta del hospital. En este punto imagino que la mayoría de los que estábamos ahí no teníamos idea que eso seguiría cuatro días después, pero poco a poco, creo, la gente pasó de estar en un ánimo pasivo a uno activo con respecto a la autoridad. Si en un principio era ponérseles enfrente a los grupos antidisturbios, debido a toda la cantidad de gas que iban arrojando por donde quisieran, lo primero se convirtió en no solo no irse de Cihangir, sino llegar hasta Taksim y recuperar Gezi.

8) Las calles de Cihangir son laberínticas. Aún conociéndolas mucho te puedes perder. No son tan angostas como las de Toledo, pero muchas sólo permiten pasar un carro a la vez. Eran cerca de las nueve de la noche cuando salimos de la entrada del Hospital Alemán por el agobio de tanta gente. Se rumoraba que la policía estaba en Istiklal y que avanzaría pronto, el ambiente era, para nosotros, más de desconcierto al no entender casi nada de lo que se decía. Para esto se nos había unido Sara, la amiga portuguesa que nos contó que ella había estado en el parque esa mañana. Estábamos en comunicación con Sedat por celular, vagamente. Pronto nos dimos cuenta que si bien la policía estaba en Istiklal, estaba en la entrada de Taksim, lejos de donde estábamos nosotros.

8) Fuimos a Istiklal. Toda la calle estaba llena de manifestantes. Al fondo se escuchaban los gritos más fuertes, cerca de la plaza, pero la gente comentaba y aplaudía por todos lados. Las tiendas y los restaurantes seguían abiertos. Nos quedamos ahí hasta que llegó Sedat y hasta que la policía aumentó sus descargas de gases lacrimógenos, obligando a todo mundo a dispersarse. Mucha gente bajó hacia Cihangir y nosotros hicimos lo mismo. Todo el ambiente olía a gas pimienta y las barricadas se empezaban a formar. Eran cerca de las doce de la noche. Caminamos un poco más y decidimos volver a casa, dado por terminada nuestra participación.

9) Las calles de Cihangir seguían llenas hasta la avenida costera. Caminamos. Los carros pasaban pitando, ondeando banderas turcas. La gente estaba feliz, como si hubieran ganado una final importante de fútbol, estaban emocionados. Pasamos por Dolmabace, un palacio donde el primer ministro tiene una oficina. Había policías cuidando las esquinas y pasamos por ahí rápido. Habían cartones de leche en las banquetas, como puestos ahí en apoyo a futuras víctimas del gas pimienta—la leche calma el ardor de los ojos de forma maravillosa, me han dicho—.

10) Beşiktaş estaba tranquilo y todavía pudimos cenar algo en un restaurante en el centro del barrio. Caminamos hacia arriba por el parque y en una plaza muy cerca a casa había salido la gente del barrio a aplaudir y a gritar consignas. Jóvenes, adultos y viejos, hombres y mujeres. Luego las cacerolas empezaron a aparecer en toda la ciudad. Las mujeres que no salían a la calle apoyaban a los que sí haciendo ruido y aplaudiendo. Caminabas por las calles del barrio, y desde los segundos, terceros y cuartos pisos se asomaban medios cuerpos de muchachas, mujeres, viejas y niños haciendo ruido con las caserolas, prendiendo y apagando las luces de sus departamentos. Ahí sospechamos, o al menos sospeché yo, que esto bien podía irse para largo.

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