J. Arturo García / @SoyArturito
(07 de agosto, 2013).- Brenda lo dice directo, con la mirada sostenida y agitando sus manos con fuerza: “¡A mí me entregan a mi hermano y yo dejo de chingar a este gobierno!”.
Héctor Rangel Ortiz es el hermano de Brenda. Desapareció en Monclova, Coahuila, el 10 de noviembre del 2009. Policías municipales lo secuestraron, junto a dos personas más, y lo entregaron al cártel de Los Zetas.
“¿Quiénes tenemos que ser para que nos hagan caso? ¡El pueblo le vale madres a este gobierno!”, exclama Brenda Rangel, una de las dos mujeres que se manifiestan frente a la Secretaría de Gobernación (Segob) y que este jueves cumplirán una semana en protesta.
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Este martes, Brenda Rangel y Julia Alonso, dos mujeres en busca de sus familiares, se reunieron con funcionarios de la Secretaría de Gobernación (Segob). Fueron atendidas por Mercedes Peláez, directora de Derechos Humanos de la dependencia.
Sus principales demandas fueron la localización inmediata de sus familiares y la asignación de un investigador responsable y seis agentes para cada caso de las familias López Alonso y Rangel Ortiz. “Ya no nos vamos a dejar marear como otras veces, porque nos dijeron que sí los estaban buscando y no era cierto”, indicó Brenda.
Debajo de una carpa blanca y bajo un calor que no cede, apostada sobre avenida Bucareli y con un embarazo de varios meses, Brenda menciona la otra exigencia que realizó a la Secretaría de Gobernación: tener un careo con Miguel Ángel Treviño Morales, el Z-40, ex líder de Los Zetas detenido a mediados de julio.
“A mí me interesa tener una entrevista con el Z-40, ya sea en persona o a través del Ministerio Público, para que le hagan preguntas la desaparición de mi hermano, porque si no se acuerda de él puede acordarse de Irene [Lugo Hernández] o Víctor Hugo [Aguilar Torres], las dos personas que también secuestraron”.
Los funcionarios federales aseguraron que este mismo martes darían una respuesta al pliego petitorio de Brenda y Julia, acto que no se cumplió.
“Si pensaron que por esa reunión nos íbamos a ir de aquí, se equivocaron. Yo llevo tres años y ocho meses buscando a mi hermano y no pienso volverles a creer [a los funcionarios]. Ya no confió en ellos. Nos han engañado una y otra vez”, dice Brenda con la misma fuerza en su rostro.
– ¿Qué le dirías al Z-40 si lo tuvieras enfrente?
– ¡¿Dónde está mi hermano?! – responde sin dudar.

En la pasada administración federal, la entonces titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Marisela Morales, y el todavía titular de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), Rodrigo Archundia Barrientos, firmaron la recompensa para coadyuvar en la búsqueda de Héctor Rangel.
En las reuniones, los nuevos funcionarios federales le indicaron a Brenda que “no había registro” del documento sobre la recompensa. En junio pasado, el subprocurador de Derechos Humanos de la PGR, Ricardo García Cervantes, les aseguró que “ya estaba lista la recompensa por Héctor”, pero en la Secretaría de Gobernación les volvieron a decir que no existe registro del documento.
Ante esta situación, Brenda se siente “doblemente burlada por este gobierno y el anterior. Me preocupa qué está haciendo este gobierno con lo que se pactó en la administración pasada. No porque sea un nuevo gobierno deben empezar de cero”.

Brenda le pide agua a su esposo. El calor debajo de la manta no cede. El asfalto quema y el cuerpo lo resiente. En ese instante esta futura madre, y hermana en busca de su hermano desaparecido, sentencia: “Nosotros no queremos trabajo, eso se los hemos dejado muy claro. Sólo queremos a nuestros familiares. Queremos que Enrique Peña Nieto cumpla sus promesas de campaña. ¡Ya no más mentiras! Fue suficiente. No pensamos dejar que pase más tiempo. Aquí nos vamos a quedar hasta que tengamos respuestas”.


