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Libertarios e izquierdistas “puros”: el ouróboros cercando a la 4T

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Esta semana comenzó septiembre, mes políticamente muy ajetreado porque dio inicio el período ordinario del Congreso de la Unión con la nueva cámara de diputados integrada por los representantes electos en junio de 2018.  Así mismo, el presidente rindió su informe de gobierno, a tres años de transcurrido su sexenio.

Los resultados comunicados en el informe fueron bastante favorables a pesar de la enorme crisis sanitaria y económica mundial, así como de la manipulación que los analistas opositores se dieron a la tarea de llevar a cabo, misma que no tuvo mucho éxito dada la terca realidad que se empeña en contradecirlos.

No cabe duda de que sigue habiendo numerosos problemas en espera de solución, pero los primeros pasos se están llevando a cabo. Varios investigadores objetivos que reconocen estos problemas consideran, al mismo tiempo, que el presidente Andrés Manuel López Orador, a la mitad de su sexenio, ha devuelto al Estado su función social. Aunque no niegan que el neoliberalismo sigue vigente puesto que es imposible extirpar en tres años lo que lleva implantado 40, y dados los grupos de intereses muy poderosos que no están permitiendo ser desplazados de las estructuras del sistema político mexicano, ahora el Estado mexicano tutela una mejor distribución del ingreso, así como la justicia económica y social.

No es posible negar la transformación importante con respecto a los gobiernos pripanistas. Así lo muestran las reformas de carácter social que pretenden darle otro rostro, otro rumbo, otra perspectiva al Estado mexicano en distintos ámbitos: hidrocarburos, electricidad, democracia participativa, salario mínimo, combate a la corrupción, autonomía de la FGR, atención a grupos marginados, aumento del gasto público para brindar un mejor acceso a la vivienda, a la salud, a la educación. Estas acciones se han visto reflejadas en la legitimidad y popularidad de las que goza el presidente entre la mayoría de la población.

Y pese a este giro, algunos insisten en que todo sigue igual, en que no hay ningún cambio real, en que la única solución correcta es la eliminación total del Estado o, por lo menos, su mera existencia como policía de los grandes intereses privados, tal cual sucedía en la época pripanista. Quienes sostienen esto comprenden tanto a “libertarios” de derecha como a izquierdistas no electorales contrarios al Estado.

El caso de la izquierda no electoral ya lo abordamos en una anterior columna , por lo que sólo aludiré a lo sucedido a partir de la instalación de la nueva legislatura. Una de las curules fue ocupada por uno de los compañeros de los estudiantes desaparecidos de la normal de Ayotzinapa durante el sexenio de Peña Nieto. El escaño lo obtuvo por el partido MORENA y la celebración de este hecho en Twitter le acarreó una serie de críticas en las que le reprochaban su “incongruencia” y “traición” por no mantenerse como activista social para, en cambio, transitar a la lucha política desde un cargo público.

A estas críticas contra el representante popular se respondió con críticas que desataron una batalla rijosa en la red social.

Poco después de esto, veo a gente muy lista, preparada académicamente, participante en luchas muy nobles y justas como el feminismo, el ambientalismo, el indigenismo, y contraria a la existencia del Estado, lanzar preguntas sugerentes como, por ejemplo, “¿por qué la derecha vuelve a ocupar el poder electoralmente después de que la izquierda lo había alcanzado?” Así, sin mayor contexto, ni precisión. Lo que también llama la atención es que colegas suyos ni siquiera cuestionan esta falta de rigor, y presurosos tratan de responderle con diversas razones que apuntan a fallas de la izquierda electoral. La pregunta no tiene nada de inocente, tomando en cuenta las críticas vertidas al gobierno de la 4T y a quienes se atrevieron a ocupar una curul y no renegar ya del papel del Estado, en lugar de continuar por el camino “prístino” de la lucha social. No es posible obviar el sesgo, al plantear esta pregunta, de quienes tachan de inútil e ineficaz a la izquierda en el poder, de quienes no paran de descalificar la lucha de los que apuestan por la vía del sufragio considerando que sólo las luchas de la izquierda no electoral son las verdaderas, las que cuentan y las que inciden en el bienestar de la gente.  Parece que a nadie le interesa la falta de seriedad de esta pregunta tan vaga, seriedad que sí se exige siempre a todos los que defienden al gobierno actual, dado que lo primero que debería determinarse es: ¿a qué derecha y a qué izquierda se refiere? ¿A qué casos en concreto? ¿A Bolivia, a Brasil, a Argentina? ¿A Venezuela donde no ha sucedido? ¿Y es posible generalizar de esa manera sin considerar los fraudes electorales, las costosísimas campañas mediáticas nacionales e internacionales, la ayuda de organizaciones internacionales como la OEA, los golpes de Estado francos después de que la izquierda vuelve a ganar las elecciones, o los golpes de Estado judiciales? ¿Y tampoco debe tomarse en cuenta el papel de esa izquierda no electoral que – con sus críticas implacables, imposibles de satisfacer humanamente en muchos casos por la rapidez que exigen, o porque no reparan en factores tan poderosos como la globalización, la frontera con Estados Unidos, el número de habitantes, los múltiples y profundos problemas heredados de gobiernos neoliberales anteriores, las inercias institucionales, la necesidad de utilizar los recursos estratégicos con los que se cuenta para obtener medios económicos que permitan satisfacer las demandas básicas de la población – provocan la desilusión entre los menos politizados y ayudan a fortalecer el discurso convenenciero de la derecha que demoniza a la izquierda electoral a fin de regresar al poder? Pero no, todo eso no se preguntó. Se prefirió seguir el juego nada inocuo y acusar a la izquierda electoral por el “triunfo” de la derecha.

Mientras los izquierdistas “puros” se enredaban con cuestionamientos banales y, a la vez, nocivos, en los cuarteles de la derecha se presentaba un tropezón que, aunque en principio, no parezca relacionarse con lo que acabamos de analizar, descubriremos que, en realidad, ambos asuntos se conectan como ese círculo de la serpiente que se muerde la cola (el ouróboros).

Veamos…

La tarde del jueves 2 de septiembre los senadores del Partido Acción Nacional recibieron la visita de Santiago Abascal, líder del partido español VOX, el cual es conocido por su postura de ultraderecha y sus nexos con El Yunque. Los militantes del PAN dieron a conocer que durante este encuentro se firmó la “Carta Madrid”, un documento cuya intención es “detener el avance del comunismo”. En Twitter, sentenciaron: “México nunca será comunista, nunca”.

Mucha gente expresó tal rechazo que el PAN tuvo que salir a deslindarse de las acciones de sus senadores. Mediante un comunicado afirmaron que la reunión con el líder de Vox, fue “a título personal, en uso de su libertad”. Incluso los senadores se arrepintieron de haber compartido su encuentro con el líder del partido de ultraderecha, pues pocas horas después de haberlo publicado, borraron el post en el que daban cuenta de sus intenciones para que México no se convierta en “un país comunista”.

A pesar de que no se ha difundido mucho, puesto que casi todas las noticias y críticas se centraron en la figura del líder del partido VOX, un indicador de lo grave del evento panista fue la presencia de Agustín Laje, uno de los llamados “libertarios”, corriente ideológica que ha sido muy difundida últimamente. El libertarismo viene desde el siglo XX y no hay espacio aquí para dar cuenta de sus ramificaciones e historia. Sus grandes referentes van desde Aynd Rand hasta Murray Rothbard y Thomas Sowell, pasando por la Escuela Austríaca y la de Chicago.

Dentro de la complejidad de sus posiciones, todos coinciden en el combate a todo lo que no sea capitalismo, ya sean minarquistas o anarcocapitalistas, y sus grandes enemigos van desde el mismo Marx hasta Keynes. Sin embargo, en los últimos diez años, sobre todo desde el ridículo que hicieron el libre mercado y la financiarización de la economía en 2009, los grandes centros de poder económico se preocuparon por el descontento de la gente con el sistema y las promesas de brutos como Francis Fukuyama, según los cuales el capitalismo traería la tierra prometida. Tomaron cartas en el asunto, y desde entonces iniciaron una campaña propagandística a gran escala para convencer a las clases medias -e incluso a gente de más bajos recursos- de los países “ en vías de desarrollo”, de que el capitalismo es lo mejor que le pudo haber pasado a la humanidad, pero más en su versión neoliberal anti-estatista. Sus destinatarios principales han sido los milenials y centenials, pues el objetivo implacable es modelar generaciones enteras adoctrinadas en los dogmas económicos que promueven y la ideología psicopática que los sustenta. Así, han organizado eficazmente una extensa red de redes conformadas por centros de pensamiento (think tanks), ya sea en universidades o como instituciones “independientes” altamente financiadas, que dan conferencias y arremeten con todo en internet.

Entre los más prominentes sicarios del movimiento libertario hispanoamericano se encuentran Javier Millei, Axel Kaiser, Gloria Álvarez, Ramón Rallo y Agustín Laje -estos dos últimos colaboradores en la revista digital El Liberal-; también infinidad de canales de youtube e Instagram, entre los que destaca Visual Politik, operado por estereotipados jóvenes politólogos y economistas – modelados a la “Richard Branson”- que hacen auténticos comerciales parecidos a los de los Ruffles o los Cheetos, en los cuales el producto a vender es el capitalismo neoliberal contraestatal. Ramón Rallo tiene como tarea influir mucho en los países de habla hispana a través de Instituto Juan de Mariana.

Muchos de estos cuartos de guerra (war rooms) de lavado de cerebros, está coordinado por la famosa Red Atlas. Otro intelectual muy importante en esta cruzada para encubrir las porquerías del capitalismo mediante el evangelio libertario y evitar que las cosas revienten como en Chile, Portugal o Francia, es Steven Pinker y su libro En defensa de la Ilustración: un libelo de cuatrocientas páginas con datos más cuchareados que una olla de mole, el cual insiste en que agradezcamos al dios Capital de que podamos vivir en él, porque todo está viento en popa y la pobreza está cerca de terminarse.

Cuando, como dije, las cosas revientan en algún país, no es que el paraíso en proceso exitoso que nos revela Pinker sea un cuento, dicen los libertarios: es ahí cuando recurren a la teoría de la conspiración en el sentido más penoso, de vergüenza ajena: El Pacto de Sao Paulo quiere acabar con el próspero orden capitalista mundial e instiga a la gente, mediante dinero del narco, a que “se imagine” que es infeliz o que no le alcanza el dinero, o a que no entienda que es “pobre porque quiere” y que la igualdad social es una enfermedad. Esa es la explicación: el capitalismo nunca es culpable de nada, es que no lo han dejado ser porque hay “mucho Estado”… De las contradicciones de esto, pues ya se tocarán en otra columna.

Dentro de sus controversias internas está la del conservadurismo sociocultural de algunos libertarios contra posturas que quieren llevar la libertad al máximo. Los primeros son provida, homofóbicos, y dicen que el movimiento LGBTTTIQ+ es parte de un complot comunista para controlar las vidas de la gente. Gran parte de esta facción se basa en las teorías reaccionarias de Jordan Peterson, al igual que Pinker, otro referente de gran calado para lavarle la cara al capitalismo. Del otro lado se encuentran los que defienden el aborto como parte de la libertad de la mujer sobre su propio cuerpo. Unos por la libertad “del feto” y otros por la libertad reproductiva de la mujer. Estos últimos son los que generalmente despojan de su contenido subversivo a las

causas feministas y LGBTTTIQ+, y las usan para realizar golpes blandos contra gobiernos progresistas. Es famoso el debate del sádico de clóset Agustín Laje contra Gloria Álvarez sobre la legalización del aborto. Por lo menos aquí, como sea, el esperpento de Álvarez no andaba tan “hardcore”.

Pues de toda esta gente horrible que quiere perpetuar la pobreza y los privilegios, aunque sus enjuagues economicistas digan lo contrario, el PAN invitó a LAJE, al más espantoso entre los espantosos. Y es que en el PAN sucede algo parecido. Están los panistas “liberales” como Denise Dresser o Leo Zuckerman -esos a los que no les importa que el sexo, las drogas, el reggaetón y el perreo fluyan mientras los negocios sigan corriendo- y los conservadores yunquistas. En el fondo, los une el dinero y la defensa a ultranza de una sociedad desigual, aunque ante cámaras se desgreñen. Son como decía Groucho Marx: “estos son mis principios, y si no le gustan, pues… tengo otros.” Se toleran entre sí y son capaces hasta de apoyarse sin el menor recato si así le conviene a, repito, los negocios, y esto implica destruir a la 4T y sus posibilidades de continuidad.

Después de dar cuenta de todo esto, las indignaciones de los panistas “tolerantes e inclusivos” dan risa. Sólo la desinformación los hace creíbles. Lo que en realidad sucedió es que Santi Abascal y los firmantes del “Acuerdo de Madrid” cometieron, a ojos de los odiadores “ilustrados” de AMLO, un error gravísimo: expusieron en momentos muy poco adecuados la intensa genética fascista del partido; lo que hay que ocultar es el proyecto económico -ahora interrumpido desde el 2018- de privatización del país. Krauze, Calderón y todos los derechistas que han llevado a las grandes mayorías del país a la ruina y quieren seguirlo haciendo, comparten con Agustín Laje las mismas doctrinas económicas, escondidas bajo discursos intelectualizantes. Estas doctrinas son fascistas de forma encubierta: luchan sin cuartel por la democracia liberal-representativa-electoral, con la condición de que aplaste al poder popular durante todos los cientos y miles de días que no se vota, y esté al servicio de los cabilderos (lobbies) empresariales y corporativos, que capturan poderes legislativos, hacen las leyes a su conveniencia y las imponen a sangre y fuego con “el monopolio legítimo de la violencia” de ese Estado que en sus alegatos económicos quieren desaparecer, pero que a la hora de los catorrazos les sirve muy bien para que les condone impuestos y legisle a su favor.

El fascismo capitalista que propagan libertarios, panistas y príístas no es unipersonal: es el totalitarismo de las clases dominantes camuflado por una “democracia” de uno o dos días y que sojuzga a ese sector mayoritario de la población, el cual jamás alcanza a ver cuándo el beneficio de los más ricos reverbera en sus propios bolsillos como les dijeron en la tele Meyer-Serra o Sergio Sarmiento.

Es este fascismo el que no necesitaba que se mostrara su faz más conservadora, porque ello le resta credibilidad al momento de tener que recurrir al feminismo y la lucha de género para rescatar las montañas de billetes que ya no gana como antes, golpeando la imagen del presidente responsable de consultas populares, renacionalización estratégica de recursos y otras herejías. Los derechistas que se “deslindan” de los firmantes del Acuerdo de Madrid no se lamentan por el neofranquismo de Vox: están furiosos por un error de cálculo que descubre ante la opinión pública el fascismo económico que COMPARTEN CON VOX…

Estos sucesos muestran con claridad la manera en que extremos aparentemente tan contrarios – como la izquierda no electoral y el libertarismo de ultraderecha – se tocan, y quizá el encuentro de los senadores panistas responda un poco, al menos desde el punto de vista estratégico, a la pregunta de esa izquierda no electoral: ¿por qué la derecha regresa al poder después de que la izquierda lo ocupa?

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