En pleno arranque de semana, desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se refirió, sin rodeos, a las expresiones discriminatorias de Lorenzo Córdova, exconsejero presidente del INE, a quien acusó de reproducir el racismo que aún persiste en las instituciones.
“¿Cómo se burla de un indígena que solicita una audiencia con él?”
Cuestionó Sheinbaum en su conferencia matutina, aludiendo a la conversación filtrada hace algunos años donde Córdova ironiza sobre el habla y el origen de un líder indígena. Un audio que, pese al tiempo, sigue resonando como testimonio incómodo de los prejuicios enquistados en el poder.
La mandataria fue clara: ese tipo de expresiones no pueden normalizarse ni olvidarse, y mucho menos ocultarse. Esto, luego de que el propio Córdova promoviera un amparo para que se eliminen sus dichos de los libros de texto gratuitos distribuidos por la SEP. El caso llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), y aunque Sheinbaum se comprometió a acatar el fallo que emita el Poder Judicial, no dejó pasar la oportunidad para lanzar un contundente mensaje:
“Lorenzo Córdova, que ahora quiere que se saque de los libros de texto su dicho […]. Cómo es posible que el presidente del INE en su momento se refiriera a personas que vienen de un pueblo indígena de la manera en que se refirió… De ahí viene el racismo. Eso es lo que no queremos en México”.
El revuelo no fue menor. La frase más poderosa de la mañana quedó en el aire con fuerza:
“¿Cómo va a pensar que un indígena puede votar por el Poder Judicial si es racista?”
La presidenta contrapuso esa visión excluyente con lo que ha llamado el espíritu participativo del pueblo mexicano.
“Nosotros pensamos todo lo contrario, y afortunadamente la gran mayoría del pueblo de México quiere participar”.
Sheinbaum también fue directa sobre la responsabilidad histórica del INE:
“Hay una grabación ahí muy conocida de él hablando con otro funcionario del INE, de cómo se burla de una manera racista, discriminatoria… de quien tendría que garantizar la igualdad”.
Pese a la polémica, la presidenta sostuvo que espera que el actual INE “haga un buen trabajo”, y destacó que hasta ahora la coordinación del instituto ha sido adecuada.
El tema, sin embargo, no es solo legal o político. Es profundamente simbólico. En un país de raíces indígenas, donde el racismo se disfraza de tecnicismos, la visibilización de estos discursos, y su permanencia en los libros escolares, se vuelve un acto de memoria y justicia.
Así, mientras algunos buscan borrar frases incómodas, desde Palacio Nacional se deja claro: lo que se dijo, se dijo. Y el país ya no está para callar.
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