Mientras barrios populares cuentan los daños cada temporada de lluvias, la planeación y la inversión en drenaje se concentran alrededor de los corredores comerciales y residenciales de mayor plusvalía.
En Guadalajara, el agua que falta en la llave sobra en las calles. De acuerdo con información analizada por el Instituto Metropolitano de Planeación (IMEPLAN), entre 2010 y 2024 se registraron más de 4,000 eventos de inundación y encharcamiento en distintos puntos de la ciudad, suficientes para trazar un mapa completo de riesgo.
Las zonas más afectadas se repiten año con año: colonias populares con calles sin pendiente adecuada, drenajes viejos o alcantarillas tapadas. En la última temporada fuerte de lluvias, reportes ciudadanos y notas de prensa documentaron afectaciones severas en colonias como La Martica y Lomas de Tabachines, en Zapopan, donde casas completas quedaron bajo el agua y familias perdieron muebles y enseres.
El contraste aparece apenas unos kilómetros más allá, en el corredor de Puerta de Hierro–Andares, una de las zonas con mayor plusvalía del área metropolitana. Ahí, fraccionamientos cerrados y centros comerciales de lujo presumen vialidades amplias, concreto nuevo y sistemas de drenaje que pocas veces aparecen en los reportes de Protección Civil.
Especialistas en urbanismo advierten que las decisiones de infraestructura han privilegiado la protección de activos inmobiliarios de alto valor, mientras que las colonias de la periferia y del oriente siguen recibiendo la factura de cada tormenta: pérdidas materiales, suspensión de clases, cierre de comercios y riesgo sanitario por aguas negras.
En Guadalajara hay calles que se vuelven río cada temporal; mientras que en ciertas zonas de la ciudad los pasos a desnivel y accesos a centros comerciales siguen diseñados para que ellos lleguen rápido y secos. La lluvia no distingue, pero la infraestructura sí.


