Quien alguna vez haya dicho que el activismo de sillón no sirve. Se equivoca. Quienes pueden probarlo son Ana Laura y Alberto, quienes encabezan la página de peticiones en línea Change.org México, un sitio que desde la soledad de un click han cambiado realidades de comunidades que se atrevieron a resistir.
(18 de noviembre, 2013).- Dos personas en una oficina de tres por cuatro metros cuadrados accionan en México la plataforma más grande de peticiones en línea: Change.org. El procedimiento empieza con una pregunta: “¿Qué quieres cambiar?” y el interrogante se liga a una inconformidad, un deseo, que se convierte en una solicitud dirigida y, muchas veces, exitosa.
“Enseñamos a ser ciudadanos”, dice en entrevista con REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO Alberto Herrera, director de campaña en Change.org México, al hablar sobre el funcionamiento de la plataforma. Las peticiones en línea se encargan de empatar los tres eslabones generadores de cambio: afectado, responsable directo y sociedad.

Ana Laura Lozano, coordinadora de campañas y la segunda persona de Change.org México, insiste “No somos una página de denuncia. Nosotros asesoramos a los usuarios para que conozcan el mapa de poder y puedan generar cambios al dirigir una petición a la persona correcta y encausar la solidaridad necesaria para que esa autoridad voltee a ver el problema”.

Las peticiones online no se restringen a un click. Cada firma, cada adhesión, equivale a un correo a la autoridad demandada, y todo usuario, además de engrosar una cifra, sirve para crear estrategias de impacto que no se circunscriben a la red: hacer crecer la solidaridad a través de la geolocalización, de los temas de interés, convocar a manifestaciones offline, llamar a las autoridades; todas, acciones que “empoderan al ciudadano”, dice Ana Laura.
Change.org abrió la región Latinoamérica hace un año y ya tiene oficinas en México –con más de un millón de usuarios–, en Argenina, Chile, Colombia y Brasil; aunque su impacto se expande por 196 países.
México tiene usuarios particulares: “Siempre culpan a Enrique Peña Nieto [titular del Ejecutivo]”, explica Ana Laura, al explicar que las peticiones más exitosas son las más concretas, que están dirigidas al funcionario directamente encargado, que afectan a una comunidad en específico. Cambiar el mundo a través de pequeñas victorias. Planteamiento estratégico.
“Lo importante radica en la verosimilitud de las peticiones”, dice Alberto y da un ejemplo: el Club Campestre de Chihuahua se negó a dar una membresía familiar a Carla, Ivy y sus cuatro hijos. Propusieron que Ivy entrara al club como empleada doméstica sin acceso a las instalaciones. Carla, indignada por una actitud homofóbica y discriminatoria, inició una petición en línea. 8 mil 380 firmas después el Club cambió de opinión. Ahora Carla e Ivy pueden entrar con sus cuatro hijos como familia.
El ejemplo de Carla e Ivy es una victoria, y aunque algunas de las peticiones no logran un cambio específico sí generan que la autoridad se percate de lo que está pasando. Visibilizan el problema, informan, y proveen de alternativas para buscar el cambio. “Nuestra tarea es casi pedagógica”, dice Alberto.
“Change.org no es un modelo basado en la agenda de nadie”, dice Ana Laura para ilustrar que la plataforma busca ser sólo una vía y no la promotora “buscamos darle a todas las peticiones la misma atención. Hay temas tan diversos que incluso se encuentran peticiones antagónicas: protaurinas y antitaurinas”, continúa la coordinadora de campaña con el fin de explicar la mayor diferencia entre Change.org y Avazz.com; la segunda impulsa campañas propias y la primera no abandera ninguna causa.

La oficina de México recibe al día un promedio de 20 a 30 peticiones y en coyunturas han llegado a recibir hasta 100. Aunque el carácter de cada una varía, dicen que a nivel mundial las temáticas que más acogida tienen son las relacionadas con los derechos de los animales y del medio ambiente.
Ana Laura recuerda otro caso: una persona que debe irse a Montreal a vivir y le impiden viajar con su conejo. Aeroméxico cataloga a su mascota como un roedor, pero los conejos son lagomorfos. Mil 887 firmas lograron que la compañía aérea se pusiera en contacto con la Dirección General de Aeronaútica Civil para cambiar sus políticas de animales en cabina. Pudieron viajar, ambos, a Montreal. “las empresas son muy sensibles a su marca”, concluye.
“En América Latina hay un crecimiento sustantivo”, dice Alberto al comparar el volumen de actividad local con el estancamiento que la compañía tiene en países como Japón. Los usuarios mexicanos tienen un promedio de edad 25 a 35, incluso han llegado a recibir peticiones iniciadas por personas de la tercera edad.
Otra característica de Change.org, de acuerdo con la oficina en México, es que se promueve el empoderamiento de los ciudadanos a través de sí mismos. Sin organizaciones –aunque también hay colectivos o asociaciones– pueden demandar e incidir en su realidad. Crear consciencia de un problema local, dice Ana Laura, ayuda también a que otros lo perciban y se cree una bola de nieve de demandas que apuntan a la misma dirección.

Aunque el ciberactivismo muchas veces es catalogado como un purgador de consciencia que se reduce a un click, ese click se traduce en un usuario, en una postura, en una red que, como dicen Ana Laura y Alberto, ha logrado cambios significativos para personas que pueden contribuir a cambios mayores.


