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Décima entrega :: #OccupyGezi #DirenGeziParki

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Son cerca de las cuatro de la mañana del 14 de junio. Durante todo el miércoles y lo que va del jueves (el viernes llega con el sol) ni Taksim ni Gezi han sido atacados. Me retiré del campamento cerca de la dos de la mañana, mientras una serie de pianistas todavía tocaban bajo el monumento a la guerra, que está en la boca de Istiklal, y mientras menos de la mitad de la gente acampando en Gezi dormía: el resto platicaba fumando cigarrillos fuera de sus casas de campaña o caminaba por el lugar.
 
Salvo la parte norte del parque, Taksim y Gezi están rodeados de policías antidisturbios; hay cientos por todos lados, quizá lleguen a los mil. Le gente sigue estando en la plaza pero, a juzgar por las posiciones de las piezas, la policía ha ganado más de media guerra. Una vez pasados los disturbios del martes por la noche la policía se arrinconó en donde está ahora y no se ha movido. También ha quitado casi todas las barricadas: ahora sólo existen tres o cuatro, quizá menos. La situación ha sido tensa, y por lo que he podido escuchar y entender, parece que la gente también está esperando un final a todo esto más pronto que tarde. La ocupación del parque, sin embargo, sigue funcionando.
 
Esta noche, según dice la gente y las redes sociales, un grupo de Taksim Solidarity se ha reunido con Erdogan en Ankara mientras otro grupo, también de Taksim Solidarity, se ha reunido con el gobernador de Estambul en Estambul. La situación es algo confusa, pues por lo que pude entender no se sabe a ciencia cierta quiénes han sido elegidos como representantes del movimiento y la acampada para que platiquen con el gobierno, ni en Ankara ni en Estambul. Supongo que las noticias llegarán mañana por la mañana.
 
Cuando me fui de Taksim había gente jugando voleibol en medio de la plaza y, en varios puntos del campamento, había grandes grupos de manifestantes tomados de la mano bailando una típica danza turca, lenta, en donde los bailadores dan pequeños pasos hacia los lados y van girando en círculo en dirección contraria a las manecillas del reloj. También seguían habiendo tambores.
 
No recuerdo si fue ayer u hoy cuando Erdogan dijo que los manifestantes tenían 24 horas para desalojar la zona, pues su paciencia había acabado. A raíz de este comentario todo el día hubo el sentimiento de que un ataque policial era inminente; la gente estaba tensa. El gobernador de la ciudad incluso se dirigió públicamente a las madres de los manifestantes para que fueran al parque y se los llevaran, pues algo les podía ocurrir. Y bueno, sucedió la nota del día: muchas madres fueron a Gezi, en efecto, pero formaron una cadena humana entre los policías, quienes según twitter ya se habían puesto sus máscaras antigas (señal de ataque, dice la experiencia), y los manifestantes que estaban en el parque. Incluso hubo un twitt que reportó a las madres decir: “Estamos haciendo lo que la policía no ha podido hacer: proteger a nuestros hijos”. Todo esto fue transmitido por livestreams desde el lugar de los hechos. Los policías, después de habrá sido veinte minutos o media hora, se quitaron las máscaras y volvieron a relajarse. Luego todo siguió como estaba cuando dejé el lugar: sin señal obvia de ataque.
 
En esta caminata de noche me dijo una amiga norteamericana que varios sindicatos anunciaron hoy jueves que, de haber un ataque contra el parque en las próximas 24 horas, esto es, antes de haberse reunido el gobierno con representantes de la ocupación, 280 mil personas renunciarían a sus trabajos. Esto me parece poco probable, pero quizá habrán dicho que 280 mil personas se pondrían en huelga; pero eso fue lo que dijo esta chica hace poco menos de dos horas.
 
Ahora que tengo tiempo para reflexionar, me pregunto cuándo se convierte un juego en una guerra. ¿En qué momento se sale de control todo y la única manera de solucionarlo —piensan los involucrados— es a golpes o eliminando al contrincante, o callándolo a como de lugar?… No logro identificar el origen.
 
A los manifestantes, jóvenes de universidad y jóvenes de no universidad, se les ha llamado terroristas y radicales. ¿Qué tan peligrosos son en realidad? ¿Qué tanto ponen en jaque la seguridad de un país para que éste los mate? Nadie realmente había hablado con ellos seriamente hasta la noche de hoy. El Estado, no obstante, no dejó de intentar silenciarlos a golpes durante los catorce días que han llevado arrinconados en un parque; no se les habló como a iguales; siempre se les trató como menos. Estoy seguro que este tipo de acciones, la forma en que se ha lidiado con la disidencia, dice mucho de un gobierno. Y claro, este episodio no habla nada bien del gobierno turco.
 
Al final de cuentas, creo, esta situación es un juicio de valores. ¿Qué se defiende más, el principio de libertad o el principio de democracia?
 
A primera instancia parecería lo más normal y lógico abogar por la democracia, pero la pregunta es engañosa. Ya lo dijo Jefferson cuando se fundaba la primera democracia moderna: la democracia no es más que la ley de la turba, donde el 51 por ciento puede quitarle sus derechos al 49 restante.
 
Pues algo parecido sucede ahora.
 
Me dijo hoy el encargado de la biblioteca Cervantes en Estambul que lo que pasaría es que Erdogan les daría por culo a todos esos comunistas que estaban en el parque y que la gente (la turba) lo querría por ello. Y puede ser, pero también creo que el que pueda ser cierto eso no le da la razón ni a él ni a Erdogan.
 
Creo que, más allá de los árboles por lo que empezó todo esto, lo que se ha defendido a capa y espada, con cuatro muertes y miles de heridos a lo largo y ancho de Turquía, es precisamente ese principio de libertad que, no me cabe duda, sobrepasa al principio de democracia. Al final de cuentas se ha intentado defender —y se ha defendido— el derecho a ser diferente, el derecho a decir que no, el derecho de protestar por algo mal visto por una comunidad, en fin, el derecho a pensar lo que uno quiera, y no lo que otros le impongan.
 
Todo esto tiene sus altos y sus bajos, claro, sus cosas muy criticables, sus aciertos, sus errores, pero estoy seguro que ese ha sido y sigue siendo el delito de mucha gente que resiste en el parque: pensar diferente.
 
Los primeros días —el primer fin de semana especialmente— gran parte de la ciudad estaba muy emocionada. Las barricadas habían logrado llegar hasta la avenida Dolmabace, haciendo a la policía retroceder hasta sus cuarteles de Besiktas y obligando al gobierno de Estambul a llamar a miles de refuerzos de todo el país para que apoyaran a la policía local e hicieran retroceder a los manifestantes; habían dos frentes de lucha, Besiktas y Taksim, y se había logrado separar a la fuerza policial para repartirse a toda la gente que resistía en la calle día y noche; estaba Ankara (que ahora mismo, mientras escribo esto, parece que sigue resistiendo embates policiales) e Izmir, y 80 ciudades más; los ferries llegaban de los puertos asiáticos a los puertos europeos llenos de gente con banderas rojas y cubrebocas que se aplaudían mutuamente a pesar del fuerte olor a gas lacrimógeno que había en toda la parte central de la ciudad; los carros pitaban y la gente se gritaba consignas de apoyo en todos lados… era un ambiente de celebración y rebeldía que parecía haber llegado justo a tiempo.
 
Por lo que he podido platicar en el parque con personas que hablan inglés, ellos y ellas también recuerdan esos primeros días con ojos de júbilo, como si les hubiera tocado vivir algo muy importante no solo para ellos, sino para mucha gente, y sonríen.
 
Veremos que pasa mañana.
 
 

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