Tras siete años de su despegue, el Programa Sembrando Vida (PSV) se ha ratificado como una herramienta de alta pertinencia para combatir la insuficiencia alimentaria y llevar bienestar económico en las zonas rurales que concentraron mayor rezago social del país durante la época neoliberal.
Actualmente Sembrando Vida opera en 24 entidades federativas, con una superficie de más de 1 millón de hectáreas y de acuerdo con informes recientes de la Secretaría de Bienestar, el programa no solo mantiene una estructura sólida, sino que muestra resultados tangibles en la recuperación del tejido social y la reforestación.
La funcionalidad del programa cobra importancia al contrastarlo con el modelo agroexportador del periodo neoliberal, pues Sembrando Vida representa un choque de paradigmas.
Mientras los proyectos políticos anteriores priorizaron la acumulación de divisas a costa del ecosistema y la dignidad humana, la Cuarta Transformación apostó por reintegrar el valor social y ambiental a la tierra.
Un diseño con base científica y social
De acuerdo a la Evaluación de consistencia y resultados del programa presupuestario Sembrando Vida, el éxito del programa radica en una teoría de cambio integral que articula cuatro ejes fundamentales:
- Apoyos económicos directos: transferencias que hoy representan una fuente de ingresos vital para los hogares beneficiarios.
- Insumos productivos: entrega de herramientas y materiales para la siembra.
- Acompañamiento técnico: asesoría especializada para la transición a prácticas sustentables.
- Fortalecimiento comunitario: fomento de la cohesión social y la organización local.
Esta estrategia ha permitido que el PSV se alinee directamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, específicamente el 1 (Fin de la pobreza) y el 2 (Hambre cero), cumpliendo con la misión institucional de mejorar el ingreso rural.

Cabe recordar que, durante los primeros años del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el filosofo y sociólogo, Armando Bartra, identificó al campo como uno de los sectores más vulnerables al que se debía atender. De acuerdo a Bartra, el neoliberalismo buscaba la “descampesinización”; es decir, vaciar el campo para que el capital se apropiara de la tierra.
En consecuencia, los campesinos del sur y sureste fueron abandonados a rendimientos mínimos (3 toneladas de maíz frente a las 20 de la agricultura empresarial). Con la implementación de Sembrando Vida, el expresidente sentó las bases para revertir este proceso de abandono; debido a eso, los estados pioneros del proyecto fueron Campeche, Chiapas, Durango, Puebla, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán.
Al proporcionar un apoyo económico mensual y acompañamiento técnico, se busca que el campesino permanezca en su tierra, transformando el “excedente de población” en guardianes de la biodiversidad. El programa dignifica la pequeña escala, no como un atraso tecnológico, sino como una solución socioambiental frente a la crisis climática.
Desempeño y Transparencia
Según el Índice de Seguimiento al Desempeño (ISeD) 2024, el programa obtuvo una valoración media alta. Las fortalezas se concentran en la dimensión de resultados, donde los indicadores a nivel “Propósito” demuestran un cumplimiento efectivo de las metas planeadas.
A pesar de la consistencia global, la evaluación identifica puntos críticos para optimizar el impacto del programa durante el resto sexenio.
En este sentido, se recomienda justificar con mayor claridad la elección del modelo agroforestal frente a otras alternativas productivas y se contempla necesario delimitar con mayor rigor su contribución al Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030.
En cuanto a la mejora del seguimiento, el Instrumento de Seguimiento del Desempeño (ISD) requiere actualizar la definición de “población objetivo” y precisar las metas a largo plazo para mejorar la trazabilidad de los impactos.

Finalmente, el documento señala que se detectó la necesidad de incluir todos los criterios de exclusión en los formatos de verificación y establecer periodos más claros para la entrega de apoyos en especie.
“El programa muestra una consistencia sólida entre su diseño y ejecución, manteniéndose como un instrumento estratégico de política social y ambiental con alto potencial para la sustentabilidad rural”.
Si bien los impactos en seguridad alimentaria y reforestación son positivos, la Unidad Responsable reconoce una heterogeneidad territorial; es decir, los resultados varían según la región. Ante esto, el programa ha adoptado un enfoque de mejora continua, integrando aprendizajes de evaluaciones previas para fortalecer el monitoreo en campo.
Con una estructura de supervisión que incluye manuales detallados y coordinaciones territoriales, Sembrando Vida se proyecta como una pieza clave para la gestión orientada a resultados, contribuyendo de manera tangible a la inclusión y al desarrollo sostenible de México.


