Por: Natalia Antezana / @Natalia3_0
(29 de junio, 2013).- “El problema tronó cuando empezaban a llegar a tu casa y te decían ‘me gusta mucho tu mujer ahorita te la traigo, pero mientras me bañas a tu niña, porque ésa sí se va a quedar conmigo varios días’, y no te la regresaban hasta que estaba embarazada”, cuenta el Dr. José Manuel Mireles Valverde, Consejero General del Consejo Ciudadano de Autodefensa, del municipio de Tepalcatepec, Michoacán.
José Manuel relata que desde hace 12 años los cárteles del crimen organizado se empezaron a disputar el territorio de tierra caliente en Michoacán: iniciaron “Los Zetas”, que fueron desplazados por “La Familia Michoacana” de la cual se desprendió otro grupo llamado ahora “Los Caballeros Templarios”.
Hace aproximadamente tres años y medio, los representantes de los Caballeros Templarios hablaron con la población para informarles que no se involucrarían con la gente, simplemente que estaban ahí para hacer negocios con los narcotraficantes de la región, lo cual se cumplió en un principio. No obstante, más tarde, como consecuencia del recrudecimiento del conflicto, muchos integrantes de los cárteles emigraron y fue entonces cuando empezaron a cobrar cuotas, derechos de piso, “derechos por vivir” a la gente del pueblo, explica el doctor.
Esta situación no pudo ser controlada por las autoridades en los tres niveles de gobierno, puesto, que según José Manuel, eran parte de la nómina de los cárteles: “Cuando entraban personal militar y federal, nunca los encontraban, pero nosotros sí veíamos como se sentaban a desayunar en la misma mesa, con los meros líderes”, explica el consejero.
El problema no surgió con las cuotas puesto que la población se acostumbró a vivir con eso: si al ganadero le cobraban mil pesos más por cada cabeza de ganado, a la hora de venderla él también cobraba la cuota. El problema grave inició con el rapto de mujeres y niñas, lo cual fue el detonante para la organización comunitaria en la formación de un Consejo de Autodefensa.
“Estamos aquí, desde una de las posiciones en las que estamos vigilando la tranquilidad de nuestro municipio. Y de que los miembros de la delincuencia organizada, de cualquier cártel que se trate, no vuelvan a invadir nuestra tierra, nuestra propiedad y nuestra familia”, dijo.
“Cuando se destapó el movimiento, que fue rápido y simultáneo, Se detuvieron a bastantes personas del crimen organizado: se les decomisaron armas, se les decomisaron vehículos y fueron entregados al ejército, que a su vez, los entregó al Ministerio Público Federal de Apatzingán. A las doce de la noche, todos estaban libres otra vez”, informó Mireles.
Tras este suceso, se dieron cuenta que tenían en contra al propio sistema, que los tenían que defender, indica el doctor. Asimismo denuncia que cuando alguien ponía una denuncia en el Ministerio Público, al día siguiente aparecía muerto junto con su familia y la hoja de denuncia “destrozada” en la puerta de su casa.
El 24 de febrero, Buenavista, La Ruana y Tepalcatepec se “levantaron en armas” para un movimiento de defensa armada. Originalmente también tenían que hacerlo Apatzingán y Coalcoman, sin embargo los descubrieron y fueron amenazados.
“Uno de la meseta purépecha dijo algo bien claro: si queremos defendernos, necesitamos hacerlo por nosotros mismos […] Nosotros no mandamos a ningún indígena a Nueva York a que lo prepararan la policía de allá, para que aprendiera tácticas sobre la delincuencia y tampoco les pagamos para que mandara gente a preparar a nuestros policías. Nosotros simplemente nos armamos y los sacamos”, dijo el doctor, lo cual también sucedió en Tepalcatepec.
“No somos militares, no somos guerrilleros, yo soy médico cirujano, hay otros compañeros ingenieros, otros agrónomos, otros son empresarios. Simplemente observamos lo que hicieron los purépechas y lo hicimos”, explicó José Manuel Mireles.
El consejero ciudadano emplazó al estado mexicano a asumir la responsabilidad constitucional de proteger a su población y, además, le dio un mensaje a los medios de comunicación de transmitir los acontecimientos con la verdad y no únicamente con “lo que les permiten decir”.


