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Trump minimiza agresiones sionistas en Beirut en medio de negociaciones de paz

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intentó maquillar las hostilidades militares en Medio Oriente

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En un nuevo episodio de cinismo diplomático que caracteriza a la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intentó maquillar las hostilidades militares en Medio Oriente al condenar de forma tibia los ataques perpetrados por el régimen de Israel contra los suburbios de Beirut, Líbano.
Mientras el mandatario estadounidense insistía en que la firma de un acuerdo de paz con Irán es “inminente”, la República Islámica respondió con firmeza, calificando de “inútil” continuar los diálogos ante la complicidad y falta de capacidad de Washington para frenar las agresiones de su principal aliado en la región.
El nuevo choque diplomático sepulta las promesas triunfalistas de Trump, quien pretendía capitalizar políticamente un pacto exprés este mismo domingo, pasando por encima de la soberanía de los pueblos agredidos.

La narrativa del imperio: justificar la agresión y minimizar las víctimas

Fiel a la doctrina de subordinación internacional, Trump criticó el momento del bombardeo sobre Dahieh, en el sur de Beirut, no por el flagrante quebranto al derecho internacional o el saldo humano, sino porque afectaba su agenda mediática.
Con un discurso contradictorio, el jefe del ejecutivo estadounidense defendió el supuesto derecho del régimen israelí a “defenderse”, al tiempo que minimizó los factores que detonaron la respuesta militar.
“El ataque de esta mañana en Beirut no debería haber ocurrido, especialmente en un día tan especial, cuando estamos tan cerca de un acuerdo de paz con Irán. Israel tiene derecho a defenderse de las amenazas, pero el ataque al que respondía fue de poca importancia y sin trascendencia. Nadie resultó herido ni muerto, y no debería interrumpir este importante proceso”, declaró Trump, en un intento por invisibilizar las consecuencias reales de la ofensiva.
Bajo la óptica imperial, Washington demandó un alto al fuego generalizado, exigiendo tanto a Israel como a las fuerzas de resistencia de Hezbolá deponer las armas, en un intento por imponer una Pax Americana: “Este podría ser el comienzo de una paz larga y hermosa. ¡No la echemos a perder!”, concluyó el magnate.

Irán frena el discurso engañoso y denuncia la sumisión de Washington

La respuesta de Teherán no se hizo esperar, desmantelando la simulación de la Casa Blanca. Contrario a las afirmaciones de Trump sobre la reapertura inmediata del estratégico estrecho de Ormuz y el fin del conflicto iniciado en febrero, el jefe de la delegación iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, sepultó las negociaciones tras confirmarse que los bombardeos sionistas en los suburbios de Beirut dejaron un saldo de tres personas muertas.
A través de sus canales oficiales, el diplomático iraní dejó en claro que la continua agresión militar demuestra que el gobierno de Estados Unidos carece de autoridad moral y de control sobre sus propios satélites en la región, haciendo inviable cualquier mesa de diálogo:
“La agresión de los sionistas contra Dahieh demostró una vez más que Estados Unidos carece de la voluntad de cumplir sus compromisos o carece de la capacidad para hacerlo. Si no tienes la voluntad o la capacidad de cumplir tus compromisos, entonces es inútil hablar de continuar por este camino”, sentenció Qalibaf.
Con esto, el panorama en Oriente Medio expone una vez más los límites de la diplomacia corporativa de los Estados Unidos, cuyos aliados continúan ensangrentando la región mientras los pueblos organizados resisten los embates del colonialismo y defienden su autodeterminación.
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