(27 de noviembre, 2013).- “Vivimos un modelo de represión crítica desde el primero de diciembre de 2012”, comentó Estela Morales, detenida a las afueras del recinto legislativo de San Lázaro durante las manifestaciones del primero de septiembre de este año en el marco del Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto.
En el marco de la “Jornada Nacional Contra la Represión” Morales denunció hoy las inconsistencias no sólo al momento de su detención, sino –al igual que otros ponentes– en su proceso jurídico, al cual describió como sólo un acto más de violencia de Estado.
Los ponentes del evento organizado por varios colectivos y organizaciones sociales, entre ellos, jóvenes que fueron detenidos durante las protestas efectuadas a lo largo del primer año de gobierno del priista Enrique Peña Nieto, coincidieron en la conclusión de que “existe una violación de derechos humanos y una represión exacerbada en las manifestaciones sociales desde el arribo del Partido Revolucionario Institucional a los Pinos”.
“Cuando me detienen, presentan mi mochila llena de piedras, resorteras, botellas, pero no sólo a mí, también a mis compañeros les meten latas y todo tipo de cosas para incriminarnos de algo que no habíamos hecho”, señaló la también integrante de Regeneración Radio, Estela Morales.
Estela declaró que cuando fue detenida, e incluso una vez liberada, en el Ministerio Público se le identifica como “la anarquista”, mientras le siguen comentarios de los policías como “si tus papás te hubiesen educado para ser una niña bien, no te hubiese pasado esto” luego de que fuera señalada como una de las once anarquistas más violentas en la Ciudad de México.
Por otra parte, Sofía Angélica Silva, miembro de la organización Feminicidios Nunca Más y del Comité Jurídico de Derechos Humanos 132 (Cojudh), mencionó que “la represión y la criminalización forman parte de una estrategia amplia del Estado sustentada en la violencia para desarticular, detener, fragmentar, disolver o erradicar por completo las acciones u organización de personas o grupos que se oponen a las condiciones impuestas por el poder en torno a sus condiciones de vida y el ejercicio de sus derechos o libertades”.
Silva destacó que el derecho a disentir y expresar el desacuerdo, a buscar mejores condiciones de vida y a construir colectivamente una alternativa “es lo que motiva desde siempre la resistencia”.
Sin embargo, destacó que dentro del espectro amplio de represión del Estado figuran el hostigamiento, amenazas, persecuciones, así como condenas a prisión, desaparición forzada y ejecución extrajudicial.
“Hay muchos tipos de violencia, pero hay un caso en particular que debe llamar la atención, la violencia sobre las mujeres”, señaló Ale Toriz, miembro del colectivo feminista Pan y Rosas, quien enfatizó que en el caso específico de la violencia de género “hay quienes hablan de ésta como consecuencia de un presunto colapso institucional, sin embargo, el Estado no está fallando, la violencia contra las mujeres le es inherente, le es fácil doblegar al sector más oprimido de la sociedad, que una vez que se dispone a luchar, redobla y potencializa la lucha”.
Toriz refirió que la presencia femenina en las manifestaciones es fundamental, como el caso de las maestras de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) contra la Reforma Educativa, “la mujer es peligrosa, las mujeres no sólo sufrimos violencia, somos objetos de transformación social”.
A lo largo de esta mesa, los ponentes coincidieron en que a un año de la llegada de Enrique Peña Nieto a Los Pinos, no sólo se ha buscado criminalizar la protesta social, sino que con ésta se ha agravado la pérdida de derechos humanos en lo que antes era una zona de confort en la materia, la Ciudad de México.


