Valentina Pérez Botero / @vpbotero3_0
(02 de septiembre, 2013).- La doctora Betzabet Quintanilla Vega, miembro del Departamento de Toxicología del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), ve a través del microscopio con preocupación: el conteo de espermatozoides de los mexicanos, por mililitro eyaculado, se ha reducido desde los años sesenta.
Quintanilla Vega encuentra una coincidencia entre la reducción –de 200 a 300 mil células por mililitro antes de la década del cincuenta, a 100 mil en la actualidad– y factores de la contaminación ambiental como el plomo, los hidrocarburos e incluso algunos herbicidas y pesticidas utilizados en el campo mexicano.
Además de la correlación entre un descenso en la fertilidad, al que se le atribuye el 49 por ciento de la responsabilidad del hombre en los problemas de fecundación, se suma que las alteraciones en las células reproductivas pueden crear fallas genéticas que deriven en mayor incidencia de los estados intersexuales –Klinefelter o Turner–, tumores cerebrales y heredar problemas reproductivos.
La descendencia de esta generación de hombres mexicanos afectados por la contaminación también repercute en su salud sexual. Aumenta la incidencia de varicocele, dilatación de las venas de los conductos espermáticos, y problemas eréctiles.
La sintomatología clara de que algo anda mal en la fecundidad es el aumento en las clínicas de reproducción asistida. Específicamente en el caso del hombre, la contaminación provoca abortos espontáneos o partos prematuros en sus parejas.
Para la toxicóloga, la única manera de blindar el organismo ante los posibles daños es aumentar el consumo de cítricos y vitaminas, así como mejorar los hábitos al realizar ejercicio.


