- En el segundo mandato de Donald Trump, la deuda estadounidense rompe la barrera de 40 billones de dólares y el bono a 10 años ronda el 5%, su mayor presión en casi dos décadas.
A 18 años de la quiebra de Lehman Brothers, una señal que remite a los meses previos a la crisis financiera de 2008 vuelve a encenderse en Estados Unidos. Durante el segundo mandato de Donald Trump, la deuda pública estadounidense superó por primera vez los 40 billones de dólares, mientras el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años se aproxima al 5%, una zona que no alcanzaba desde hace casi dos décadas.
La combinación es relevante porque Estados Unidos no sólo carga ahora con una deuda históricamente elevada, sino que enfrenta mayores costos para financiarla. Los inversionistas están exigiendo rendimientos cada vez más altos para adquirir bonos del Tesoro, mientras la inflación, el encarecimiento del petróleo y el desequilibrio fiscal agregan presión sobre las finanzas de la mayor economía mundial.
Bonos rozan el 5% y encarecen el financiamiento
La deuda estadounidense rebasó los 40 billones de dólares en agosto de 2026, impulsada por años de déficits presupuestarios y por un entorno en el que obtener recursos mediante la emisión de deuda resulta cada vez más costoso.
Uno de los principales focos está en el bono del Tesoro a 10 años, cuyo rendimiento se encuentra cerca del 5% y amenaza con alcanzar su mayor nivel en 19 años.
El movimiento tiene consecuencias mucho más amplias que el costo de la deuda gubernamental. Esta tasa funciona como una referencia fundamental para el sistema financiero estadounidense y puede trasladar presión hacia créditos hipotecarios, financiamiento automotriz, tarjetas de crédito y valuaciones bursátiles.
Carlos Ponce, socio fundador y director general de SNX, explicó que una tasa cercana al 5% reduce el valor presente de los flujos futuros de las empresas, lo que puede traducirse directamente en menores valuaciones para las acciones.
La presión ha persistido incluso después de una intervención mediante compra de bonos por parte del secretario del Tesoro, cuyo efecto sobre el comportamiento del mercado resultó limitado.
Inflación y petróleo meten más presión
El escenario se complica con una inflación estadounidense que se ubicó en 3.4% anual durante agosto, todavía por encima de la meta de 2% de la Reserva Federal (Fed).
A esto se suma el repunte de los precios internacionales del petróleo provocado por la guerra en Irán, un factor que podría trasladarse a los precios internos y dificultar todavía más el descenso de la inflación durante septiembre.
La persistencia inflacionaria coloca además a la Reserva Federal ante una decisión particularmente delicada sobre las tasas de interés. Los mercados asignan una probabilidad de 70% a un incremento de 0.25 puntos porcentuales, una medida que añadiría presión al costo del dinero.
Unas tasas elevadas durante más tiempo implican financiamiento más caro para el Gobierno, empresas y consumidores, precisamente cuando Washington administra un volumen de deuda que ya estableció un nuevo máximo histórico.
Una señal que no aparecía desde hace casi dos décadas
El calendario añade una coincidencia significativa. Este 15 de septiembre se cumplen 18 años de la bancarrota de Lehman Brothers, cuya caída en 2008 aceleró la crisis financiera internacional más severa desde la Gran Depresión.
El escenario actual no reproduce automáticamente las condiciones de aquella crisis, pero el costo de financiamiento estadounidense sí está regresando a niveles que no se observaban desde aquella época: el rendimiento del bono a 10 años se encuentra en el umbral del 5%, mientras la deuda federal acaba de cruzar los 40 billones de dólares.
Al panorama se añaden las dudas de los mercados sobre las elevadas valuaciones vinculadas con el auge de la inteligencia artificial, que han alimentado el debate sobre la posible formación de una burbuja en el sector tecnológico.
Estados Unidos llega así a la recta final de 2026 con deuda récord, bonos del Tesoro cerca de máximos de 19 años, inflación de 3.4% y petróleo al alza, una combinación que mantiene bajo presión el costo de financiamiento durante el segundo gobierno de Donald Trump.
“Todo apunta a días volátiles”, prevé Ponce.









