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Reflexiones desde Estambul. #OccupyGezi (6ta entrega)

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Txus/ Ciudadsomnolienta.org

 

Es el jueves 6 de junio cerca de la media noche. Erdogan, el primer ministro turco, según las redes sociales, estará llegando a Estambul en dos horas. Las últimas noticias oficiales que encuentro dicen que el PM ha llamado hoy a los manifestantes “terroristas” y que el plan del Ejecutivo seguirá adelante con la demolición del parque de Gezi y la construcción de un centro comercial: en suma, que no va a escuchar las demandas de las protestas ni a los manifestantes.

Al decir esto la bolsa de valores de Turquía cayó rápidamente, casi cinco por ciento (según recuerdo; la pérdida más fuerte de la última decada), lo que no había hecho en años. Pero, además de la caída económica de la bolsa, ¿qué significan estas declaraciones?

Los comentarios de Erdogan pueden significar toda una serie de cosas, seguro muchas más de las que aquí teorizo, sin embargo, la primera que me viene a la mente es que los manifestantes, ahora también provocados y llamados “terroristas”, con mayor razón no se moverán de Taksim; y sigo con el razonamiento: anteriormente Erdogan ha dicho que tiene a millones de personas bajo su poder, simpatizantes de su partido que obedecen ordenes, y ha amenazado en utilizarlos contra los manifestantes. Estos grupos, y no la policía, como he dicho antes, me parecen el peligro físico más grande que corre la gente acampando en Taksim.

Imaginemos un escenario en el cual los agentes anti-disturbios están relajados y descansando, protegiendo las oficinas del primer ministro en Dolmabace, a un kilómetro de la ocupación; imaginemos que se recluten o se pongan en marcha grupos de choque radicales de derecha, convocados por el gobierno para tales ocasiones, y que se les de cierta seguridad de amnistía, de perdón por los daños públicos o privados que pudieran cometer. Imaginemos que hay en estos grupos policías infiltrados, también. Imaginemos que marchan hacia Taksim como civiles y se mezclan con la gente, provocando disturbios, antagonismos y peleas; imaginemos a un grupo significativo de radicales de derecha, con ganas de pelear y con armas blancas (palos, cuchillos, etc.), aterrorizando el campamento. La gente de Taksim, aunque es mucha, es en su gran mayoría pacífica: estudiantes de instituto y universidad, mujeres, adultos mayores. ¿Quién, entonces, pudiera y debería (por obligación) detener una situación como la que describo, de choques entre grupos de civiles? Imaginemos que los manifestantes y la prensa internacional informan de lo que está pasando y piden socorro a las fuerzas del orden, a la policía; imaginemos que la policía hace oídos sordos y dice: les ayudaríamos, pero ahí no podemos entrar. O, les ayudaríamos, pero ahí ustedes no nos quieren.

Según las redes sociales la violencia se ha trasladado a Ankara y a otras ciudad del interior del país. Ahora twitter y facebook piden a los medios de comunicación que dejen a Taksim a un lado y se concentren en el resto de ciudades, en donde, según dicen, los gases lacrimógenos no han parado de ser arrojados durante toda la semana, donde se han aventado bombas de humo a centros comerciales llenos de gente, donde se le ha perseguido y pegado a mujeres en medio del público, donde un tanque de la policía ha atropellado a un chico de manera despiadada, donde ha muerto un manifestante.

En lo que va de las manifestaciones ha habido 4,300 heridos, 3 muertos (de los cuales uno es policía) y más de 3 mil detenciones.

Hoy los cacerolazos duraron el doble que los de ayer. Parecería obvio que es por la llegada de Erdogan a la ciudad. La gente no parece quererlo y lo muestra. Treinta minutos fue lo que duró el concierto de cacerolas y cucharas de metal en detenerse, hubo carros y motos pitando, aplausos, chiflidos. La gente sigue emocionada. Sedat, mi compañero de piso, al darme la noticia de que Erdogan no cambiaba de opinión me dijo: I think it’s better this way, you know.

A como está el terreno Erdogan ha leído mal la situación, a no ser que en verdad quiera lo que aparentemente está preparando: el choque de fuerza. Ya lo dijo el New York Times en un artículo de opinión el día de ayer: el PM turco tiene que darse cuenta que estas manifestaciones no son un golpe de Estado, no son como la primavera árabe; lo que tiene que hacer es resolver el conflicto democráticamente; si no lo hace perdería credibilidad con Occidente.

Mientras tanto no se ve por dónde acaben estas celebraciones y desgracias. Me he enterado de una sección de twitter que apoya a Erdogan: #weareerdogan, la mayoría de los mensajes están en turco, pero hay algunos en inglés, dicen cosas como: “los verdaderos patriotas están en el aeropuerto” [esperando a Erdogan, en apoyo]. Y me remito al cuatro párrafo de estos comentarios.

Se necesitará mucha inteligencia y mucha sangre fría de los manifestantes para lograr lo que se proponen. Por la ciudad corren rumores de que este fin de semana volverán a haber choques con la policía y, de nuevo, mucho gas pimienta en el aire.

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