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Acosados por morenos en un país mestizo

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Enrique Legorreta / @enriquelego3_0

 

Cuando la familia de Marina arreció el acoso por su tono de piel, ella encontró una solución al problema: beber una botella de sosa caustica para poner fin a su vida.  Su prima, su principal agresora, forma parte de ese 20% nacional según Encuesta Nacional sobre Discapacidad 2010– que justifica los insultos en la calle por el color de piel. Esto, en un país de mestizos.

(06 de agosto, 2013).- Dos cosas, pensó Marina, la tenían a salvo del bullying que sufrían sus compañeros de escuela por tener piel morena: su tez es de tonos claros y en la escuela lleva una buena relación con sus compañeros.

Sin embargo, se encontró que dentro de la familia también podría toparse con el acoso… sólo por salirse un poco de la paleta de colores de los estándares de belleza.

“La familia de mi mamá es un poco racista, sobre todo mi abuela, ya que siempre ha tenido ese tipo de acciones (discriminación) con gente de color, sobre todo porque tienen una concepción de la imagen de la belleza como de que la gente de piel blanca es superior.

“Mi abuela siempre nos cuidaba a mi prima y a mí, y mi prima es mucho más blanca que yo. Cada temporada vacacional me iba a la playa con mi papá y siempre regresaba bronceadísima, ya que con la exposición solar agarro mucho color, lo que me hacía parecer morenita. Eso dio paso al bullying”, contó.

No hacía falta golpear o amenazar. Como el sol que gradualmente tuesta la piel con la exposición, el acoso se intensificó hasta dañar a Marina al punto de matarla.

“Mi prima me molestaba por esa situación, por llegar morenita, bronceada de mis vacaciones. Me molestaba por ser morena en ese momento, a tal grado que un día yo le dije que no quería estar negrita y lo que hizo mi prima fue decirme que me debería de tomar una botella de Clarasol (nombre comercial para sosa caustica), que me serviría para aclararme el color de piel y lo hice.

“Salí a buscar al patio de la casa de mi abuela una botella de Clarasol para tomármela, para lavarme las manos con eso y por azares del destino mi abuela se dio cuenta y me detuvo”, comentó Marina.

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Aunque México es un país mayoritariamente habitado por mestizos, la discriminación por motivos raciales es una de las que  más prevalece en el país.

Datos del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) señalan que el 64 por ciento de los mexicanos se considera moreno; pese a ello, el 30 por ciento de la población reconoce que sí le importa el color de la piel al momento de establecer relaciones afectivas.

Existen 7 millones de indígenas y 450 mil afromexicanos que por su raza o color de piel son discriminados, y ocho de cada diez personas piensa que en México se insulta a las personas algo, poco o mucho en la calle por su color de piel.

En los niños el racismo ha permeado en abuso: según la Encuesta Nacional sobre Discapacidad 2010, dos de cada diez niños señalaron que ha sido objeto de burlas por parte de sus compañero y dos de cada cinco menores afirman que sus compañeros de clase muchas veces los han hecho sentir avergonzados.

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“Mi abuela llegó a quitarme la botella. Yo le dije que me quería aclarar la piel y me dijo que no, que no hiciera eso, que no iba a pasar lo que me había dicho mi prima. Era falso, que no le hiciera caso”, comenta Marina.

Si lo hubiera hecho, los primeros minutos habrían resultado en un dolor intenso y agudo en todo el tracto digestivo, se habrían inflamado los labios, creado lesiones en la lengua, irritación en el esófago que, con el paso de los minutos, se convertirían en hoyos que dejarían escapar toda la sangre a la altura del pecho.

En minutos, Marina habría muerto por una hemorragia interna imposible de contener, pues la pared aórtica estaría corroída inevitablemente.

“Mis papás me trataron de explicar que estar morenita no estaba mal, que lo que había hecho estaba mal. En el caso de mi abuela continuó siendo de la misma manera que siempre había sido, por la educación que ella tenía”, comentó

Por segundos, Marina evitó engrosar las estadísticas de la Procuraduría General de la República: en México, 1 de cada 6 niños que pasan por situaciones de bullying se suicidan.

Más datos retratan el drama: la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) destaca que México ocupa el primer lugar internacional en casos de bullying entre estudiantes de secundaria y la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) señala que este problema de violencia afecta a la convivencia de las niñas, niños y jóvenes en todo el país.

Mario Delgado, senador perredista, presentó en el periodo ordinario pasado una iniciativa de ley para combatir el bullying de manera institucional. A través de un Consejo de Convivencia Escolar, un Programa Nacional para la Promoción de la Convivencia Libre de Violencia en el Entorno Escolar y un Sistema de Información Sobre Incidentes Violentos.

“Este es un problema que no se va a resolver sólo, necesitamos que tanto los padres de familia, los maestros de nuestros hijos y las autoridades en el gobierno trabajemos juntos para erradicar este mal de violencia.

 “Tenemos que hacer consciencia en el país, llevamos seis años donde se confundía a los delincuentes como víctimas, y apenas estamos revirtiendo esta lucha que comenzó a ser de unos pocos. Lo que veo es que el equivalente a la Ley de Victimas para los niños sería una ley que atienda el acoso de violencia a nivel escolar”, señaló Delgado para REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO.

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La historia de Marina empata con otras cifras de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal: el 60 por ciento de los casos por bulliyng debido al color de piel  son hechos por mujeres.

“Actualmente estoy estudiando, ya no me gusta estar en el sol, no me gusta que me digan sobrenombres o cariños con referencia al color de piel. No creo que me haya marcado ese tipo de situación a un grado muy alto, pero si estoy de acuerdo que cuando eres niña y te pasa ese tipo de acciones pues sí te deja un recuerdo de esa situación, pero lo que podemos hacer es continuar”, comentó.

Ahora tiene 24 años y, pese al episodio de bullying, piensa que la vida tiene que seguir y que conforme pasa el tiempo cada vez se olvida más de lo que ocurrió.

Como el sol que se oculta, confía que el acoso también tendrá su propio ocaso.

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