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El Tótem decadente: Occidente y sus mexa-“fans”…

“El enemigo de la mujer no es el capitalismo Es putin, maduro isis y los talibanes”

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Es la consigna que reza en una cartulina alzada por cierta joven mujer el pasado #8M en alguna parte del mundo, ignoro cuál porque vi la foto en twitter. Lo más probable es que sea un lugar de habla hispana. Me llamó la atención porque la frase condensa una serie de asociaciones implantadas por las derechas –tanto las “moderadas” como sus derivados extremistas- en amplios sectores sociales de diversas latitudes, sobre todo Latinoamérica. En cuatro renglones se sintetiza el adoctrinamiento inoculado por Occidente a lo largo de quinientos años, difícil de quebrar precisamente porque ha sido labrado durante siglos con paciencia, rigor y cada vez mayor tecnología. México es un caso muy complicado en este sentido, dada la colindancia geográfica con la alguna vez potencia “unipolar”, así como por su origen en la primera ola expansionista de la Europa del oeste.

En las últimas tres décadas, los dos países que se han adueñado con violencia del territorio en el que vivimos, E.U. y España, desarrollaron sintonía a partir de las políticas exteriores gringas. Tanto que, a pesar de que España ya cuenta con un gobierno relativamente “izquierdista”, este no ha podido desmontar el blindaje jurídico protector de los grandes negocios privados grabados con hierro por sujetos como Aznar, procedentes de los modelos económicos neoliberales impuestos desde E.U. y Reino Unido en los años los 80’s. También, ambas naciones han estado muy activas en preservar la nueva ocupación de nuestros recursos energéticos que tanto les facilitó el calderonismo, y luego el gobierno del PRI consumador de las reformas estructurales privatizadoras. Esta nueva conquista, ahora impulsada sobre el terreno financiero, encuentra apoyo en las huestes antiobradoristas reaccionarias de todos los estratos, que llevan en lo más profundo de la médula un código cultural casi irreversible: la devoción irracional a Occidente. El cartelito de la chica que menciono al inicio va de eso; es una manifestación panfletaria que resume las fobias yankees y pro-yankees en unas cuantas letras, de las cuales se desprende que el capitalismo es “aliado” de las mujeres, y los enemigos de Norteamérica, los de ellas también.

Esta visión estrecha y facilona es sintomática de la doctrina liberal, en sí un sistema de ideas más sofisticado pero que esconde esos reduccionismos. Con “liberal” me refiero a la versión digamos clásica, individualista y “posesiva” de esta línea filosófica, tal como se presenta en el capitalismo salvaje predominante en los últimos cuarenta años, con México como uno de sus laboratorios más importantes hasta la llegada de AMLO a la presidencia. Es el (neo)liberalismo que fragmenta revindicaciones sociales para desligarlas de la igualdad y la justicia económica, y así poder usarlas como instrumentos de persecución mediática contra gobiernos progresistas; de ahí que dentro de esta perspectiva las luchas feministas y de género, por ejemplo, se conectan con el mercado desregulado como garante de su éxito, viendo en el Estado de Bienestar un adversario “populista” y totalitario que quiere debilitar sus derechos, y con el cual hay que terminar. Expresión de todo esto son los grupos violentos que cada #8M se proponen inducir en la población -mediante una provocación que busca a toda costa conseguir que las fuerzas del orden se vean obligadas a la acción física- la ficción de que la 4T es un régimen misógino, y por lo tanto portador de otros vicios antidemocráticos.

Para mantener estas fabulaciones, los opositores derechistas necesitan insertar al obradorismo en toda una trama de patrañas geopolíticas urdida por las potencias que integran la OTAN. Se trata de los famosos “ejes del mal”, obscuras fuerzas que amenazan la civilización moderna ilustrada, encarnadas en gobiernos que se atreven a desafiar los mandatos económicos que las instituciones internacionales de crédito, comercio y “desarrollo” saben obligatorios para la salud del crecimiento global, por más que millones de personas perciban todo lo contrario. Es decir, la experiencia de la gente excluida es irrelevante mientras los datos duros, calculados por los expertos en gabinetes de lujo, nos digan “verdades” que tendremos que aceptar sí o sí. Rusia, Venezuela, Siria, Irán, China… y ahora México, son parte de maquinaciones malévolas, y todos los países deben de considerarlos hostiles, “por su bien”.

Este gran coctel tóxico de propaganda halla eco en amplios segmentos de nuestras sociedades, en los que prevalecen el clasismo, el racismo, el aspectismo y la colonización cultural y psicosocial de las conciencias. Concepciones como “el primer mundo” determinan un autodesprecio por parte de países inmersos en una red de dependencia y dominación, pero que al mismo tiempo dan por hecho que los referentes a seguir son los mismos centros de poder que provocan, mantienen y estiran las brechas de disparidad, exclusión y explotación entre ricos y pobres. Dentro de cada país hay, en mayor o menor medida, un primer mundo y un mundo subdesarrollado; la geopolítica como dimensión única de estas diferenciaciones no es más una realidad, pero el cuento sigue siendo consumido por miles de millones de sujetos que suspiran por regresar en el tiempo y poder nacer en las grandes “metrópolis” mundiales, y no en una “república bananera”.

Uno de los ataques más comunes a las bases obradoristas es la sobada cantaleta del “fanatismo”, del “culto al líder carismático”. Es curioso que esta “crítica” proceda de grupos de personas que reciben de manera incuestionable todo lo emitido por los grandes medios occidentales de ese “primer mundo” sólo por eso: porque de ahí vienen. Gente que guía su interpretación de los acontecimientos -tanto a nivel internacional como en su propio entorno- mediante lo que dictan líderes de opinión e “influencers” respaldados, de forma más bien encubierta, por grandes sumas de dinero, para modelar a las multitudes de acuerdo con intereses a gran escala. Hablamos de la misma gente que admira a nivel de idolatría a los miembros de lo que Rubén Juste llama “La nueva clase dominante: gestores, inversores y tecnólogos.”, a quienes les dan el estatus de auténticos profetas y oráculos. A estos grupos de “fans” pertenecen los casi 380, 000 seguidores de la cuenta de twitter de Carlos Slim, mientras que la cuenta sigue a dos. Lo más importante: es esta misma gente la que participa de un culto más abstracto y duro, el culto a Occidente, entendiendo por esto último las regiones de Europa-oeste, Canadá, Estados Unidos e Israel… y párenle de contar.

El culto a Occidente es altamente dogmático. Consiste en la reverencia y la fe hacia un etnocentrismo que, si bien en su interior está dividido y tiene sus propios desdenes (por ejemplo, los alemanes no quieren a holandeses o italianos), mira con desprecio, condescendencia o miedo a todo lo que no esté en su esfera. Y vaya que rendir culto al complejo de superioridad de otro resulta bastante retorcido…

Ejemplos de la occidentofilia son individuos como Pablo Hiriart y Dolia Estévez. Resulta difícil creer que estos dos hablen de fanatismo obradorista cuando su devoción por la hegemonía estadounidense llega a extremos de genuflexión infames. Basta ver sus columnas y redes sociales. Lo más grave es que much@s en México adolecen de esta filiación cuasi-religiosa, irracional; tanto que en su cartografía colonizada no se localiza el hecho de que los Acuerdos de Minsk fueron rotos inicialmente por Kiev, al atacar con artillería pesada Donetsk y Lugansk. No quieren saberlo. Su zona de confort en cuanto a este conflicto requiere de varios autoengaños:

  • Que Ucrania es un país ideológicamente homogéneo que muere por pertenecer a la OTAN y la CEE.
  • Que todos los embates militares a poblaciones ucranianas son rusos y ninguno de su propio gobierno.
  • Que se trata de una resistencia heroica a cargo de un presidente cuya popularidad está en el top.
  • Que Rusia es sólo una amenaza imperialista y la OTAN una fuerza de defensa de la democracia y la soberanía.

Y así podemos seguir.

También parecen inmunes a los ridículos consecutivos por los que está transitando la ofensiva occidental, dirigida por E.U. y basada en sanciones económicas. No se les da percatarse de las contradicciones vergonzosas como cancelar el comercio de crudo, para que la Casa Blanca y el Departamento de Estado terminen dando un plot twist entre el drama y la comedia al recurrir a Venezuela, mientras tratan de obligar al gobierno de México a sumarse al bloqueo. Y eso que al principio los voceros de la presidencia prometieron que “las sanciones estaban rigurosamente diseñadas para afectar lo más posible a Rusia, y lo menos posible a E.U.” Un señor norteamericano aparece en un video, indignado por los precios de locura de la gasolina. Grita que le va a pasar la factura a Putin. Demasiado qué explicarle a este ciudadano, que ni remotamente entiende el papel de su país como agresor principal, y entiende menos aún que a quien tendría que pasarle la cuenta de la gasolinera es a Biden.

En lo que a nosotros toca, los enemigos de la 4T batallan cada día para incluir a AMLO en el eje del mal. Se regodean con la embajadora de Ucrania “Doña Tamales” exigiendo que nos involucren militarmente en la guerra, al tiempo que el Parlamento Europeo condena “el hostigamiento a periodistas y derechos humanos” por parte del Ejecutivo. El impacto global de las sanciones ya ha llevado la inflación a casi 8% en el mismo “Hogar del valiente.”; pero el culto a Occidente es imbatible, no responde a la razón, sino al odio y a la aspiración colonizada. No extraña que sus feligreses recurran, en el grado mayor de desesperación, a descalificar el AIFA con insultos de clase, cruzando los dedos para que suceda una tragedia aérea que derribe de una vez a AMLO y a la continuidad transexenal de su proyecto.

Así es el verdadero fanatismo. Siempre puede imaginar el sacrificio de vidas en aras de un “bien mayor.” La buena noticia es que nuestro Presidente es más hereje que creyente…

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