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El cannabis: ¿Verdad oculta o mentira pública?

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Javier Modernel /LaRed21

(30 de noviembre, 2013).- El cáñamo cannabis o cannabis sativa, más conocido por marihuana, tiene cantidad y calidad de beneficios no solo para quien lo consume en cualquiera de sus formas, sino también para todas las personas. Es una planta anual que puede llegar a tener cuatro o cinco metros de altura, y dependiendo de que sea macho o hembra puede proporcionarnos tanto papel, tela, alimento y energía, como calmantes, antieméticos o un buen momento, como este que estoy teniendo mientras escribo esto.

Cuenta la historia que el cáñamo es muchísimo menos contaminante que el papel, con costos de producción mucho más bajos y como si eso fuera poco, no empobrece la tierra como los pinos y eucaliptus plantados para hacer pasta de celulosa; además, el papel de cannabis es mucho más resistente que el de celulosa y no requiere ácidos ni cloro.

La primera biblia que se conoce, así como la constitución de los E.E.U.U., están escritas en papel de cáñamo, el cual es utilizado desde hace unos ocho mil años atrás; desde el primer milenio antes de nuestra era hasta fines del siglo XIX fue el mayor cultivo agrícola, y su industria la de mayor importancia, con productos tales como fibras, telas, aceite para lámparas, papel, incienso, aceite de cocina y alimento proteínico para humanos y animales, lo cual equivale a decir que potenció la evolución de la humanidad brindándole diversos servicios.

Pero las bondades de la marihuana no solo estuvieron dirigidas hacia lo material, ya que fue el medio que contribuyó al nacimiento de diferentes cultos y religiones, además de supersticiones, amuletos, talismanes, rezos y códigos de lenguaje, y como si fuera poco, inspiró o influenció la obra de artistas como Bob Dylan y los Beatles, pasando por una larga lista de escritores.

Era, desde luego, una planta sagrada, y es mencionada en la tradición hindú del Átharva Veda como un regalo del cielo, pero tuvo la mala fortuna de convertirse en enemiga de poderes económicos poseedores de fábricas de papel de celulosa y de tejidos sintéticos obtenidos gracias a derivados del petróleo.

A comienzos del siglo pasado y durante sus tres primeras décadas, cientos de miles de agricultores estadounidenses debieron ceder ante la prohibición de sembrar cáñamo, en favor de industriales papeleros, textiles y petroleros que unieron sus fuerzas para derrocar al mayor cultivo agrícola del mundo, en favor de intereses personales que llevaron a las empresas papeleras Hearst, Kimberly Clark, St. Regis, a la empresa DuPont, fabricante de plásticos logrados a partir de petróleo y carbón así como de productos químicos para la fabricación de pulpa de madera, y fundamentalmente a Andrew Mellon, del Banco Mellon de Pittsburg, quien era además Secretario del Tesoro del presidente Hoover, a colocar a su futuro sobrino político, Harry J. Anslinger como jefe de la recientemente reorganizada Oficina Federal de Narcóticos y Drogas Peligrosas (FBNDD), años más tarde D.E.A.

Anslinger comenzó así una guerra que le llevó a la creación de una ley impositiva que perjudicaba a los productores de cáñamo, además de una campaña masiva que a través de los medios de comunicación, generaba el desprestigio del cáñamo mediante historias inventadas que se convirtieron en noticias, spots publicitarios y películas.

II

Por entonces, y basado en un teoría de Sigmund Freud acerca de la naturaleza humana (la cual decía que existían primitivas, agresivas y peligrosas fuerzas sexuales escondidas dentro de la mente de todos los seres humanos que de no ser controladas podrían llevar a los individuos y las sociedades al caos y la destrucción), el sobrino del doctor austríaco de origen judío, Edward Bernays, comenzó una carrera que desembocaría directamente en la manipulación del subconsciente de las masas, es decir, en la publicidad actual.

Basado en las ideas de su tío, Bernays convenció a los grandes industriales de que podrían hacer que la gente quisiera cosas que no necesitaban, al vincular los productos masivos con los deseos del inconsciente, lo cual derivó en una nueva idea política de cómo controlar a las masas, al comprender que satisfaciendo los deseos íntimos egoístas de las personas los harían más felices y, por tanto, más dóciles, hecho que terminó derivando en el Yo consumista que domina nuestra civilización actual y que hace que las mentes estén preocupadas en obtener objetos exteriores que no necesitan, en lugar de ocuparse de una auto comprensión que acarrea peligros graves para el poder establecido, como llegar a cuestionar a la sociedad y su forma de conducirse.

Así, la sociedad norteamericana de comienzos del siglo XIX fue poco a poco incitada al consumo masivo de artículos que hasta entonces no necesitaban. El primer experimento realizado por Bernays consistió en convencer a las mujeres de fumar, hecho considerado tabú hasta entonces y que perjudicaba notoriamente a las empresas tabacaleras, trabajo que le fue encargado por George Hill, presidente de la American Tobacco Corporation, quien veía como se perdía de la mitad del mercado potencial.

Bernays contrató al psicoanalista A. Brill, el más prestigioso de Nueva York, para que investigara qué significaba el cigarrillo para las mujeres. La respuesta fue que simbolizaba al pene y el poder sexual masculino, y que si encontraba el modo de conectar los cigarrillos con desafiar al poder masculino, las mujeres terminarían fumando, lo que terminó aconteciendo a partir de la contratación de un grupo de mujeres jóvenes que encendieron cigarrillos a modo de supuesta protesta durante la celebración del desfile de Pascua, hecho recogido por todos los periodistas y publicado en los diarios de E.E.U.U. y el mundo entero; esto provocó una gran conmoción pública, creando luego el símbolo de una nueva y joven mujer fumando “antorchas de libertad”, que la volvía más poderosa e independiente.

III

Del mismo modo en que el pueblo norteamericano comenzó a adquirir una gran diversidad de productos a través del bombardeo publicitario, también fue convencido de la idea de que la marihuana era altamente peligrosa, para lo cual se llegaron a filmar una gran variedad de cortos que mostraban como alguien que fumaba cannabis, terminaba asesinando a una persona o participando de una orgía desenfrenada. De ese modo el cáñamo fue perseguido y demonizado, logrando así el propósito de los grandes industriales.

Dicho de otro modo, a través de las mentiras publicitadas en periódicos, radio y televisión, la marihuana llegó a ser el Diablo que es hoy en día para una humanidad cuyos cimientos están basados en su cultivo y producción, aunque actualmente podría proporcionarnos ropa, comida, casa, muebles, aceite nutritivo, forraje para animales, biomasa para calefacción, jabón, champú, esteras, sacos, aislantes, plásticos, fieltros, pinturas y barnices, combustibles y lubricantes, geo textiles contra erosión, campos de cultivo para purificación de agua, enriquecedor de suelos y tutor de leguminosas, entre otros muchos usos, y todo ello con una menor contaminación y costos mucho más bajos, además de estar al alcance de todo el mundo debido a que el cáñamo puede ser cultivado en vastas áreas del planeta.

Las semillas de cannabis son el alimento vegetal con mayor valor proteínico (hasta un 34%) y de ácidos grasos esenciales. Se considera el alimento más completo que se puede encontrar en una sola planta. Los ácidos grasos esenciales Omega3 y Omega9 que contiene son muy útiles en la prevención de artritis y reumatismos, entre otro gran número de afecciones. El cáñamo, es considerado la fibra textil de origen vegetal más larga, suave y resistente. La tela que se elabora con ella puede presentar diferentes calidades, pudiendo llegar a ser más suave que el algodón, además de ser más aislante, fresca y duradera; una hectárea de cannabis puede producir el doble de fibra que una de algodón, y requiere menos productos químicos durante su procesado. La longitud y resistencia del cáñamo aún compite con los materiales más modernos utilizados en los cordajes navales.

También permite la elaboración de materiales de construcción de gran resistencia y de materiales de gran capacidad aislante. La utilidad del cáñamo como biocombustible es de gran interés, junto a otros aceites vegetales, en especial porque el CO2 liberado de su combustión es el mismo que el consumido por la planta durante su crecimiento, lo que significa polución prácticamente nula y que el propio ciclo es capaz de reabsorber. Los biocombustibles o biodiesel pueden ser usados directamente en un motor diésel, con o sin mezcla de diésel petrolífero.

Cualquier material plástico o hecho a partir de madera puede ser emulado con éxito a partir de las plantas de cannabis, siendo además directamente biodegradable y reciclable. El aglomerado elaborado con cáñamo tiene el doble de resistencia que el de madera y sostiene mejor los clavos. Los materiales plásticos hechos a partir del cannabis son de gran resistencia, como por ejemplo la carrocería de un modelo de automóvil fabricado por Henry Ford en 1941, elaborada con cáñamo y habas de soja (ese auto utilizaba además aceite a partir de cáñamo como combustible). Ford afirmó su resistencia golpeándola con un hacha. Actualmente muchas piezas de los automóviles llevan fibra de cáñamo.

El cáñamo también podría servir como alternativa a la deforestación causada por la industria papelera, ya que estas plantas crecen rápidamente y se cortan cada año como otro cultivo agrario, obteniéndose un gran tonelaje anual de celulosa, fibras y aceites al mismo tiempo, sin tener que cortar árboles, de mayor impacto ecológico y más lento crecimiento. Una hectárea de cannabis puede producir el cuádruple de material que una de árboles. El papel de cáñamo es más resistente que el de pulpa de madera y no requiere ácidos ni cloro. Además puede ser reciclado de forma óptima hasta siete veces, mientras que el convencional de madera sólo hasta cuatro. La fibra de cannabis aparece en algunos productos de papel, considerado como componente de gama alta. Además las características biológicas del cáñamo pueden utilizarse para mejorar la calidad del suelo cultivado y controlar zarzales.

El aceite extraído de las semillas de cáñamo se convierte en biodiesel (mediante un proceso conocido como transesterificación) con una eficiencia del 97%, comparable a otros aceites de semillas de alto rendimiento. Además, fluye bien a bajas temperaturas y por consiguiente, es adecuado como combustible para vehículos. Los combustibles de viscosidad cinemática elevada, como los aceites vegetales puros, son inadecuados para este propósito por la posibilidad de que haya problemas de funcionamiento y se formen depósitos en el motor. En cuanto a las cosechas de semillas, la producción por hectárea puede llegar a los 1.000 km/Ha, similar a la semilla de colza. Además, la celulosa de los tallos (hasta un 77%, según la variedad) se puede fermentar para producir etanol o metanol, dos importantes biocombustibles, con una eficiencia de cerca del 74%.

IV

Si por lo menos una persona, comenzara a dudar de que los miles de millones de dólares empleados en el “combate” al narcotráfico tienen como única finalidad impedir que algunos millones de personas en el mundo utilicen la marihuana con la misma finalidad que se utiliza el alcohol (el cual por año mata a 2.5 millones de personas), el esfuerzo y el tiempo invertido para escribir esto, habrán sido compensados.

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