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Ni FRENA ni la CNTE, detienen al presidente

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Postrados en las alas más extremas del espectro político, uno en la derecha y otro en la izquierda, ambos grupos son un ejemplo de la desesperación de quienes piensan que con retenes, campamentos o marchas es cómo se dobla al presidente Andrés Manuel López Obrador. Que por la vía de la fuerza y/o la protesta lo harán cambiar de parecer, retroceder, declinar a sus convicciones y arrodillarse ante los intereses mezquinos y tribales que representan.
Esos grupos aún vigentes no conocen al necio y persistente de López Obrador, que desde sus tiempos de activista ha marcado una ruta como aquel que sube a una bicicleta con la convicción que el camino se hace andando.
Tanto FRENA como la CNTE han fracasado en sus métodos y sobre todo en sus propósitos. El más reciente episodio es ilustrativo: un sector del magisterio en Chiapas pensó que la mejor forma de imponer su agenda era cerrándole el paso y acosando a AMLO, obligándolo a negociar, el pasado viernes, segundos antes de entrar a la reunión del Gabinete de Seguridad y a posteriormente la mañanera.
El presidente optó por la paciencia y por no caer en la trampa de la provocación. Por eso no utilizó la fuerza pública para hacer avanzar su vehículo, como tampoco la usó en su momento para quitar un campamento de FRENA en el Zócalo de la CDMX que terminó vencido por el viento. Cómo no recordar aquellas tiendas de campaña volando por el Centro Histórico después de los aironazos. Un movimiento, sin arraigo popular, finalmente vencido por la naturaleza y por la ley de la gravedad que, por cierto, ante el extravío hoy pide “un líder” que le dé rumbo al conservadurismo.
Pero más allá de enfrentarse a movimientos vacíos, sin mayor contenido que el de imponer una agenda sectaria, el presidente ha utilizado los casos de FRENA y la CNTE para mandar mensajes profundos a todos los sectores políticos, económicos y sociales: se permite la libertad de expresión y la disidencia pero por igual se hace valer la dignidad de la investidura presidencial. A un presidente que llegó incuestionablemente por la vía legal y democrática no se le maltrata pero tampoco se le somete, nos dice.
En el caso de los maestros, para el presidente es además un tema de conciencia y de resolver una deuda histórica con ellos. Revela que nada le adeuda al magisterio al que lejos de estigmatizarlo, como sucedió durante décadas con los gobiernos pasados, ahora reconoce su importante labor pedagógica y social.
Hoy nadie los persigue ni los balea como en aquellas historias negras de represión en Nochixtlán, Oaxaca y hoy se les respeta, basifica, y en medio de la pandemia, incluso se les ha aumenta el salario, a diferencia de otros países. Después del personal de salud y los adultos mayores, el de los maestros fue el primer gran grupo social vacunado contra el Covid-19 durante la presente administración.
En el caso de FRENA, AMLO sabe que forma parte del grupo conservador más extremo que vivirá molesto y furioso con él durante todo el sexenio por lo que no tiene palabras de consuelo para ellos y a lo más los remite a agruparse, participar en la revocación de mandato y a  leer su libro “A la mitad del camino”; no solo para que se diviertan, sino para que conozcan su “pensamiento y acción” y sepan que sus posiciones no son nada personal sino la pretensión real y legítima de transformar a un país profundamente desigual y lastimosamente sometido a una corrupción que benefició a la punta de la pirámide pero carcomió a su base durante décadas.
Aunque no solo son FRENA y la CNTE quienes no pueden, ni deben acorralar al presidente, sino todos los grupos de interés que vivieron como sanguijuelas del presupuesto;  los del huachicol, los de las facturas falsas, los que medraban incluso con desastres naturales y todos los que se devoraban el presupuesto para salud y la agricultura. En fin, todos los que cobraban para enriquecerse, utilizando a los pobres y las necesidades sociales como pretexto.
En este sentido, el presidente llega “A la mitad del camino” enviando mensajes profundos y siendo consecuente con su agenda social y política: nada de someterse ni de comprar agendas particulares;  nada de ponerse a disposición de los traficantes de influencias aún al acecho. Por el contrario, colocando al pueblo como guía y soporte. Pues como le mencionó aquel ciclista que se le emparejó antes de su toma de protesta el 1 de diciembre de 2018: “tú no tienes derecho a fallarnos”. No lo tiene y lo sabe.
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