José Arturo García / @SoyArturito
(04 de agosto, 2013).- Los familiares de las doce personas desaparecidas del bar Heaven volvieron a salir a las calles. Iban y volvían entre los autos de Paseo de la Reforma. Con flyers en sus manos. Repartiendo el papel con los rostros de quienes no aparecen hace más de 60 días.
-Qué le duele más, ¿la indiferencia de las personas o la falta de respuesta en las investigaciones de la Procuraduría? -le pregunto a una de las familiares.
-Las dos cosas: una por ser la sociedad y la otra por ser la autoridad -responde con lágrimas Bety, tía de Monserrat Loza, una vez que se le terminan los flyers.
“Me duele que la gente a veces ni siquiera me mira. No es grato pero tenemos que seguir porque estamos desesperadas. Esto es una forma de pedirles apoyo. Ahí vamos”, libera entre uno y otro flayers repartido junto al Ángel de la Independencia.
Bety avanza rápido entre las personas. Una vez que termina de entregar los papeles que lleva en sus manos, regresa con otros familiares y voluntarios, pide más y continúa su labor bajo un rostro de desesperación y llanto.

A este segunda convocatoria para volantear el rostro de sus desaparecidos llegaron activistas, estudiantes e integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Roberto Villanueva fue uno de ellos y así se explica:
“Estamos aquí por solidaridad y como un acto de concientización. Decidimos volantear aquí, junto al Ángel de la Independencia, el emblema de la ciudad de México, para decirle a la sociedad que no es posible que haya doce jóvenes desaparecidos en una área como ésta. Que se los hayan llevado a plena luz del día y sin que las cámaras registraran algo”.
Como Roberto, una docena de personas más se unieron a la convocatoria para repartir la información entre los visitantes de Zona Rosa, lugar a donde llegaron por vez primera a repartir los papeles que, del lado contrario a los rostros, llevan plasmada la leyenda “Si sabes algo llama al 55 33 55 33. Línea Ciudadana. Recompensa. 10 millones de pesos”. Al final, el logo del Consejo Ciudadano de la Ciudad de México.
“No es posible que ni con una recompensa de 10 millones la gente se anime a decir dónde están los muchachos”, dice otra madre mientras camina por la calle Génova.
La tarde avanza en Zona Rosa. Se escucha un género musical distinto al pasar frente a cada bar y antro del lugar. La señora Bety llora al ver a los jóvenes ahí, tomando. Despreocupados. Y sólo quedan sus palabras en cada petición: “Por favor, ustedes que son muchachos les pedimos su solidaridad. Si saben algo, díganlo. A cualquiera le puede pasar esto”.


