(29 de octubre, 2013).- Como cada año, la delegación Cuauhtémoc de la Ciudad de México fue testigo del desfile de miles de estatuillas de yeso a imagen de San Judas Tadeo, conocido como el patrón de las causas difíciles, protector de los humildes y los marginados.

Desde los pasillos del metro Hidalgo, la devoción se hacía evidente pues desfilaban cientos de feligreses con su imagen entre brazos, algunas de tamaño real, en su camino a la iglesia de San Hipólito.

Se trató, en su mayoría, de gente de barrios populares y de colonias de alta incidencia delictiva que cada 28 de octubre se dan cita para agradecer los milagros “concedidos” por el patrono de las causas perdidas.

En las inmediaciones del ex convento, en un acto inusual, decenas de personas devolvían los favores de la figura religiosa y obsequiaban desde escapularios hasta alimentos para los fervientes seguidores que se dieron cita en la Cuauhtémoc.

Mientras, la venta de estatuillas, veladoras, estampas e imágenes religiosas se promocionaba al por mayor a la afueras del templo abarrotado por los creyentes que no se marchaban sin su santo bendito por el sacerdote del ex convento.

“A diez, a diez”, gritó emocionado un comerciante; “llévese el rosario a diez, para que le dé suerte” coreaban las voces que amenizaban el momento, mientras de fondo sonaba una canción de cumbia que le ponía el ritmo a los vendedores y fieles que confluían en el lugar.

Con el paso de los años, San Judas ha sido venerado principalmente por gente joven y de un sector marginal de la Ciudad de México; fieles que equiparan al patrón de las causas difíciles con Jesús Malverde, conocido como “santo de los narcos”.

Quizá por ello es que, en los últimos años, según refieren algunos defeños, la devoción por San Judas se ha vuelto casi una moda, un estilo de vida; su festejo, una cita impostergable de jóvenes y adultos identificados en el rango de los otros, los invisibles y los marginados.



















