(19 de octubre, 2013) Entre los pasillos de la Feria Internacional del Libro (FIL), las pugnas por las reformas estructurales conviven con los libros. Se asientan en carpas del centro de acopio, se difunden en forma de volantes y se refuerzan con firmas.
Reforma educativa
Desde que, el 13 de septiembre, el plantón que sostenían los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) contra la reforma educativa en el Zócalo capitalino fue desalojado, las autoridades cercaron la Plaza de la Constitución y se encargaron de llenarla: primero con los preparativos de la celebración del grito de Independencia y después con un gigantesco centro de acopio para los damnificados de los dos meteoros que simultáneamente asolaron el país en en el último mes.
Paralelo a la catedral, en dos grandes carpas -que la tarde del viernes 19 de octubre estaban siendo desmanteladas- quedan los rastros del centro de acopio que impidió el regreso inmediato de los maestros al Zócalo y que por poco provoca la cancelación de la Feria.
Reforma energética
Mesas de recolección de firmas sobre la calle peatonal de Madero, a escasos metros de la FIL, recopila adherentes contra la Reforma Energética propuesta por el Ejecutivo. Con el emblema “El petróleo es de todos” quienes dan su rúbrica y copia de su credencial de elector, piden la realización de una consulta popular sobre el tema.
Reforma hacendaria
Entre los parques de lectura de la FIL -gigantescos guacales de madera decorados con grava morada- guapas señoritas recopilan firmas contra el alza de impuestos a los refrescos. La estrategia de volanteo es impulsada por la Asociación Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) que argumenta que el aumento a un peso por litro de bebida azucarada afectará el empleo de 3.5 millones de mexicanos.
La acción tiene como fin frenar uno de los puntos de la Reforma Hacendaria. La argumentación radica en que el impuesto a los refrescos no impactará los índices de obesidad que aquejan al país.
La cultura, a través de la FIL, da un marco de interpretación. Acorrala al centro de acopio y obliga a los actores políticos a seguir el tiempo de los libros.




