(28 de mayo, 2020. Revolución TRESPUNTOCERO).- Ante los diferentes intentos de generar pánico y alarmismo en la población mexicana, la oposición ha buscado constantemente la forma de exacerbar las cifras de COVID-19 en México, especialmente las de fallecimientos.
Incluso desde la llegada del virus al país, algunas figuras públicas tanto de la política como del periodismo, que le han declarado la guerra mediática al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, ya se mostraban ansiosos de que se presentara la primera muerte, por lo que se anticiparon e hicieron el anuncio falso sobre la supuesta muerte del empresario José Kuri.
Raymundo Riva Palacio culpa a la familia de Kuri por la falsa noticia de su muerte; “dieron versiones contradictorias”, se queja
https://t.co/1K5KmVbMtW— Revolución 3.0 (@Revolucion3_0) March 16, 2020
A principios de mayo llamó la atención que se publicaran de manera simultánea —coordinada casi con cronómetro— artículos de El País, The New York Times, The Wall Street Journal y The Washington Post, donde se planteaban supuestas discrepancias en las cifras oficiales de casos y muertes por coronavirus en México, aunque sin presentar pruebas y, en el caso de The New York Times, solo citando “fuentes anónimas”.
También de manera sospechosamente sincronizada, actores políticos y periodísticos de la oposición replicaron los artículos al instante —incluso varios de ellos a la misma hora—, entre los que se encontraba el expresidente Felipe Calderón, Carlos Loret de Mola, Denise Dresser, Raymundo Riva Palacio, Héctor de Mauleón y León Krauze; es decir, los principales difusores de noticias falsas durante la pandemia de COVID-19.

Después, la mañana del pasado martes 26 de mayo, el diario Reforma publicó en su primera plana que México es el país con mayor número de mortalidad en pacientes de coronavirus de toda América Latina, lo que ameritó las aclaraciones del subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell.
El funcionario señaló que, si bien todos los países reportan un número de fallecidos, las mediciones varían, pues en México los casos no graves no son contabilizados al momento de hablar de los muertos.
“La letalidad de caso, como se conoce técnicamente en la epidemiología, es la proporción o porcentaje de personas que mueren, muy desafortunadamente, de una enfermedad, en este caso COVID, dividida por el número de personas que tienen la enfermedad”, explicó.
Esta mañana Dr. @HLGatell explicó el significado de la letalidad de caso y las razones por las cuáles es incorrecto hacer comparaciones en este rubro con otros países.
Es falso que México sea el país con mayor letalidad por #COVID19 en América Latina. pic.twitter.com/ZNs2n7cyE5
— Gobierno de México (@GobiernoMX) May 26, 2020
Asimismo, aclaró que “este indicador se mide o se estima en las poblaciones, mediante la vigilancia epidemiológica, cuando se hace un recuento exhaustivo de todos, absolutamente todos los casos —que es el denominador— y de todas las muertes —que el numerador—. Eso sería lo ideal. Y entonces sí podríamos hacer comparaciones entre países, en una misma región como América Latina o en todo el mundo, y decir: ‘este país tiene mayor letalidad que este otro’. El significado de la letalidad es la intensidad de la consecuencia, la magnitud de la consecuencia más grave que puede tener una enfermedad, que es la pérdida de la vida”.
Sin embargo, el esfuerzo de algunos medios por mantener la confusión persistió y le impregnaron un tono amarillista al aparente incremento de 501 muertes entre el 25 y el 26 de mayo. Como ya se ha vuelto algo recurrente, López-Gatell tuvo que repetir algunas de sus explicaciones durante la conferencia vespertina de la Secretaría de Salud (Ssa).
Aclaré la diferencia entre mortalidad y letalidad. En el caso de la letalidad, no se puede comparar entre países porque cada uno tiene un abordaje diferente en la vigilancia epidemiológica. Ninguno puede registrar todos y cada uno de sus casos de #COVID19. pic.twitter.com/Dk8D9Kwamw
— Hugo López-Gatell Ramírez (@HLGatell) May 28, 2020
Primero puntualizó que toda la información proviene de los estados, de acuerdo a la ley y a la norma oficial mexicana para la vigilancia epidemiológica —la 017—, donde se enmarca que las facultades del Gobierno Federal son integrar, analizar, interpretar y comunicar la información de las entidades federativas.
Después comentó: “ayer (26 de mayo) tuvimos esta suma de notificaciones: 501 (fallecimientos) y fue el momento de presentarla, como hemos hecho todos los días. Sin embargo, es importante —para no interpretarlo en el sentido de que ayer fue el día con la mayor intensidad de mortalidad, lo que naturalmente llevaría a pensar que la epidemia ayer fue aun más grave que anteayer, que el dia previo y que la semana anterior, cosa que afortunadamente no es cierta—, la razón de esa situación es que se acumularon los datos por distintas razones. Y nosotros, al recibirlo en el esquema de comunicación en tiempo real, pues lo traemos y lo comunicamos”.
A decir del subsecretario, cuando se presenta una muerte por COVID-19, en las unidades hospitalarias o incluso en el domicilio de la persona, se debe emitir un certificado de defunción, el cual —recalcó— tiene un carácter legal gratuito.
“La persona que certifica, que habitualmente es un profesional de la salud, concretamente un médico, una médica, con una cédula profesional, debe poner las causas de muerte y entre estas causas de muerte deben ponerse en el orden en que las causas fueron llevando al desenlace final”, detalló.
La lista empieza con la causa más inmediata de la defunción —por ejemplo, insuficienca respiratoria—, seguida de las otras causas que fueron llevando a esa “causa directa”. Por lo tanto, en el último renglón del certificado hay un espacio para la “causa básica” de la muerte.
Lo anterior responde a la carátula que expuso hace semanas, sobre el correcto llenado de los certificados de defunción, acorde a los lineamientos de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El epidemiólogo describió los tres casos con los que se han enfrentado, lo cual genera cierto desfase natural al momento de notificar las cifras.
Escenario 1
Paciente al que se le pudo tomar una muestra de secreciones respiratorias para diagnóstico por laboratorio (que se procesa entre 24 y 72 horas) y se obtuvieron los resultados antes de la muerte.
En este caso, se registra COVID-19 o SARS-CoV-2 como la causa básica de la muerte.
Escenario 2
Paciente al que se le tomó una muestra útil para diagnóstico por laboratorio, pero al momento de fallecer no se conoce todavía el resultado.
No obstante, el certificado de defunción hay que emitirlo de manera inmediata, entonces corresponde poner como causa: probable COVID-19.
Escenario 3
La persona llega demasiado tarde al hospital y fallece tan pronto llega al hospital, quedándose sin un diagnóstico de laboratorio.
Nuevamente, el lineamiento de correcto llenado del certificado dicta que se ponga como causa básica de la muerte: probable COVID-19.
De acuerdo a estas aclaraciones, el punto más alto en cuanto a mortalidad ocurrió el 15 de mayo, con casi 250 fallecimientos. Además, el subsecretario presentó una gráfica donde se distingue el momento en que ocurrieron las defunciones de cuando fueron informadas.

El color rojo hace referencia a las defunciones anunciadas antes del 19 de mayo. El color beige corresponde a los decesos notificados entre el 19 y el 25 de mayo, aunque hayan sucedido antes. Y finalmente, el color azul muestra las 501 muertes que se comunicaron el 26 de mayo, aunque se hayan acumulado con anterioridad.


