Foto: @MASDE131
(24 de enero, 2013).- En un evento organizado por la Universidad Iberoamericana, se realizó un balance a 20 años del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Los participantes señalaron que el zapatismo ha avanzado en la organización de las comunidades y, especialmente, en el respeto de los derechos de las mujeres indígenas. Las enseñanzas y la experiencia adquirida, luego del levantamiento armado del 1 de enero de 1994, han obtenido frutos.
Recientemente se llevó a cabo la Escuelita Zapatista, a la que 4 mil personas tuvieron la oportunidad de asistir para conocer de cerca la lucha de las comunidades autónomas. Las actividades se distribuyeron en los cinco “Caracoles”: La Realidad, “Madre de los caracoles. Mar de nuestros sueños”; Oventic, “Resistencia y rebeldía por la humanidad”; La Garrucha, “Resistencia hacia un nuevo amanecer”; Morelia, “Torbellino de nuestras palabras”, y Roberto Barrios, “Que habla para todos”, conocieron de cerca una de las luchas mexicanas.
Las miles de personas que arribaron a Chiapas convivieron de cerca con los compañeros del EZLN. Las enseñanzas que a lo largo de 20 años han adquirido, producto de la autocrítica y la autorreflexión, fueron compartidas con los jóvenes de diferentes lugares de la República y de diversas nacionalidades.
La gente de las comunidades indígenas acogió a una juventud ávida por conocer de cerca su lucha, sus formas de organización, las tradiciones, la problemática social que los llevó a alzar la voz para que el mundo entero se diera cuenta que en aquellas tierras existían pueblos que por siglos vivieron la continua violación a sus derechos humanos.
En palabras de Gustavo Esteva, activista y articulista del diario La Jornada, es precisamente a través de la autorreflexión y la autocrítica de sus costumbres, códigos de conducta y cultura que las comunidades indígenas chiapanecas han avanzado hacia el aseguramiento y respeto de los derechos de las mujeres.
La evaluación de las condiciones sociales a las que se enfrentaban –desigualdad, pobreza, el ser víctimas del racismo, la discriminación y la xenofobia– los llevó a reformular su forma de relación con las mujeres.
Reconociendo que “del mundo del que venían era agresivo, casi criminal hacia la mujer. Había que pegarle para que quedara constancia de que él era el patrón”, en la ley Revolucionaria de Mujeres Zapatistas se contemplan los derechos de las mujeres, y ellas mismas dan cuenta de cómo se han transformado las relaciones afectivas, laborales y de convivencia con los hombres.
Gustavo Esteva rememora una anécdota con una mujer zapatista, quien le contaba: “Es que no se nos podía ocurrir que teníamos otra opción, teníamos que aceptar como una cosa absolutamente natural” el maltrato, los golpes, que se decidiera por ellas hasta con quién se casarían.
“Había una opresión realmente catastrófica contra la mujer, y sin embargo quebraron esa actitud y la violencia doméstica. En el saberse escuchar y el saber escuchar a los otros recae la capacidad de no caer en el permanente ilusionismo”, expresó Esteva en el marco del “Conversatorio #20añosEZLN ¿Qué hemos escuchado? ¿Qué hemos aprendido?”, organizado por el Programa de Interculturalidad y Asuntos Indígenas de la Universidad Iberoamericana.
En el Conversatorio se hizo un recorrido por los 20 años del movimiento zapatista, se habló del momento por el que atraviesa, de los logros obtenidos en dos década. Pietro Ameglio, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), afirmó que la “mirada crítica es algo que hasta hoy los mantiene vivos, y en una constante reconstrucción”.


