Rodrigo Rojo / @Eneas
(28 de junio, 2013).- La habitación de Andrés pareciera ser su propio museo. En todas las paredes y sobre los muebles se apilan decenas de sus cuadros. Desde ellos, las miradas femeninas nos siguen cuando nos sentamos para platicar. Las bolsas de agua que cuelgan de algunos muebles se confunden con las que tiene pintadas en algunos de sus cuadros: “El agua es muy importante para mí, es un símbolo del inconsciente. Es el medio por el que te puedes adentrar en el mundo de los sueños”. Algunos cuadros presentan escenas surreales que evocan precisamente ese paso del mundo real al mundo onírico, con el agua funcionando como elemento de frontera.

Sobre uno de los estantes hay una hilera de cuadros más pequeños, hechos con una técnica diferente, de trazo trémulo. En ellos hay una mujer que yace recostada mientras un pez la contempla desde corta distancia. Andrés me explica que en los cuadros que realiza con esa técnica se aleja mucho de la precisión que utiliza en la mayor parte de su obra, más orientada hacia el hiperrealismo. Aquí busca que la pintura y el agua interactúen para crear sus propios trazos azarosos, algo que él no pueda controlar y que sirva como canal para transmitir algo de su inconsciente.
La cortina naranja que cubre la única ventana llena la habitación de Andrés de un color cálido. Bajo ese filtro, sus pinturas parecieran avivarse. Casi en el techo, una mujer con un tejido de nopales intenta protegerse, quizás del clima, quizás de un enemigo que no se ve. Según Andrés, ahí se puede encontrar muchos de los rasgos que lo definen como pintor pero también como migrante.
El agua está presente en los nopales y en los paraguas que esperan a que caiga la tormenta; la mujer tiene la piel lacerada por las espinas de la tela que se construyó para protegerse. Ésa es la contradicción que Andrés ve en su experiencia como migrante: sales a buscar oportunidades, a intentar vivir haciendo lo que quieres pero también traes una cultura detrás tuyo y unas experiencias anteriores, “al final, no eres de aquí y no eres de allá”.

Quizás por ese motivo, Andrés siente que no puede alejarse tampoco de la realidad política mexicana. Quizás también por eso deja constancia de esta realidad en algunos de los murales que ha hecho para restaurantes mexicanos en Madrid. Por ejemplo, si uno se fija con detenimiento en el mural que adorna una de las paredes del restaurante “La Mordida”, entre las imágenes de personajes mexicanos como La Catrina, Frida Kahlo o Cantinflas, aparece Andrés Manuel López Obrador, con todo y banda presidencial, encabezando una marcha contra la privatización de Pemex.

Andrés nos cuenta que ha sido muy afortunado de poder realizar este tipo de trabajos en España porque le permiten vivir de la pintura. Cree que sería muy difícil lograr esto en México y por este motivo desea quedarse un tiempo más en este lado del Atlántico. Con esa decisión, él lo sabe, viene también la carga de ser poco conocido en México. A pesar de que en Europa ha tenido varias exposiciones en España y Alemania y que lo conocen varios galeristas, en México todavía no se da a conocer mucho. Sin embargo, en octubre próximo una galería va a llevar una muestra de su obra a Expo Reforma, en la Ciudad de México. Ahí podremos conocer más de la obra de este pintor que nunca ha dejado de posar su vista en México.



