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Entre el fútbol y el activo (FOTOS)

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José Arturo García / @SoyArturito

(11 de agosto, 2013).- En la plaza Francisco Zarco hay un partido de futbol. No es cualquier encuentro. Es uno donde los jugadores son los chavos en situación de calle que habitan la olvidada zona norte de Paseo de la Reforma.

La escultura de Francisco Zarco parece observar el juego y la manera en cómo diez jóvenes se disputan un balón y no un trozo de mona. Juegan aguerridamente. Casi cuerdos. Pensando, quizá, que son Messi, Iniesta, Ronaldo, Neymar.

Foto: Arturo García
Foto: Arturo García

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En uno de los rincones de la plaza ubicada en el triángulo que forma Paseo de la Reforma y las calles Zarco y San Esmeralda, en la colonia Guerrero, sucede otra actividad: hombres y mujeres “de la calle” son unidos unos a otros de uno de sus pies con un listón naranja. En el otro les sujetan un globo con un papel adentro. Ahí, si logran reventar el globo de su contrario, se encuentra escrito el premio que podrán ganar: leche, ropa, tenis o comida.

Itzel y Luis son una de las parejas. Él es de piel morena, con gorra girada hacia uno de sus lados y bermuda color beige. Ella es delgada, con cabello corto oculto bajo una gorra y, en su mano izquierda, trae un papel con el que sigue inhalando la mona.

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La mona es la droga que más consume este sector desdeñado de la sociedad mexicana. Es un solvente en lata distribuido en tlapalerías que es vendido entre 15 y 30 pesos. Por eso, la mona también es conocida como “la droga de los pobres”.

-Ellos consumen el activo y la mariguana. El activo [o mona] lo usan para no sentir hambre. Por eso casi todos están aquí [en la plaza Francisco Zarco], por la comida que les damos -explica Karla González, estudiante de séptimo semestre de la carrera de Psicología, en la FES Zaragoza, y quien funge como psicóloga de Ponte en Mi Lugar.

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Ponte en Mi Lugar se describe aún en su cuenta de Twitter como “una campaña que apoya a niños y jóvenes en situación de calle, brindándoles alimentos, ropa, orientación, valores, rehabilitación y, sobre todo, mucho amor”.

Foto: Arturo García
Foto: Arturo García

Ellos han sido los responsables de las actividades de la plaza Francisco Zarco. Esta labor altruista la iniciaron en el mes de febrero del 2012 y, comentan, ya trabajan para convertirse en una Asociación Civil que pueda -más adelante- fungir como un verdadero albergue para ayudar en la reinserción social de estos chavos de la calle.

Teresa Dewitth, una de las fundadoras, explica: “El objetivo es internarlos entre cuatro y seis meses. Sólo lo hacemos cuando ellos quieren rehabilitarse. La mayoría, al salir, regresa al mundo malo; pocos buscan seguir un buen camino. Afortunadamente hemos logrado ayudar por completo a dos hombres y una mujer”.

Majo Garay, otra de las integrantes de Ponte en Mi Lugar, detalla que el grupo de voluntarios lo componen alrededor de 20 personas. En él también participan estudiantes de la Universidad Anáhuac y la Universidad Latinoamericana. “Gracias aFacebook y Twitter podemos pedir ayuda para reunir ropa, comida y apoyo de más voluntarios”, agrega.

Majo continúa en la plaza, cerca de las escalinatas con dirección a Reforma. Está rodeada de una decena de voluntarias y mujeres de la calles que se dedican a ordenar todos los zapatos y ropa de las bosas de plástico que lograron juntar.

Foto: Arturo García
Foto: Arturo García

-¿Qué has aprendido en 10 meses de voluntaria?

-A valorar un buen de cosas: como llegar a tu casa [enfatiza esta palabra]. Que llegas y puedes abrir el refrigerador y comer lo que quieras o que puedes dormir en una cama. Esas son cosas que nosotros hacemos día a día y que ellos no pueden porque no tienen un hogar.

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Diego está jugando entre las bolsas de plástico repletas de ropa. Es un niño de unos tres años de edad. Está feliz, sonriendo. Su madre, Marisol, lo observa jugar con una joven de la futura asociación. Ella no se acerca a su hijo; su atención la posee la mona que inhala.

-¿Para qué le tomaste una fotografía? -alcanza a articular. –¡No, aquí no tomes fotos!-advierte. Y unos segundos después pregunta si tengo saldo. Le digo que sí y pide el teléfono para poder hacer una llamada. Pero las reglas lo prohíben.

Foto: Arturo García
Foto: Arturo García

Así lo explica Karen: No podemos darles dinero ni cosas porque las venden para tener dinero y adquirir drogas; por eso aquí se les proporciona lo necesario. Tampoco se le puede dar papel porque luego lo venden. Los peluches están prohibidos porque pueden utilizarlos para rociarlos con solvente. Esos son detalles que hemos venido descubriendo en todo este tiempo.

-¿Cuál es el común denominador de los problemas de este sector de la población? –se le pregunta a la estudiante de psicología de la UNAM.

-Los problemas familiares. Abunda mucho eso. Algunos comentan porque son alcohólicos o que ya no quisieron seguir estudiando. Otros fueron abusados sexualmente y, como no les creyeron, fueron echados a la calle. También está quién está en la calle porque quiso salirse de su casa.

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-¿Existe una verdadera posibilidad de recuperación de estos jóvenes? -le pregunto a Xavier Márquez, otro de los fundadores de Ponte en Mi Lugar.

-Depende. Hay chavos que están bien [son curables], hay otros que están aquí porque les gusta [la calle], pero hay otros que no tienen mucha posibilidad, pero aún así tratamos de apoyarlo. Los que están bien [y son curables] tratamos de motivarlos para que salgan adelante. -explica brevemente el joven activista, antes de apoyar con la organización que, este sábado, logró hacer que tres jóvenes decidieran optar por su rehabilitación.

Foto: Arturo García
Foto: Arturo García
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