Si pensabas que en la política todo era serio, la mañanera del lunes 11 de agosto nos regaló uno de esos momentos dignos de recordar. La presidenta Claudia Sheinbaum, con su toque afilado, no perdió la oportunidad para bromear sobre Simón Levy, el empresario y analista que se ha autodenominado asesor del gobierno de Estados Unidos y que asegura que Morena está en la mira del Departamento de Justicia gringo.
“Es como aspirante a agente de la DEA o algo así”
Dijo la presidenta, entre sonrisas, al cuestionarla sobre las publicaciones virales de Levy. Y es que, para no dejar dudas, recordó que la Embajada de Estados Unidos ya salió a desmentir esas supuestas “informaciones secretas” que el empresario dice tener, pero que nadie más parece conocer.
Un aspirante con mala fama y pocas evidencias
Si la intención de Simón era brillar como una estrella internacional, el tiro le salió por la culata. Sheinbaum apuntó sin titubeos:
“Tiene muy mala fama desde que trabajó en el Gobierno de la CDMX. No hay que hacerle caso”.
En otras palabras: aspirante frustrado a súper agente y con un prontuario dudoso.
Pero la historia no termina ahí. En mayo, sin mencionar nombres, la mandataria ya había lanzado una advertencia sobre personajes “de no muy buena reputación” que difunden rumores sin sustento, y recordó que para eso puso en marcha el Detector de Mentiras, el radar contra la desinformación, algo que, sin duda, no está en el manual de Simón.
Entre la ambición y la evasión: la entrevista que no aclara nada
Y hablando de declaraciones intrigantes, no podemos olvidar la entrevista que Julio Astillero le hizo a Levy en julio. Allí, el empresario aseguró que desde octubre de 2024 estaba colaborando con la administración Trump en “tareas de seguridad del hemisferio”, aunque cuando Astillero le preguntó por detalles y cargos oficiales, Simón se puso más evasivo que detective privado:
“No hay ninguna adscripción laboral… participo como ciudadano”.
¿Espionaje? “No, ningún espionaje”, dijo, pero tampoco aclaró mucho más. Y cuando le pidieron nombres de otros “ciudadanos colaboradores”, se quedó callado, dejando más incógnitas que respuestas.
En resumen, el llamado “analista” sigue atrapado entre su ambición por figurar y la realidad que lo desenmascara, mientras la presidenta Sheinbaum le dedica un sutil pero certero:
“No hay que hacerle caso”.
Así que ya sabes, si escuchas rumores de agentes secretos que no aparecen en ninguna lista, probablemente sea solo un aspirante a la DEA, con más ganas que evidencias.


