En un evento que ha sido calificado como un hito para la arqueología mexicana, investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) anunciaron el descubrimiento de la tumba 10 en la zona de Atzompa, Oaxaca. Este hallazgo es considerado el más significativo relacionado con la cultura zapoteca en los últimos diez años, debido a su impecable estado de conservación y a la valiosa información que aporta sobre la organización social y los ritos funerarios de esta gran civilización.
El descubrimiento ocurrió en una de las plataformas habitacionales de mayor jerarquía en Atzompa, un sitio satélite de la gran urbe de Monte Albán. La tumba destaca no solo por su arquitectura, sino por la presencia de una emblemática figura de un búho, un símbolo que en el México antiguo estaba profundamente ligado a la sabiduría, la noche y el tránsito hacia el inframundo.

Una cápsula del tiempo intacta
El proyecto de exploración en Atzompa ha mantenido una trayectoria constante de investigación durante años, buscando entender la relación entre este asentamiento y el poder central en los valles centrales de Oaxaca. El hallazgo de la tumba 10 marca un punto culminante en este proceso por las siguientes razones:
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Preservación excepcional: A diferencia de muchas otras cámaras funerarias que fueron vulneradas por saqueadores en siglos pasados, este espacio se mantuvo sellado, permitiendo que los objetos y restos humanos se conservaran en su posición original.
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Riqueza en murales y ofrendas: Las paredes de la tumba contienen restos de pintura mural con pigmentos rojos y ocres. Además, se localizaron piezas de cerámica de alta calidad, cuentas de piedra verde y otros objetos que denotan el alto estatus de los individuos allí enterrados.
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El simbolismo del búho: La presencia de esta figura central sugiere que el personaje sepultado ocupaba un cargo de relevancia espiritual o política, reforzando la idea de que Atzompa era un centro de residencia para la nobleza zapoteca.
El descubrimiento ha provocado reacciones inmediatas tanto en la comunidad científica como en el gobierno estatal, subrayando la importancia de proteger el patrimonio cultural de la nación.
“El descubrimiento de la tumba 10 confirma a Oaxaca como la cuna de una civilización mesoamericana de enorme poder e influencia. Este hallazgo nos obliga a seguir protegiendo nuestro patrimonio y a difundir la grandeza de nuestra historia ante el mundo entero.” — Salomón Jara, Gobernador de Oaxaca.

Por su parte, los especialistas encargados de la excavación señalaron que este hallazgo permite una lectura mucho más clara de la vida cotidiana y las creencias de los zapotecos en su periodo de mayor esplendor:
“Estamos ante un hallazgo que redefine lo que sabemos sobre los ritos de la élite en Atzompa. La calidad técnica de la construcción y la disposición de las ofrendas nos dan pistas fundamentales sobre cómo se estructuraba el poder y la religión en esta zona.” — Investigadores del INAH.
Impacto científico y futuro de la zona
Tras el anuncio oficial, la tumba 10 ha sido sometida a un riguroso proceso de registro digital y conservación preventiva. Los próximos pasos incluyen estudios de carbono 14 para precisar la antigüedad del entierro, así como análisis de ADN en los restos óseos para determinar si existía una relación de parentesco entre los ocupantes de la tumba y otras familias nobles de Monte Albán.
Este hallazgo no solo enriquece el acervo histórico de México, sino que también promete atraer un renovado interés académico y turístico hacia Oaxaca, reafirmando su posición como uno de los epicentros arqueológicos más importantes del continente americano.




