Rodrigo Rojo / @Eneas
(09 de Octubre, 2013).- “Empecé haciendo crónicas de 35 cuartillas y acabé tuiteando”, dice Fabrizio Mejía Madrid sobre el poco espacio que existe actualmente para publicar crónica, un género que es “como el ornitorrinco de la prosa” dice retomando a Juan Villoro.
La presentación de su libro fue más bien como un café, o una borrachera, entre amigos. Sobre la tarima estaba el académico Jesús Silva Herzog, el escritor y traductor Federico Campbell y el propio autor. La conversación se desarrolló entre ellos, fluida, con algunos tragos de mezcal. Las crónicas en el libro fueron la base sobre la que elaboraron sus argumentos sobre una variedad de temas: ¿Freud ha sido sustituido por la viagra y Marx por las religiones New Age? Según los amigos, el problema del inicio del siglo XXI es que la regla del mercado es “mayor ganancia todo el tiempo”, lo que hace a un lado la solidaridad, la empatía y la idea de una comunidad. En el prólogo de su colección, Fabrizio explica que “este libro es sobre el futuro. O mejor, de cómo el presente se nos convirtió en una eternidad […] pues somos los últimos. Esta reunión de crónicas me habla ahora de esos futuros que probamos en veinte años sin encontrar uno que satisficiera a todos”.
En efecto, el libro reúne cronológicamente algunas de las crónicas más emblemáticas de Fabrizio desde 1989 hasta el 2003. Son una colección de experiencias, de lo vivido “y de lo recordado”. Para él, la crónica como género debe tener 3 cosas: ir al lugar del que se habla, tener compasión por las personas de quien hablas -“sí, aunque sean unos desgraciados, la compasión es necesaria”- y tener en cuenta que los hechos no son tan importantes como la forma de escribirlos.
Los amigos se sonríen y concuerdan, la crónica es un género literario, sin duda, y también periodístico. Federico Campbell exclama “¡Es el periodista escribiendo con todas las armas de la narrativa!”, una estrategia que no es novedosa y cuyas primeras formas se le atribuyen a los estadounidenses en los años 50, “pero tú lees El águila y la serpiente de Martín Luis Guzmán y te das cuenta que es una novela de periodismo narrativo”. Así que los amigos suponen que la forma ha estado ahí desde mucho antes y en otras latitudes. “Sólo que escribir en Nueva York no es lo mismo que escribir en Chihuahua”. Después de todo, una crónica no es nada si sólo eres tú, tienes que dar la palabra, darle voz a la gente, crear un narrador. Y todo eso tienes que hacerlo con el tiempo encima, con el editor presionandote: “Es literatura bajo presión”, a final de cuentas.
Además, justo como a la literatura, nada humano le es ajeno, toca cualquier tema por intrascendente que parezca. Así que Fabrizio se lanza a hablar de las experiencias por las que pasó cuando durmió una noche en el campamento que los maestros de la CNTE instalaron en el Zócalo: “Fui porque ante la andanada de los medios de comunicación, que fue horrible, sólo quedaba relatar las historias personales, la microhistoria; ¿de qué otra forma podemos hacerle ver a la gente que la historia de los maestros no es de un plantón? Viene de los años 30, tiene que ver con Cárdenas y las normales rurales. Esa es la historia que hay que contar”. En seguida, Fabrizio habla también de Breaking Bad, la serie que recientemente finalizó: “se trata de un profesor de química que, al final, lo hace todo por él, sin otras consecuencias”. Para Fabrizio, la crónica es como ese show de televisión “no te va a resolver un asunto, no te hace la vida más feliz, pero te la hace más interesante”.


