El actual proceso de transformación es un primer periodo o inicio de la transición. Lo que está de tras es la concepción de una cadena de cambios con una secuencia que no puede ser simplemente “saltada” (por pura voluntad) sino hasta que exista la magnitud real económica y, junto con ello, la formación estatal adecuada para dar soporte a las nuevas formas sociales. Así, por ejemplo, la 4T es factible por resultados previos de la revolución mexicana (3T) que, a su vez, no hubiera sido posible sin los avances en la reforma (2T) y mucho menos de no haber logrado la independencia del sistema colonial (1T).
De esta manera, un “cambio de régimen” no se trata de un gobierno efectivo sino de uno que toma consciencia histórica del calado de los retos y potencialidades de lo que ya está listo para transformarse y que, aún bajo los ciclos sexenales, se espera que avancen en la reorganización estructural de la economía para alcanzar su verdadero potencial. No olvidemos que nuestro país tiene una terrible historia de saqueo y de corrupción que se remite hasta los tiempos de la mal llamada conquista. México ha sido históricamente un espacio de aprovechamiento de materias primas y mano de obra barata para los procesos de desarrollo de centros imperiales, primero con respecto a la corona española y después al imperialismo financiero norteamericano.
Es por ello por lo que en esta nueva etapa la independencia, la autonomía o soberanía son términos que no se refieren a un asunto de orgullo nacional o una predisposición romántica de arengas idealistas sino una necesidad objetiva.
¿Qué sería de nuestro país si toda la riqueza extraída hubiera sido destinada para el bienestar de la población? Es por lo que el contenido base del “desarrollo” para nuestro país significa alcanzar el dominio sobre nuestras potencialidades y redirigirlas para satisfacer las necesidades sociales de las y los mexicanos.
La ideología del mercado nos impuso una visión cuantitativista en la que la magnitud es lo único importante, pero en esta nueva etapa debemos entrenar nuestros criterios para agregar el análisis cualitativo para comprender el destino o la forma de apropiación de la producción colectiva. No es posible que durante los últimos años hayan sido apenas un puñado de multimillonarios los que tomaron ventaja de todo el trabajo social para amasar grandes fortunas. Toda concentración de la riqueza es una involución social.
Así, los esfuerzos de este gobierno se han centrado en el combate a la corrupción sistémica, entendida como el proceso para frenar la extracción de riqueza para fines ajenos al del interés nacional. Se ha generado el entorno de bienestar en el que se avanza en la redistribución del presupuesto, se mejoran las condiciones laborales y se reanuda la inversión pública como promotor del desarrollo y reorganización del espacio, especialmente allá donde la inversión privada (que siempre responde a la ganancia asegurada y lo más rápida posible) no llega.
Por supuesto que todavía hay mucho camino por recorrer. Las realidades latinoamericanas todavía presentan el abigarramiento o traslape de violencias económicas que no se resolvieron en las transformaciones anteriores, tal es el caso de lo que pasó recientemente en la mina en Coahuila en la que estos pozos irregulares de carbón siguen operando bajo la lógica extractivista de hace siglos.
Por todo lo anterior es que se vuelve necesario discutir sobre los nuevos contenidos de desarrollo. Desde mi punto de vista, el desarrollo debe ser visto cualitativamente como un proceso en el que se dota a la población de un entorno económico en el que se reconoce primordialmente el derecho de la sociedad a eliminar sistemáticamente la violencia económica que surge de la competencia de mercado.
El escape
El presidente Andrés Manuel López Obrador ha demostrado, con su ritmo de trabajo, que se puede avanzar con rapidez en la transformación. De hecho, países como China han demostrado cómo es posible acortar tiempo en el desarrollo, por ejemplo, de sistemas ferroviarios. Apenas en 2012, el gigante asiático dejó atrás los trenes de vapor y actualmente ya cuenta con una red de trenes de última generación. Cuando existe una disposición independentista para el desarrollo se pueden lograr cambios radicales. En este caso, la política (de origen popular) está en condiciones de propiciar la transformación económica (cuyo destino también tiene que ser popular).