Carlos Bauer / @CarlosBauer3_0
(23 de agosto, 2013).- En un México ideal, en lugar de gente histérica gritoneándoles a los maestros, habría mexicanos solidarios que dejaran sus coches en casa para evitar caos vial –que por cierto con o sin marchas siempre hay en el DF. En un México ideal, no habría necesidad de que los maestros tengan que luchar por mantener abiertas las escuelas públicas: no tendrían otra cosa que hacer más que enseñar. En un México ideal, todos tendríamos trabajo, educación, salarios justos. Todos, y no sólo ciertos privilegiados…
Una usuaria de Facebook, quizá la única capaz de sentir empatía a juzgar por los comentarios que inundan las redes –“que se vayan a la chingada los maestros, me valen madres sus pinches plantones”, “pinches maestros, por ellos no funciona la educación en México” y otros con diferentes palabras pero idéntica profundidad de análisis–, manifiesta con esa breve reflexión el sentir de una persona que padece las incomodidades de la protesta social pero decide ponerse en el lugar del otro antes de desfogar su ira porque no pudo llegar temprano al trabajo que, por fortuna, ella sí tiene.
Tampoco se ha dejado de escuchar el clamor por los millones y millones de pesos en pérdidas que ha dejado la actividad de los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en la Ciudad de México. Quizá ciertamente haya pérdidas para algunas grandes empresas y para más de un pequeño negocio, pero nadie se ha puesto a calcular la derrama económica para las familias que se mantienen de la venta de alimentos en vía pública. Claro, ellos no tienen franquicias que coticen en Bolsa.
Los medios de comunicación, ésos que deberían ser foros del pensamiento crítico y el análisis sosegado, muestran una objetividad no mayor a la del automovilista iracundo. La lectura de algunos encabezados de prensa provoca estupefacción: ¿alguno de estos periodistas y editores se ha detenido a conversar con un profesor de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación?, ¿alguna vez ha visitado una escuela rural?
Presento unos pocos encabezados en orden cronólogico. Corresponden a notas publicadas del pasado 15 de agosto a la fecha:
“Cercan maestros de la CNTE el Senado… otra vez”, “Desquician la ciudad por más de 12 horas”, “CNTE causa destrozos en la Cámara de Diputados”, “Pese a violencia de la CNTE, avanza la reforma educativa”, “Los destrozos de los maestros en San Lázaro”, “Diputados ceden a presiones de la CNTE y eliminan discusión del Servicio Público Profesional”, “CNTE vuelve a paralizar vialidades de la ciudad”, “CNTE dobla al Congreso y le corrige la agenda”, “Maestros realizan desmanes en el Senado”, “La CNTE ya tiene el Zócalo, San Lázaro, el Palacio de Justicia y va por el Senado”, “Repudian empresarios debilidad del Congreso al ceder a presión de la CNTE”, “Peña Nieto se doblegó ‘en la primera presión’: Madero”, “Confía GDF en que CNTE respete el maratón”.
Curiosas maneras de encabezar notas. Ninguna que diga, por ejemplo, “Maestros se ven obligados a tomar calles para ser escuchados”. O qué tal “Diputados rectifican aprobación de propuestas que no tuvieron tiempo de leer”. El premio al cinismo se lo llevan los respetables ciudadanos del Consejo Coordinador Empresarial, quienes califican de “chantajes” las exigencias de la CNTE para que –¡Inaudito!– los profesionales de la educación sean incluidos en la redacción de una Reforma Educativa; olvidando convenientemente que los empresarios no sólo declararon de manera abierta que buscarían la inclusión de sus propuestas en el texto de la reforma, sino que fueron recibidos por miembros del Gabinete tanto en público como en privado.
Es cierto, estoy siendo parcial. La Secretaría de Gobernación abrió sus instalaciones durante todo un mes para que la CNTE realizara su Foro Nacional sobre la Reforma Educativa. No sólo prestó sus instalaciones, también se comprometió a incluir las conclusiones del Foro en los dictámenes de la reforma. Y cumplió, las incluyó. Claro, después desechó cada una de ellas, pero eso ya es otra historia, ¿no?
Por otra parte, los medios, como la señora que llega tarde a clase de pilates, encuentran en el tráfico vehicular el problema más grave del país. Cosa rara, para todos es natural que se cierren calles a lo largo y ancho de la ciudad para la realización de un evento que deja ganancias a un puñado de patrocinadores, pero se sienten ultrajados si los inconvenientes son producto de un reclamo social.
Y las pérdidas, las incontables pérdidas para la economía nacional provocadas por los rijosos de la CNTE. No sólo a comerciantes y empresarios, también al erario público: 500 mil pesos ha costado la renta del Centro Banamex durante dos días, aunque algunas fuentes reportan que los gastos de mantener el periodo extraordinario de sesiones en una sede alterna son de casi el doble.
Si me encargaran escribir esa nota, probablemente la cabecearía “El costo de la soberbia: cada día que los legisladores se niegan a negociar con los maestros le cuesta al país un cuarto de millón de pesos”. Pero la mayoría de los medios no me dejarían, es un encabezado muy largo y las ideas largas suelen tener el inconveniente de engendrar otras ideas.


