Natalia Antezana Bosques / @Natalia3_0
Una mesa de madera, un vaso con agua, cinco libros y una silla son los integrantes fundamentales de un ambiente iluminado por luces cálidas y frías intercaladas. Las butacas que brotan elevadas del Foro Polivalente de la Biblioteca de México, muestran varios pares de ojos, que a la espera de la sorpresa, se mantienen abiertos a manera de intercambio.
“Conferencia sobre la Lluvia”, sería dictada por un bibliotecario que gusta del control y de que todo se mantenga en su lugar. El orden es parte de fundamental de su vida, y como él mismo confesó en “la conferencia”, los libros han sido los encargados de desordenarla.
Sus primeras palabras fueron tímidas pero con un toque de histeria. Se le perdieron los papeles con los cuales pretendía guiarse en la disertación, misma en la que hablaría sobre el vínculo y la relación entre la lluvia y la poesía amorosa.
“Mejor así, sólo era un borrador”, dijo aquél a manera de justificación y dio pie a una plática donde el tema central fue el hilo que condujo una historia sobre las dos personas que habían habitado en su corazón, formal e informalmente.
Soledad, se llama su ex esposa, a quien describió con un plumero y mucha alergia, lo cual la convertía en una “odiadora” de libros. Él mismo se preguntaba cuál era el vínculo de unión entre esa pareja tan alejada. Laura, en cambio, fue descrita con pasión, delicadeza, admiración y melancolía. Una investigadora de cabello negro que cautivó al viejo bibliotecario.
La obra escrita por Juan Villoro nace de la inquietud del escritor de la gran posibilidad de que “una conferencia se convierta en una confesión personal”, desde el cuestionamiento del control sobre nuestras propias palabras.
Villoro explica lo anterior además de agregar que la historia de amor, aderezada de grandes citas de autores de todos los tiempos, está inmersa en un tema que a su parecer es cardinal en la literatura: la relación entre la lluvia y la poesía amorosa.
Las intenciones antes mencionadas, se unen, entrelazan, conjugan en un monólogo teatral, que atrapa, conquista y deja con ganas de un poco más; un monólogo no sólo se dicta por sí mismo, sino que interactúa sutilmente con sus oyentes al lanzar preguntas al azar que no necesitan respuesta.
Diego Jáuregui, egresado del Centro Universitario de Teatro y Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM, viste de traje café y lleva unos lentes -que combinan de manera perfecta con su vestimenta avejentada- redondos y grandes, que le cubren un cuarto de la cara.
Camina de un lado al otro en el escenario y conforme va avanzando la obra teatral, logra tejer un puente con el público que cumple con el objetivo fundamental de la obra: “la conferencia como vínculo entre el que sabe y el que puede saber”.
Phillippe Amand, quien egresó del Núcleo de Estudios Teatrales, genera un ambiente cómodo en el escenario con un atinado manejo de luces que van de la mano con las emociones que vierte el actor en escena.
Sandra Félix refuerza la totalidad de los elementos con su dirección, que se respalda en sus estudios en The Arts Educational School en Londres y en el Núcleo de Estudios Teatrales en la Ciudad de México.
Los libros en papel obligan que haya un vínculo que generado a pasarlo de mano en mano, afirmación que se hace evidente en el transcurso del monólogo que estará escena del 29 de agosto al 8 de septiembre, los miércoles y jueves a las 19 horas y los fines de semana a las 13 y 18 horas.
La entrada es libre, el cupo limitado y la sede, el Foro Polivalente Antonieta Rivas Mercado de la Biblioteca de México.


