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Niños con covid-19 en México (o cómo desmontar el terrorismo mediático)

Infame: No mejor adjetivo para describir la campaña de terrorismo mediático de medios para sembrar pánico ante el retorno a las aulas.

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Infame. No hay adjetivo más preciso para describir la campaña de terrorismo mediático montada en medios de comunicación y alimentada por la derecha mexicana para sembrar pánico entre padres de familia ante una posible reapertura de las escuelas. En esta nueva campaña desplegada en redes, la vacunación contra covid-19 en niños se ha convertido en arma para intentar golpear políticamente al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Usar la salud de los niños como herramienta de golpeteo político, además de infame, es también miserable, bajo y ruin. 

El pasado viernes 13 de agosto, el periódico El Universal, publicó una nota principal titulada ‘Contagios de covid-19 en niños se disparan’. En tono alarmista, el diario afirma que los contagios de coronavirus en menores de edad se incrementaron drásticamente, hasta alcanzar los 225 casos diarios en promedio. Evidentemente, esta información tiene un objetivo político: sembrar el miedo entre los padres de familia ante el anuncio gubernamental de un regreso a clases presenciales. Este tipo de propaganda se ha reproducido con fuerza entre grupos conservadores y opositores, exagerando cifras sacadas de contexto para generar una reacción de rechazo entre la población. Una estrategia vil de manipulación de masas, que puede ser desmontada fácilmente con datos duros.

Según el censo de 2020 realizado por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), en México existen 38.5 millones de niñas, niños y adolescentes de 0 a 17 años, que representan el 30.8% del total de población.

Datos del Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA), oficina que depende de la Secretaría de Gobernación, desde el inicio de la pandemia en México, en abril de 2020 a julio de 2021, en el país se registró un total de 55,296 menores de edad positivos y sospechosos de covid-19. En el mismo periodo se registraron 583 lamentables fallecimientos de niños que tenían covid-19. Los datos son contundentes: a lo largo de toda la pandemia se contagió el 0.14% del total de menores de edad que viven en México y murió el 0.001% de todos los niños, niñas y adolescentes por enfermedades vinculadas al virus SARS-CoV-2.

Ignorando completamente la evidencia, los grandes medios de comunicación en el país, afines a la agenda política de la derecha, han impulsado la idea de que los niños corren un grave riesgo de contagiarse y morir al regresar a los salones de clase, en caso de no ser previamente vacunados. El descaro con que se ha impulsado esta farsa es aberrante. En primer lugar, todas las vacunas contra covid-19 están diseñadas no para evitar contagios, sino para disminuir el riesgo de casos graves que puedan derivar en muertes, principalmente entre los adultos mayores. Con o sin vacunas, no se evitará que los niños se contagien. Pero la mentira más vil, es hacerle creer a la gente que sus hijos están en inminente riesgo de morir si reabren las escuelas, a pesar del bajísimo riesgo de que esto suceda. Por supuesto, los infames medios y comunicadores que alimentan el terrorismo informativo, omiten de manera conveniente a sus intereses, que en las muertes confirmadas de menores de edad vinculadas a covid-19 estuvieron también involucradas otras enfermedades como leucemia y comorbilidades que afectaban el sistema inmunológico de los niños. De este modo, la farsa consiste en hacer pasar casos muy particulares como si fueran la regla generalizada.

A partir de esta mentira, se impulsa la falsa necesidad de vacunar a todos los menores de edad, sin excepción, para atender el problema. Algo que de paso haría muy feliz a las grandes farmacéuticas dispuestas a vender un monto adicional de 38 millones de vacunas aún a expensas de la salud de los niños. 

Esta idea alimentada desde el terrorismo informativo, completamente sacada de contexto, esconde las advertencias y recomendaciones de autoridades internacionales de salud.

“Vacunar a los niños y niñas no es prioridad para la Organización Mundial de la Salud (OMS) puesto que tienen un riesgo mucho menor de desarrollar una enfermedad grave en comparación con los adultos mayores, explicó la Científica Jefa de la OMS, Soumya Swaminathan”, señaló Naciones Unidas en un comunicado fechado el 14 de junio de 2021.

“Si bien puede haber algunos niños que corren un mayor riesgo de contraer la enfermedad grave debido a algunas enfermedades subyacentes, vulnerabilidades o comorbilidades, esos niños potencialmente podrían tener prioridad en ser vacunados cuando haya vacunas disponibles. Pero los niños como conjunto conforman un grupo de mucha menor prioridad”, enfatizó la experta de la OMS.

Por si fuera poco, la Swaminathan “consideró innecesario que los niños reciban la vacuna antes de poder regresar a la escuela”, contrario a la versión difundida por grupos de derecha en México. “Hemos visto en muchos países que las escuelas se han mantenido abiertas con mucho éxito”, dijo la experta de la OMS.

En un mismo tono se pronunció Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, mejor conocido como Unicef. A la pregunta, ‘¿Debo vacunar a mi hijo contra la covid-19?’, el organismo internacional respondió lo siguiente, en un artículo del 18 Junio 2021:

“El sistema inmunitario de los niños es distinto al de los adultos, y en función de la edad que tenga el niño puede variar considerablemente. Por el momento, las vacunas contra la covid -19 que ha aprobado la OMS no se recomiendan para los menores de 16 o 18 años (dependiendo de la vacuna concreta), aunque formen parte de un grupo de alto riesgo. Los niños no figuraban en los ensayos de las vacunas contra la covid-19 practicados inicialmente, de modo que, a fecha de hoy, hay muy poca o ninguna información acerca de la seguridad o la eficacia de la vacuna en los niños menores de 16 años. Es preciso investigar más; actualizaremos las recomendaciones a medida que se practiquen los ensayos y dispongamos de más información”. ​

La campaña de desinformación no es exclusiva de México. En EE.UU. ha ocurrido algo similar, en torno a la versión de que las escuelas, supuestamente, son focos de infección de covid-19. Algo que no se ha demostrado científicamente y los medios suelen dar como un hecho irrefutable en una muestra contundente de irresponsabilidad y dolo.

En un artículo publicado el pasado 7 de julio en el sitio de la revista científica Nature, titulado ‘Covid y escuelas: la evidencia para reabrir de forma segura’, la epidemióloga de la Universidad de California, Tracy Høeg, sostiene que no existe evidencia científica que permita suponer que las escuelas representan un riesgo mayor de contagio para los niños, en comparación a cualquier otro sitio.

“Se ha perpetuado en los medios estadounidenses que covid es peligroso y los niños son superpropagadores y las escuelas son lugares súper esparcidores del virus”, sostuvo Høeg. “Y nada de eso ha sido validado en la literatura científica”, agregó.

Esta misma versión, difundida con fuerza en la maquinaria mediática global, para beneficio de la industria farmacéutica, también se reproduce de manera acrítica en México.

Lo curioso es que cuando uno expone con datos duros, cifras y evidencia científica argumentos a favor de la reapertura de las escuelas, que además de todo será opcional en el caso mexicano, se generan reacciones furibundas provenientes de gente enajenada, fanática y sometida por el terrorismo informativo.

“Ni Hitler se atrevió a tanto”, me dijo la usuaria de Twitter, @NotNotBjork, cuando cuestioné la viabilidad de vacunar a todos los menores de edad previo al regreso a clases. “Manuel es capaz de dejar morir a los niños que sean necesarios con tal de defender a la 4T. Un verdadero patriota”, dijo otro usuario ofendido, @cesarcuellar. Otra cuenta incluso difundió mensajes en tono amenazante: “Hay chingos de personas queriendo pegarte la putiza de tu vida. ¿Vale la pena que te cuiden?”, me escribió el usuario de la cuenta @RealTemo1.

Los comentarios son una muestra de los alcances retóricos que existen en redes cuando un periodista, con datos en mano, cuestiona la campaña de terrorismo informativo impulsada por grupos conservadores con claros fines políticos. 

Como la evidencia no les alcanza para sostener su argumento, recurren al chantaje emocional barato, como instrumento de coerción. Para mí no es ninguna sorpresa, pues en los últimos meses, cada vez que he aportado datos duros contrarios a los intereses del lobby farmacéutico en México, se desata una oleada de descalificaciones, impulsada incluso de manera artificial a través de bots, para tratar de denostar mi trabajo, que al parecer resulta particularmente incómodo para ciertos grupos. De este modo, tratan de imponer la censura a través del linchamiento en redes. Para mala fortuna de estos grupos, ya estoy acostumbrado a este tipo de acciones, que dicho sea de paso, me tienen sin cuidado.

Yo seguiré documentando, investigando, analizando y evidenciando montajes informativos que buscan manipular a las masas en función de una agenda política de corte conservador.

Y más aún, cuando llegan al grado de poner en riesgo la salud de los niños, sin tomar en cuenta las advertencias de autoridades científicas y médicas tanto a nivel nacional e internacional, para lograr sus objetivos políticos. Eso sí, es no tener madre. Infame.

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