Rodrigo Rojo / @Eneas
La historia puede sonarnos familiar: grandes intereses económicos promueven la creación de un nuevo aeropuerto para “desarrollar” un área principalmente rural. La comunidad que habita en el área se une para rechazar el proyecto, comienzan una campaña de resistencia civil y, finalmente, el gobierno manda a la policía para reprimirlos. Sin embargo, a causa de la presión social generada en respuesta a la manera en que actuó la policía, el aeropuerto no se construye y el proyecto se suspende temporalmente.
Atenco nos viene inmediatamente a la memoria.
Pero esta vez no estamos contando la historia de los ejidatarios del Estado de México. Estamos a 9 mil kilómetros de distancia, en Notre-Dame-des-Landes, un poblado de apenas unos miles de habitantes al oeste de Francia. El paralelismo entre los casos parecer mostrar que, sin importar fronteras ni latitudes, el sistema económico siempre defenderá los grandes intereses comerciales por sobre el bienestar de la gente.
La lucha de los granjeros de esta pequeña comunidad, a sólo 20 kilómetros de Nantes –ciudad de casi un millón de habitantes–, comienza hace casi 40 años. La mega constructora Vinci, financiada con capital extranjero, realizó un estudio en el que indicaba que el aeropuerto existente, Nantes-Atlantique, ya no era suficiente pues el tráfico aéreo había crecido mucho.
El estudio señala que los terrenos de agricultores en Notre-Dame-des-Landes son los ideales para realizar el nuevo aeropuerto: cercanos a Nantes, con espacio suficiente para crear dos pistas, con la orientación adecuada para facilitar el aterrizaje y despegue. Además, Vinci presentó un proyecto para utilizar “eficientemente” el terreno: construirían un gran estacionamiento, desarrollarían las carreteras y permitirían mayor comunicación y progreso en esta área de Francia que, hasta el día de hoy, se dedica a la crianza de vacas lecheras. Todo esto, por supuesto, construido y manejado por la empresa, quien sería el gran ganador del proyecto de desarrollo.

En aquel tiempo, la población que habita el área afectada y los habitantes de Notre-Dame-des-Landes pudieron detener el proyecto a través de la protesta pacífica y por la vía jurídica. Así, el proyecto del aeropuerto quedó enterrado y aparentemente olvidado por Vinci hasta el año 2000, cuando la constructora volvió a activarlo.
Pero los años no habían pasado en vano, la población permaneció alerta. Cuando observaron que se reanudaron los movimientos, no les sorprendió pues sabían que algún día regresaría la empresa. Algunos de los habitantes de la zona se juntaron para crear una resistencia más organizada y que pudiese actuar en diferentes frentes. Así nace ACIPA (Asociación Ciudadana Intercomunal de Poblaciones preocupadas por el proyecto del Aeropuerto de Notre-Dame-des-Landes o Association Citoyenne Intercommunale des Populations concernées par le projet d’Aeroport de Notre-Dame-des-Landes), que, junto con otros colectivos organizados en una Coordinadora de opositores al proyecto del aeropuerto han logrado que éste no se construya. La estrategia ha sido desarrollar la resistencia civil pacífica y la ocupación de los terrenos en los que se pretende construir el aeropuerto.
Aunque algunos de los granjeros han vendido sus tierras debido a la presión de la constructora y el gobierno, todavía quedan muchos habitantes que sostienen “Nacimos aquí, aquí nos quedamos” como una consigna que le advierte a Vinci que sacarlos no será fácil. Ellos continúan con sus actividades normales dentro del territorio al que han nombrado como ZAD (Zona a Defenderse, Zone a Défendre), el área que sería ocupada por el Aeropuerto.
Junto a ellos están cientos de personas que han venido a ocupar la ZAD, a levantar construcciones y barricadas para evitar que la maquinaria de Vinci comience con las demoliciones. Son jóvenes y adultos que están convencidos que en esta batalla se le puede arrebatar una victoria al capitalismo abusivo. Han llegado aquí para vivir en comunidad, algunos de ellos llevan aquí algunos años y han hecho su vida al mismo tiempo que su lucha. Siembran campos, mantienen vacas, cerdos y gallinas, viven con trueque y se organizan para funcionar como una comunidad en resistencia.

Esto, por supuesto, no ha sido fácil. Hasta hace algunos meses, tuvieron que luchar contra la ocupación policíaca del territorio. En noviembre del año pasado las fuerzas públicas desplegaron una gran represión y demolieron algunas granjas y construcciones. La policía no dudó en usar grandes cantidades de gas lacrimógeno que contaminaron algunos de los terrenos y plantaciones en donde se siembra de forma orgánica.
La acción policíaca movió a grandes cantidades de personas que se manifestaron en Notre-Dame-des-Landes y en París, provocando tal presión que la policía abandonó la ZAD el 19 de Abril de este año.
Los granjeros y ocupantes consideraron esto como una pequeña victoria. La conciencia que se levantó a partir de todo este movimiento permite asegurarles que la policía no volverá y que Vinci intentará alguna otra cosa para construir su aeropuerto. Algunos de ellos mencionan que, si la policía volviese, toda Francia vendría a apoyarlos.
Esta afirmación no es descabellada. Francia se encuentra en recesión económica, con una tasa de desempleo del 12 por ciento y cada vez más gente sin casa debido a las hipotecas elevadas. De llevarse a cabo una acción represiva a gran escala en esta área, Notre-Dame-des-Landes podría ser la chispa que encienda un proceso masivo para detener el avance de un sistema económico que ha demostrado ser inequitativo a extremos crueles. Maqui, uno de los ocupantes de la ZAD, no lo duda: “Aquí se gesta la próxima Revolución Francesa”.
Efectivamente, Notre-Dame-des-Landes ha demostrado ser un modelo exitoso de organización y se constituye como una alternativa al capitalismo desgastante que actualmente se encuentra en una de sus peores crisis en este continente



