Pese a tener una deuda de más de 74 mil millones de pesos con el SAT, el empresario Ricardo Salinas Pliego encontró la manera de ampliar su presencia en el aparato público: el IMSS le abrió la puerta grande.
Bajo el argumento de fomentar el arte y la cultura, el Instituto Mexicano del Seguro Social firmó un convenio con Fundación Azteca para lanzar el programa de Orquestas y Coros IMSS Esperanza Azteca. Y no solo eso: Salinas Pliego fue incorporado al Consejo Consultivo de la Fundación IMSS, órgano que asesora y participa en la toma de decisiones estratégicas del instituto.
Una filantropía con dinero público
“Hoy hay más Fundación Azteca en el IMSS y más IMSS en Fundación Azteca que nunca”
Celebró Zoé Robledo, director general del IMSS. Pero detrás de esta alianza se esconden cifras millonarias, falta de transparencia y un modelo que ha sido cuestionado por convertir la filantropía en un negocio con recursos públicos.
Según una investigación realizada por el periodista Ricardo Sevilla, más de mil 700 millones de pesos del erario han sido canalizados en años recientes a los Coros Esperanza Azteca, financiados por dependencias federales y estatales como la SEP, Conaculta y la Cámara de Diputados.
El convenio con el IMSS
En el caso del IMSS, el convenio incluye la operación de hasta 35 nuevos coros en estados como CDMX, Nuevo León, Estado de México y Coahuila. El instituto aportará el personal, los foros, las aulas y los salarios de los maestros, mientras Fundación Azteca se encargará de aportar 110 instrumentos “donados”, varios de ellos en condiciones precarias, y la metodología artística.
Aunque el proyecto fue firmado desde 2023, hasta el momento solo se ha realizado una presentación pública del Coro IMSS Esperanza Azteca, conformado por 194 menores. Aun así, el IMSS ya trabaja en la expansión del programa, aunque no ha transparentado el presupuesto asignado ni los mecanismos de evaluación.
Un modelo que ya ha sido cuestionado
Esta estrategia no es nueva. El origen del programa Esperanza Azteca remite a un proyecto musical que fue apropiado por Grupo Salinas tras la cesión de derechos por parte del violinista Julio Saldaña. Posteriormente, bajo la dirección de Esteban Moctezuma en la SEP, los coros fueron absorbidos como parte de la Nueva Escuela Mexicana.
Uno de los ejemplos más cuestionables fue el fideicomiso creado en Puebla en 2012, que entregó a Fundación Azteca un inmueble de más de 5 mil hectáreas conocido como “La Constancia Mexicana”, además de recursos estatales para operar sus orquestas. Entre 2011 y 2018, la red de financiamiento público llegó a sumar más de 1,700 millones de pesos, según la misma investigación.
Escuelas que sí cobran, aunque se financian con el erario
Por otro lado, los Planteles Azteca operan bajo un modelo que, aunque se presenta como gratuito o accesible, implica cuotas de inscripción, mensualidades y cobros adicionales que elevan el ingreso inicial a unos 5,000 pesos por alumno. La matrícula acumulada ha generado aproximadamente 60 millones de pesos en ingresos por colegiaturas, mientras sigue dependiendo del financiamiento gubernamental.
Cultura con cargo al IMSS y sin transparencia
Ahora, esa misma lógica se traslada al sector salud. A través del nuevo convenio con el IMSS, Salinas Pliego logra instalar una red cultural con respaldo financiero del Estado, consolidando un modelo en el que la supuesta “inversión social” funciona como una estrategia para desviar recursos públicos hacia intereses privados.
El caso plantea preguntas de fondo: ¿es legítimo que una institución de salud pública, con múltiples retos operativos y presupuestales, financie proyectos musicales gestionados por una fundación privada cuyo dueño debe miles de millones al fisco?
La sinfonía de Fundación Azteca suena fuerte, pero el silencio del IMSS ante las solicitudes de información pública solo amplifica la opacidad del acuerdo. El telón aún no cae, pero la obra parece más un negocio orquestado que una apuesta genuina por la cultura.


